Adolescencia, psicología y diabetes.

La adolescencia es una etapa de la vida de la persona en la que se experimentan muchos cambios. Algunos son debidos al desarrollo evolutivo, como los cambios fisiológicos y físicos. Otros, son los cambios motores o de conducta (en relación a la manera en la que el niño ve y se enfrenta al mundo); los cambios emocionales, intelectuales y sociales, que acompañan a lo largo del proceso de transición desde la niñez, adolescencia y de ahí a la edad adulta. Esta etapa de maduración abarca, según la literatura, desde los 10-12 años hasta los 17-18 años. Si le añadimos la diabetes al asunto y nos quedamos ahí, parece que nos enfrentamos a un cóctel explosivo. Pero como la mayoría de vosotros ya sabéis esto no es así, dado que lucháis día a día con vuestros hijos adolescentes con diabetes, y es la adolescencia en sí y no la diabetes (en la mayoría de los casos) el kit de la cuestión…pero no adelanto… Si os parece entremos en materia con Beatriz, una mamá con dos hijas adolescentes que ha querido compartir su experiencia con todos nosotros.

 

Gema: Buenos días Beatriz, ¿Nos presentas a tus hijas?

Beatriz: Por supuesto, tenemos dos hijas, Paula de 15 años y Clara de 12.

 

G: ¿Cómo describirías tu experiencia con tus hijas adolescentes?

B: Como un poco agotadora… entras en una etapa de constante cambio y negociaciones en la que las hormonas marcan (o lo intentan) el rimo y el humor de la casa.

 

G: ¿Qué cambios se han producido en la dinámica familiar?

B: Se han producido muchos cambios. A nivel logístico te pasas el día ejerciendo de taxista, estilista, nutricionista, policía, psicólogo o gerente de hotel! En nuestro caso solemos tener la casa llena de amigos a comer o dormir, lo mismo están en casa que se van nuestras hijas a dormir fuera, incluida Clara que ahora también quiere dormir en casa de sus amigas con la consiguiente responsabilidad para los padres de sus amigas y la preocupación que a nosotros nos genera.

 

G: Clara tiene diabetes, ¿cómo ha influido la enfermedad en el desarrollo psicológico y social de tu hija?

B: Pues en contra de lo que pueda pensar la mayoría la diabetes no ha influido de ninguna manera en su desarrollo social. Es una niña totalmente aceptada en su entono, siempre ha sido muy carismática, es la capitana de su equipo de vóley, líder en su grupo y tiene amigos hasta “debajo de las piedras”. A nivel psicológico, es un poco más complicado. Los adolescentes en general funcionan con subidas y bajadas emocionales. Sus momentos de subida son como los de su hermana o sus amigas, la diferencia que yo veo en Clara son sus “momentos de bajada”. Un adolescente sin diabetes se siente desgraciado, por ejemplo “porque sí”, no necesitan nada concreto para justificar ese sentimiento. En el caso de mi hija, encuentra en la diabetes un motivo de “justificación” para sentirse desgraciada, sobre todo de cara a nosotros.

 

G: ¿Está siendo esta etapa distinta a la de tu otra hija?

B: Sí, muy distinta, pero aquí nuestra “amiga diabetes” no tiene nada que ver, es simplemente un tema de carácter. Paula (15) es una niña dócil, razonable y sensata, Clara (12) es peleona, divertida, impulsiva y muy intensa… ya desde la cuna eran distintas, así que creo que es un tema más de personalidad que de la presencia de la enfermedad.

 

G: Desde tu experiencia, ¿Cómo os habéis sentido a la hora de enfrentaros a diversas situaciones con vuestras hijas adolescentes?

B: ¡Pues supongo que como muchos padres con hijos adolescentes! Por momentos agobiados, frustrados, orgullosos, decepcionados, cansados pero sobre todo felices cuando ves que tus hijos lo están. Cuando son pequeños te agotan físicamente y a medida que van creciendo ese cansancio es más mental. Creo que la clave para llevarlo bien es que tu pareja vaya siempre en la misma dirección, porque nuestros hijos lo de “divide y vencerás” se lo aprenden muy rápido y saben a quién acudir en cada circunstancia. El que los padres tengan el mismo criterio frente a los hijos a la hora de educar evita muchas discusiones en casa y entre la pareja, y es lo que intentamos cada día.

 

G: Entonces crees que los padres experimentan este tipo de sentimientos y experiencias al igual que los has vivido tú…

B: Sí, supongo que los sentimientos de otros padres serán muy parecidos a los vividos por nosotros. En cuanto a las experiencias considero que varían en función de diversos factores tales como de la personalidad del adolescente que tengas en casa, de tu forma de relacionarte con él, de los límites y las normas que se establezcan en el hogar, de la firmeza o no de tus decisiones…etc.

 

G: ¿Qué es lo que os ha servido a vosotros a la hora de afrontar diferentes situaciones con Paula y con Clara?

B: ¡Hablar, hablar y hablar! Hablar entre nosotros para consensuar las decisiones y hablar mucho con las niñas. Intentar no criticar (aunque a veces sea complicado evitar la crítica constante), intentar no censurar lo que hacen a pesar de que a veces no lo compartamos… Ser abiertos y comprensivos para que ellas sean capaces de acudir a nosotros si tienen una pregunta o un problema. Ser firmes cuando la situación lo requiera y sobre todo unas normas claras de comportamiento, convivencia y de respeto. Los adolescentes necesitan las normas para sentirse seguros aunque ellos crean que no…. Al igual que nosotros nos sentimos más seguros cuando conducimos por una carretera con indicaciones en la calzada, ellos tienen que saber donde están los límites y tras decidir si los saltan o no, las consecuencias que tienen sus actos. Aun así, nos equivocamos en muchas ocasiones y considero que también es bueno reconocerlo ante nuestros hijos.

 

G: Sólo me queda darte las gracias por compartir con nosotros tu tiempo y tu experiencia…

B: Gracias, ha sido un placer.

Tal y como nos cuenta Beatriz, es propio del adolescente la actitud de lucha constante, de negociación y cuestionamiento de la mayoría de las normas, por lo que es característico el enfrentamiento con los padres y otros adultos. Dado que pondrán a prueba nuestros límites y comprobarán si somos capaces de manteneros firmes o por el contrario ceder a sus peticiones, es recomendable dialogar y exponer las decisiones acordadas entre los padres, informarles de las consecuencias de los actos si son quebrantadas y los posibles beneficios de no hacerlo.

A nivel psicológico el adolescente busca fundamentalmente:

  • Construir su identidad y definirse como persona.
  • Crear un concepto de sí mismo que “encaje” con su grupo de iguales, con sus normas y sus valores.

Para los padres es importante intentar ser un buen modelo dado que será fundamental para la creación de la identidad de su hijo y su autoestima.

La actitud sobreprotectora de algunos padres de adolescentes con diabetes, puede no ser la mejor actitud para el desarrollo de su hijo, al igual que el ser demasiado permisivos tampoco favorece un progreso adecuado del adolescente. Intentemos poner normas acordes teniendo en cuenta la personalidad de nuestro hijo, en base a sus necesidades y evitando convertir la diabetes en el centro de su existencia. Sabemos que la perfección no es posible, evitemos buscarla en el control diabetológico.

Tal y como hemos podido compartir con Beatriz y su familia, la diabetes está presente sin que ello provoque en Clara una percepción de persona enferma sino todo lo contrario. Aprovecho para agradecer a Beatriz su colaboración en este artículo y os animo a que disfrutéis la adolescencia de vuestros hijos a lo grande ¡se pasa volando!

 

Autora: Gema José. Asesoría Psicológica (A.D.M.)

Fuente: Revista Entre Todos

Conoce más sobre Gema José Moreno en la entrevista publicada para la campaña «La Diabetes mi hij@ y yo».

Publicado en Psicología.