10 mitos sobre la diabetes

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Queridos lectores, por fin puedo anunciar que la diabetes ya tiene cura. En realidad es curable desde hace más de quince años y de hecho yo me quité de diabético a los pocos meses del debut. Me hice socio sólo para ver cuántos caramelos caminantes existían por mi zona. El truco está en mezclar atún en escabeche con gominolas de coca-cola todos los días a las 12:30 h. No es una mezcla agradable pero ¡no te tienes que poner insulina nunca más!. Es importante que sea todos los días a esa hora, porque un día me tome mi pócima a la una menos cuarto y utilicé atún en aceite de oliva virgen extra… y claro, ya os podréis imaginar que no funcionó. Después de mucho investigar os puedo asegurar que es la solución a la diabetes, lo que pasa es que a los grandes laboratorios no les interesa decirlo porque no es rentable. Bueno, pues yo os lo digo gratis, pero si queréis saber más y aprender cómo mantener el color azul en el iris de vuestros ojos, tendréis que comprar mi libro “Todas las tonterías que puedas imaginar, yo te las vendo”, disponible en toda España por sólo 49,99 €. Para los primeros diez compradores de cada día, regalaré además la dieta que estabas esperando para perder esos kilos de más: “Come lo que quieras, pero nunca lo mezcles con habichuelas”.

 

La progresiva e irrecuperable pérdida del sentido común y los avances en los sistemas de comunicación en el S. XXI se han convertido en el mejor caldo de cultivo para el desarrollo de los charlatanes. Todo el mundo es libre de vender y decir lo que la plazca, y evidentemente el resto del mundo es libre de comprar y escuchar lo que más le guste. Da igual que te llames Belén Esteban, la bruja Lola, Dr. Duncan o Dr. Ramón y Cajal, porque la calidad científica del comunicado, sea el que sea, será inversamente proporcional a la atención que ponga la población. A pesar de ello, en la Asociación de Diabéticos de Madrid no cedemos, y seguiremos aclarando conceptos y desmintiendo falsos mitos sobre la diabetes; aunque nos repitamos en algunas aclaraciones, siempre merecerá la pena que los diabéticos estemos bien informados.

 

“Se cura la diabetes”

Y se curará, sin duda, pero hoy no. Ningún médico intentará vender sus conocimientos con esa frase, al igual que en la entrada de un hospital no encontraremos: “Se curan todos los cánceres”, aunque una gran mayoría hoy si se consigan sanar. Sin embargo, el que vende que “cura la diabetes”, curiosamente también tiene remedios contra todo lo demás, da igual cuál sea la enfermedad, molestia o dolencia. Sanadores, curanderos, charlatanes y brujos se aprovechan de la desesperación de algunos pacientes para engordar sus carteras. Sólo la impotencia del enfermo que no se cura puede explicar semejante estulticia.

Imaginemos alguien que se anunciara de esta forma: “cambio aceite del coche, pinto tu casa, arreglo grifos, cuido de tus niños y ancianos, te pongo gratis canal plus, hago la compra, diseño carreteras y construyo edificios”. ¿Alguien se podría fiar? No demos alas a estos lazarillos. Somos enfermos crónicos, pero no les demos motivos para pensar que además somos tontos.

Niveles altos de glucemia indican una diabetes grave

La glucemia puede verse alterada por una enfermedad intercurrente, toma de medicamentos, el ciclo de menstruación, una fuerte alergia, el uso de insulina caducada, el estrés laboral o escolar…y muchas otras cosas, incluyendo el aumento de necesidades de insulina por incremento de nuestro peso corporal.  Por tanto la glucemia oscila tanto, y con tanta frecuencia, que no podemos acusar a un diabético de desastroso, desorganizado, pasota e inmaduro con su enfermedad por una medida aislada de 400 mg/dL, y mucho menos decirle que su caso es severo y se va a morir, como recientemente se ha comentado sobre nuestra diabética más famosa en la prensa rosa, fama que por supuesto la convierte en ejemplo de nada. Con respecto a su cartílago nasal, es suyo, y punto. Cada diabético tiene uno, más bonito o más feo; si es feo basta con ir a un cirujano plástico, o a un psiquiatra para que aceptemos nuestra nariz tal como es, pero no hay que echarle la culpa a la diabetes y confundir al resto de la población.

He vivido todo tipo de reacciones ante alguna cifra desorbitada cuando me he medido. Reacciones exclamativas y de escándalo, incitándome a ponerme insulina para evitar mi fallecimiento inminente; reacciones de penuria, tristeza contenida y palmadas en la espalda ante mi próxima e inevitable amputación; reacciones de enfado (frecuentes entre familiares) por ese yogurt que nunca debiste tomar y al que todos consideran como único culpable; reacciones que únicamente tratan de buscar la razón para explicar algo que muchas veces no tiene explicación, salvo la de que los niveles de glucemia oscilan, queramos nosotros o no.

En la diabetes tipo 2 la necesidad de usar insulina indica que la diabetes ha empeorado

La diabetes tipo 2 podría compararse con la presbicia, patología que afecta a los ojos y es más conocida como vista cansada. El páncreas, al igual que el cristalino, también se va cansando a lo largo de la vida, y va dejando de producir insulina en algunos individuos genéticamente predispuestos. Este déficit de insulina es gradual, no deja de producirla de un día para otro. Por eso, al principio, se utilizan fármacos administrados por vía oral que tratan de exprimir el páncreas y sacarle las últimas gotas de insulina que le quedan. Son efectivos, pero al cabo de un tiempo el páncreas se queda sin insulina y nuestro organismo requerirá insulina inyectada. No es un empeoramiento, es la evolución natural de la diabetes tipo 2. Lo que ocurre es que nadie sabe predecir cuanto tiempo pasará hasta llegar a esta situación y es muy variable entre unas personas y otras, por eso a un compañero de la Asociación le va tan bien con sus pastillas pese a que lleva 15 años de diabetes mientras que a otro le han puesto los pinchazos porque “ha empeorado y su diabetes es más grave”. Por supuesto el entrecomillado es un mito falso.

Un diabético sólo debe comer productos dietéticos o “light”

         Un diabético puede comer de todo. La ventaja de los productos light es que son más bajos en calorías, y habitualmente en hidratos de carbono, pero eso no quiere decir que se puedan comer en cualquier momento. Hay que investigar en la etiqueta del producto los ingredientes (ojo con la fructosa y la dextrosa que no son los mejores edulcorantes para nosotros) y sobre todo hacer las equivalencias según las raciones de hidratos de carbono.

Los refrescos light suelen llevar muy poco índice glucémico y salvo mega-ingesta su consumo es casi-libre. Los productos de bollería light son muy peligrosos por varios motivos: el hecho de que sean light nos lleva desaforadamente a comprarlos y a comerlos con una sensación de tranquilidad en el cuerpo que luego no se ve reflejada en el glucómetro, ya que aunque sean bajos en calorías, tienen hidratos de carbono. Además suelen ser más caros que los productos normales y los edulcorantes que utilizan pueden ser muy similares a la glucosa. En resumen, es fácil que nos den gato por liebre, y además del timo podemos tener una desagradable hiperglucemia acompañante.

Por todo ello, algunos endocrinólogos recomiendan, y con razón, que es mejor saciar el pecado glucémico con pequeñas dosis de la manzana prohibida antes que encomendarse a ciegas a tentadores y frágiles frutos de segunda. Es decir, que más vale pequeña porción de tarta de arándanos en boca que hiperglucemias por exceso de croissants sin azúcar.

Un diabético no puede tomar plátano, uva ni higo, ni tal ni Pascual…

         Ya estoy harto de este tipo de comentarios en la oreja cuando estás disfrutando de cualquier alimento. “Ah…, pero… ¿tú puedes comer…?”, a lo que solo se puede contestar: “No, pero me ha dado por suicidarme delante de ti, ¿te gusta?”. Lo único cierto es que cansa, y aunque desde el otro punto de vista sólo buscan nuestro bien, dan ganas de preguntar al prójimo: “Anda, ¿tú puedes comer solomillo aún sabiendo que puedes obstruir tus arterias coronarias?, ¿ingieres vino tempranillo incluso conociendo los peligros de la cirrosis fulminante?, ¿acaso no conoces los casos de anisakiasis? ¿Por qué ingieres ese boquerón con placer?”.

Hace un siglo la dieta era algo más que un pilar fundamental de la diabetes: era el tratamiento. No comer determinados alimentos podía significar años de vida. Desde la aparición de la insulina allá por 1920 las restricciones dietéticas han ido cada día a menos, hasta llegar a la actualidad en la que prácticamente no existen. Pero un siglo pesa mucho, así que tendremos que seguir respondiendo a las preguntas anteriores, con la mejor de nuestras caras, con paciencia, y desmitificando la leyenda prohibitiva con la que algunos pretenden amargar nuestra dulce existencia.

Un diabético nunca debe tomar azúcar o sus derivados

         Y esta es la pregunta clave. No estoy loco si digo que esto ya no es verdad. Según la Asociación Americana de Diabetes los alimentos azucarados pueden incluirse en una dieta saludable.  Sólo es necesario moderar su consumo, ya que no asocian vitaminas ni minerales o fibra y porque pueden contribuir al sobrepeso, y ajustar el consumo total de hidratos de carbono a las cantidades recomendadas.

Son azúcares de absorción rápida, por ello deben ser ingeridos formando parte de una alimentación planeada, coincidiendo con el desayuno, la comida o la cena, con el fin de retrasar su absorción pico, que es la que nos hace daño. Las nuevas insulinas ultrarrápidas son capaces de contrarrestar este pico glucémico, pero el manejo es complicado, y debe ser tutelado por el endocrinólogo habitual.

La ingesta de dulces parece por tanto aceptable, pero debe seguir siendo algo moderado, ocasional, muy regulado y deberá ser controlado siempre con el glucómetro. Y no se debe olvidar nunca que si se abusa, seamos o no diabéticos, se acaba notando por fuera.

Un diabético puede comer miel porque es un alimento natural

Es un alimento natural, pero contiene dextrosa, cuyo metabolismo es muy similar al que precisa la glucosa en el organismo. Por ello debe ser consumida con la misma precaución con la que hemos hablado en el punto anterior.

El cuerpo humano sólo puede digerir un tipo de alimento a la vez

No existe ninguna evidencia científica en la actualidad que demuestre que el ser humano no pueda combinar al mismo tiempo proteínas, hidratos de carbono y lípidos. Por esta capacidad nos han clasificado como omnívoros dentro del reino animal. Existe una arraigada creencia de que esto no es así, originada a partir de los trabajos del Dr. William H. Hay a principios del siglo XX y secundada por varios libros en los últimos 10 años, con una cantidad creciente se seguidores acérrimos. Insisto en la ausencia de evidencia de tal afirmación y poco más se puede decir, luego que cada uno mezcle sus alimentos como más le plazca.

Ojo porque estas dietas funcionan, quienes las siguen pierden peso y se hacen aún más fieles a esta ridícula forma de comer. El exceso de ingesta proteica, al igual que otros excesos, no tiene por qué pasar factura rápidamente; sin embargo al cabo de un tiempo quizás nuestro riñón acuse el exceso de marisco y solomillo. Ni que decir tiene que un diabético no debería permitir que sus neuronas jugaran con sus nefronas (unidad funcional básica del riñón). “Hoy día de carga: sólo hidratos; hoy día de limpieza: sólo proteína pura”, pero de verdad, ¿esta gente se escucha a sí misma? Terminarán diciendo: “hoy día de pensar: dieta libre”. La mayoría de estas dietas se basan en dejar al cuerpo “al borde de la cetosis”… si está claro que hay quien ama los problemas.

La sacarina produce cáncer

La sacarina es el más antiguo de los endulzantes no calóricos y su uso está aprobado y considerado seguro en más de 80 países. Me alegro de poder seguir desmintiendo esta auténtica sandez, sacada de contexto de un modo insólito. No tengo ni idea del porqué, pero allá por 1977 a unos cuantos científicos les dio por investigar los efectos de la sacarina en ratones. Tampoco sé qué complicados mecanismos cerebrales llevaron a estos científicos a administrar dosis enormes a los pobres ratoncitos (varias veces su peso en sacarina) y desconozco por qué este inocuo edulcorante produce cáncer en la vejiga con dichas dosificaciones. No logro comprender qué inoperante revista científica publicó tan disparatado estudio y no concibo quién o quiénes se iluminaron para sentenciar con toda la tranquilidad del mundo que la sacarina produce cáncer de vejiga. Por supuesto no existe en la actualidad ningún estudio que confirme estos resultados en humanos ya que hasta la fecha no hay voluntarios para ingerir más de 100 Kg de sacarina en una sola dosis.

Hay trabajos que un diabético no puede realizar

No existe ningún trabajo que un diabético no pueda realizar. Que nadie intente convenceros de lo contrario. Existen empleos que un diabético debe desempeñar asegurando un control perfecto y un buen manejo de su enfermedad. Otras profesiones son poco recomendables por el estrés que suponen, los horarios inflexibles, exigencias físicas de alto nivel, labores que necesiten una gran precisión… Pero no hay ningún oficio que no podamos realizar por el hecho de ser diabéticos.

Otra cosa es lo que piensen los gobernantes, los empresarios y la sociedad en general, que se han equivocado ya en tantas ocasiones que prefiero no hacer ningún comentario al respecto. La lucha por nuestros derechos es costosa, lenta e injusta, pero siempre es satisfactoria porque hasta ahora hemos ido demostrando que los equivocados no somos nosotros. Por fin son cuatro años entre carnet y carnet de conducir. (Actualización: en este momento el intervalo es de 5 años siempre que se presente un informe médico positivo). ¿Por qué cuatro sólo? ¿Por qué una cifra azarosa sin ningún motivo que la pueda explicar? Seguiremos luchando hasta que sean diez, y así con todo, Entre Todos, y con la fuerza de todos, sin escondernos.

Y así llegamos al final, hasta el próximo capítulo. Seguiré aclarando algunas cosas y desmitificado otras, seguiré actualizando el boca a boca e intentaré seguir arrancado dulces sonrisas.

Autor: Dr. Roi Piñeiro

Fuente: nº 82 revista Entre Todos

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