La Asociación Americana de Diabetes (ADA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyen la diabetes tipo 3c como diabetes pancreatogénica, en su clasificación, la que es derivada de enfermedades pancreáticas y está caracterizada por una inflamación del páncreas que interrumpe la producción de insulina.
Pero en esta ocasión, no vamos a hablar de ese tipo de diabetes tipo 3, sino de a qué llamamos en las asociaciones de pacientes.
Desde hace años desde las asociaciones de personas con diabetes se creó este concepto para definir a la diabetes con la que conviven tanto las familias, como los amigos y parejas de las personas que tienen diabetes, sea tipo 1, como tipo 2. En este caso nos da igual la clasificación, ya que los sentimientos, si no iguales, son muy parecidos para los dos tipos de diabetes. Es lo habitual que existan dificultades para adoptar las actitudes correctas frente a la diabetes y más aún en los padres frente de su hijo.
Las conductas que podemos apreciar son:
- Sobreprotección. Esta actitud la origina el hecho del temor que tienen los familiares a que su pareja, padre, madre o hijos comentan un error en el tratamiento de la diabetes (mala realización de las técnicas, no cumplir las normas establecidas, etc.). Con esto lo único que se consigue es que no se permite que la persona con diabetes se enfrente a nuevas situaciones creando actitudes de dependencia e inseguridad y sobre todo en los niños impidiéndoles participar activamente en el tratamiento de su diabetes.
- Falta de autoridad. Si restamos importancia al tratamiento de la diabetes, pueden aparecer actitudes de irresponsabilidad e incluso de incumplimiento de las normas médicas.
- Presión frente al tratamiento. Exigir mucho puede provocar la aparición de un comportamiento de rebeldía pudiendo llegar un rechazo por parte del niño, adolescente o adulto hacia el tratamiento.
- Autoritarismo. Si nos comportamos de esta manera la persona con diabetes evitará tomar decisiones ya que se considera en un segundo plano frente a su diabetes.
- Negociación. Es la actitud más recomendable ya que con ella se promueve la toma de decisión, en conjunto lo que reafirma la responsabilidad y la seguridad en la toma de decisiones.
Lo que debemos hacer sin duda alguna es dialogar, fundamental puesto que sin escuchar qué es lo que siente, cómo se siente la persona que queremos, difícil que podamos entender y más aún lograr buenos resultados.
Es fundamental conseguir un entorno positivo en nuestra convivencia con la diabetes ¿Cómo podemos alcanzarlo?
- No reducir nuestra vida a la diabetes.
- Reforzar positivamente todos los esfuerzos realizados para el control de la diabetes, aunque el resultado no sea el deseado.
- Ser positivo con los errores. Recordar el dicho “De los errores también se arpende”
- Dialogar sobre los sentimientos, dudas, temores, etc. sin juzgar.
- Explicar de una manera razonada aquello que no se debe hacer, sobre todo a los más pequeños.
- En el caso de los niños con diabetes, es fundamental que los padres transmitan mensajes en la misma dirección, evitando de esta manera contradicciones que solamente servirían para crear dudas en al niño.
Para terminar os daré dos mensajes que me parecen de suma importancia:
El primero es que tenemos que vivir con la diabetes y no para la diabetes.
El segundo es que se debe procurar que tanto la familia como la pareja y los amigos actúen como un soporte afectivo para la persona con diabetes.
Autora: Marisa López. Psicóloga
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)