21 de Septiembre, Día Mundial del Alzheimer: la memoria y su cuidado

Día  Mundial del Alzheimer

Hoy, 21 de septiembre, se celebra el Día Mundial del Alzheimer, y en este artículo vamos a hablar de la memoria y su cuidado para nuestros mayores y para todos.

La memoria… ¡qué palabra más mágica!

¿Qué es la memoria?

En términos “entendidos” es una función del cerebro que permite evocar experiencias y conocimientos pasados, gracias a las conexiones entre las neuronas y la capacidad de crear redes neuronales.

En términos más cotidianos es aquello que ubicamos en nuestro cerebro, muchas veces deseando que funcione mejor (¿te acuerdas de…? ¿cómo se llamaba…?) y en otras deseamos que hiciera un cortocircuito y poder olvidar aquello que nos hace sufrir o nos causa dolor. Y en numerosas ocasiones, de forma inconsciente, nos permite aprender de experiencias pasadas.

La memoria tiene tres etapas

  • Registro de la información: para ello se requiere percepción (funcionamiento de los órganos de los sentidos) y atención. Utilizaremos un ejemplo: voy caminando, me encuentro un sello de color llamativo con la imagen de un perro como el que tengo. Me gusta y lo recojo (“lo registro”). A su lado hay un papel metálico con unas letras vistosas que no me atrae y no le presto atención (no lo registro).
  • Almacenamiento y retención de la información: para ello debe organizarse lo que hemos percibido, “visualizarlo”, ordenarlo, asociarlo a algo y repetir. Es, siguiendo el ejemplo anterior, como fijarse en los detalles, pensar dónde guardar el sello, en qué cajón, en que recipiente o álbum para que no se pierda, al lado de qué, y repasar veces dónde lo has guardado, incluso decírselo a tu pareja o a tus hijos, “he encontrado un sello magnífico que he guardado aquí, mirad, os lo enseño”.
  • Recuerdo y recuperación de la información: para ello, se utilizan referencias, asociaciones empleadas cuando se memorizó y en qué contexto sucedió el hecho. Todo se retiene y recuerda mucho mejor cuando se asocian emociones, preferentemente positivas, aunque las negativas pueden dejar también huellas indelebles. Es frecuente recordar la ropa que llevaba uno puesto cuando aprobó un examen o una oposición muy importante, cuando ganó la selección o nuestro equipo favorito, o qué estábamos haciendo cuando nos enteramos de una trágica noticia, por ejemplo.

Cabe destacar que en la memoria influye un elemento importante: la concentración, que es centrar toda la atención en algo dejando a un lado cualquier cosa o elemento de distracción que interfiera en lo que estamos haciendo.

¿Hay distintos tipos de memoria?

Se pueden catalogar tres grandes tipos de memoria según su duración:

  • Memoria sensorial: es la que registra los estímulos captados por los sentidos: (vista, oído, tacto, gusto y olfato); es automática e inconsciente y dura menos de 5 segundos. Desde aquí puede olvidarse o trasladarse al siguiente paso: la memoria a corto plazo.
  • Memoria a corto plazo: es limitada, no suele retener más de 7 conceptos a la vez; con ella se organiza y analiza la información, sobre todo de forma visual o auditiva; su duración suele ser de unos 20 segundos pero aumenta incluso hasta horas con las repeticiones y con la organización y lógica. Después, puede ser olvidada o pasar a la memoria a largo plazo.
  • Memoria a largo plazo: es la que guarda todos nuestros conocimientos; es de capacidad ilimitada y su duración es permanente. Según cómo haya sido la organización, asociación y el refuerzo de lo almacenado, será más o menos eficiente. Ejemplos de esta memoria muy gráficos y que tenemos automatizados, son el hablar, escribir, montar en bicicleta, la memoria fotográfica, o no automatizados pero que algunos tenemos grabados: ¿quién de cierta edad no aprendió los reyes godos, o el famoso poema de Espronceda “Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela…”?

¿Es normal olvidar? ¿Por qué olvidamos cosas?

Sí, es normal olvidar, e incluso puede ser necesario y beneficioso. No tiene sentido acumular datos excesivos o inconexos, pero sobre todo no tiene sentido almacenar cosas inútiles.

¿Alguna vez os habéis planteado cómo sería si fuéramos capaces de recordar absolutamente todo lo que hemos visto, oído, aprendido o vivido? Podría ser tan fabuloso como agobiante.

El funcionamiento del cerebro, y en concreto de la memoria, es eficiente, y para ello trata de acordarse de lo importante, y lo demás “olvidarlo”.

El olvido es involuntario, es dejar de guardar en la memoria, o de recordar. Y somos conscientes de que hemos olvidado algo porque sabemos que lo habíamos guardado en la memoria en algún momento.

Puede producirse por varias causas:

  • Caducidad: en la memoria sensorial y de corto plazo.
  • Dificultades para acceder a la información almacenada en la memoria: el estrés es un claro ejemplo de ello, ¿A quién no le ha pasado “quedarse bloqueado” en un examen, en una presentación, cuando tu artista favorito te pregunta el nombre y no eres capaz de decirlo en un momento de nervios? “Lo tengo en la punta de la lengua”. Los glucocorticoides que segregamos en estos momentos bloquean y dificultan el acceso.
  • Eliminación: sobre todo de hechos traumáticos.
  • Olvidos “benignos” que ocasionan dificultad para recordar:
    • Falta de atención o interés.
    • Problemas sensoriales.
    • Falta de ejercicio mental: la jubilación, el descenso en las necesidades cognitivas necesarias, la falta de costumbre, la comodidad del uso de la memoria de los teléfonos, de la calculadora, la alarma de los relojes.
    • El llamado Efecto Google, nombre que se asigna al hecho de olvidar información que se puede encontrar con facilidad en internet (como buscar en Google o en otro buscador) en vez de esforzarse en recordarlo.
    • Ansiedad o depresión.
    • Dificultades para la comprensión del mensaje.
    • Exigencias desproporcionadas, incongruentes, inadecuadas o en momentos inoportunos: cómo vivimos o sentimos un olvido, o la causa a la que pensamos que se debe el fallo de memoria.
    • Sólo el hecho de cumplir años no implica pérdida de memoria “per se”, aunque sí influye el que se necesite algo más de tiempo para recordar, igual que para reaccionar o moverse.
    • La edad, por otro lado, es un factor a tener en cuenta en la pérdida de memoria, pero hay otras variables personales y ambientales con tanto o mayor peso en ella.
  • Anomalías curiosas:
    • “Esta cara me resulta conocida” o “este camino creo que lo conozco”, sin que realmente sea así; se producen conexiones entre lo que percibimos y la información que sí tenemos y por asociación de ideas o similitudes creemos que lo recordamos.
    • Lagunas temporales: son frecuentes cuando hacemos algo de manera habitual casi sin pensar o ser conscientes, de forma automática. ¿Quién no ha cogido el coche cualquier mañana para ir a trabajar y, si no ha pasado nada relevante en el camino, no sabe cómo ha podido llegar, pues ni ha mirado los carteles?
    • Recuerdos falsos: el cerebro “rellena” lagunas de memoria con recuerdos que fabrica. Como cuando no recordamos bien algo que sucedió un día, y al contarlo alguien, lo recordamos tal y como él lo cuenta, aunque no tengamos ni idea de lo que pasó realmente.
    • “Deja vu” o “Jamais vu” (ya visto, o jamás visto): ocurre en el primer caso cuando experimentamos la sensación de que una situación ya la hemos visto o vivido, a sabiendas de que es la primera vez que está sucediendo; en el segundo caso, cuando sabemos que conocemos algo o que hemos estado en algún lugar pero no tenemos la sensación familiar de conocerlo.
  • Otras: enfermedades, tumores, infecciones, tratamientos, accidentes cerebrovasculares o traumáticos, consumo de drogas y otras patologías: las más conocidas son la enfermedad de Alzheimer, la demencia senil, etc.

Dra. Rosa Mª Servián
Médico de Familia

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