La población anciana ha experimentado un crecimiento importante en los últimos años fruto del aumento de esperanza de vida, disminución de la natalidad en los últimos 10 años y disminución de la mortalidad infantil a principios del siglo XX. Para poder establecer que magnitud representa la población anciana, primero tendremos que definir a quien se le considera anciano. Está internacionalmente admitido que son todas aquellas personas mayores de 65 años, coincidente con la edad de jubilación, donde aparecen determinados problemas físicos, psíquicos y sociales. Sin duda es un término arbitrario pues personas incluidas como ancianos, por su edad no tienen los problemas propios de esos, y otros de edad inferior por presentar múltiples patologías, pueden integrarse en este grupo.
Al deterioro físico y psíquico propio del proceso biológico del envejecimiento que sufren las personas ancianas, se une el estilo de vida, los factores ambientales y el desarrollo de enfermedades crónicas que aceleran el proceso de envejecimiento.
Las necesidades nutricionales de este grupo de población difieren de las más jóvenes, debido a los cambios de estilo de vida, actividad física y situación fisiológica. Además, debemos añadir la prevalencia de enfermedades crónicas en la población de mayor de edad, la necesidad de tratamientos farmacológicos y dietéticos para las mismas, así como la presencia de problemas dentales que dificultan la masticación y el descenso en los ingresos económicos que podrían dificultar el cumplimiento de la dieta.
Las cifras nos muestran el problema: la malnutrición puede afectar hasta el 15% de la población mayor de 75 años que viven en casa, al 50%de los hospitales y hasta el 85% de los institucionalizados.
Principales cambios debidos al envejecimiento
- Cambios en la composición corporal:
- Reducción de la masa magra por menor actividad física.
- Incremento del tejido graso, preferentemente a nivel abdominal, relacionado con hipertensión arterial y diabetes.
- Disminución del agua corporal, por disminución de la sed.
- Disminución de la masa ósea: en mujeres alrededor de la menopausia en los primeros 5-10 años y en los hombres a partir de los 60 años. Está relacionado con la disminución de calcio y vitamina D por déficit de ingesta, alcohol y disminución de la actividad física, con riesgo de osteoporosis y fracturas.
- Cambios funcionales:
- Mayor incidencia de enfermedad cardiovascular por aumento de la tensión arterial y disminución del gasto cardiaco. Se recomienda una disminución del consumo de sal y un consumo abundante de frutas y verduras pues contribuyen a disminuir la tensión.
- Reducción del filtrado glomerular renal, con alteración del metabolismo de la vitamina D.
- Afectación gastrointestinal en sus diferentes fases:
- Masticación: pérdida de piezas dentales, gingivitis, caries y prótesis.
- Alteraciones en la motilidad esófago-gástrica con disfagia, enlentecimiento del vaciamiento gástrico que favorece el estreñimiento y favorece la sensación de plenitud.
- Reducción de la secreción salival, gástrica y pancreática con cuadros de mala absorción.
- Pérdida del gusto y del olfato que puede inducir a la anorexia y al consumo erróneo de sal y/o azúcar.
- Disminución de la sensación de la sed.
- Alteraciones cognitivas: es frecuente la demencia y delirios en especial en la enfermedad de Alzheimer.
- Factores psicosociales.
Con anterioridad hemos analizado los cambios fisiológicos y biológicos propios de la edad pero no menos importante es conocer los cambios psíquicos y sociales: el entorno familiar, la interrupción de una vida laboral tras la jubilación y la necesidad de replantear el ocio, la disminución progresiva de las capacidades, la adversidad del medio, la actitud frente al rechazo familiar y social, le obliga a replantear su papel en la sociedad, ocasionándole a menudo problemas de salud que no tiene siempre una expresión clínica.
A esta situación tenemos que añadir la falta de recursos económicos, en síntesis, los ancianos al final comen poco, generalmente lo que les resulta más cómodo y lo que les cuesta menos. El resultado es la malnutrición y la solución no sólo es la económica, sino el entendimiento de su problemática y la acogida e integración en el ambiente familiar y social.
Recomendaciones nutricionales en la población anciana
Un adecuado aporte nutricional es un factor indispensable en el mantenimiento de la salud contribuyendo en la calidad y duración de la vida, atenuando los cambios en la composición corporal, el deterioro en las funciones de ingerir, digerir, absorber y utilizar los nutrientes y en la progresión de las enfermedades que cursan con el envejecimiento.
En términos generales el aporte de los nutrientes para las personas mayores con un buen nivel de salud difiere poco en relación con los adultos, la dificultad radica en que se trata de un grupo heterogéneo, por lo que estas recomendaciones deben adaptarse a cada individuo y situación. A citar:
Energía – El envejecimiento disminuye las necesidades calóricas debido a una reducción progresiva del metabolismo basal entre 10-20% secundario a la pérdida de tejido magro y acúmulo de grasa.
Ecuaciones de predicción de gasto energético:
Hombres mayores de 60 años = 13.5 x peso en Kg +487
Mujeres mayores de 60 años = 10.5 x peso en Kg +596
A esta energía hay que añadir un porcentaje derivado de la actividad física entre 20-30 % y un porcentaje derivado de enfermedad aguda entre 15-20%.
Proteínas – En general se recomienda una ingesta proteica de 1 gr./Kg/día que equivale al 15% del valor energético total. Esta proporción se incrementará en situaciones de infección, fracturas, úlceras decúbito (1.2-2g/Kg/día) y se reduce si existe insuficiencia renal.
Grasas – Tienen que suministrar entre el 30-35% de la energía total reduciendo el consumo de grasas saturadas.
Hidratos de Carbono – Es aconsejable que aporten el 50% del valor calórico global. Son indispensables al menos 150 gr. /día para evitar la cetosis y su administración debe ser preferentemente en forma de hidratos complejos por la mala tolerancia a la glucosa y diabetes en estas edades.
Fibra – Es conveniente su inclusión en la dieta para prevenir y tratar el estreñimiento, hemorroides, divertículos, diabetes e hipertensión tan frecuentes entre los mayores. La cantidad recomendada es de 20-35 gr. /día.
Agua – Debe tomarse 30 ml./Kg/día para evitar la deshidratación, repartida de forma regular en forma de agua y otros líquidos. En caso de problemas de disfagia, habrá que utilizar espesantes.
Minerales y vitaminas – En general su déficit se debe a ingestas energéticas inferiores a 1500 calorías y a la presencia de interacciones farmacológicas y enfermedades crónicas.
- Vitaminas hidrosolubles – Se han establecido recomendaciones diarias superiores de vitamina B6 y B12 y de ácido fólico por su relación con los niveles elevados de homocisteína, en relación con la enfermedad cardiovascular. Con gastritis atrófica existe más riesgo de déficit de vitamina B12.
- Vitaminas liposolubles – El anciano tiene un mayor riesgo de déficit de vitamina D por déficit en la ingesta, menor exposición al sol junto a problemas en la absorción intestinal.
El hierro no parece encontrarse más bajo a no ser que haya problemas de pérdidas.
Hay una serie de fármacos que interfieren en la absorción de vitaminas y minerales. Son los siguientes:
- Aceite de parafina: utilizado en el estreñimiento, reduce la absorción de vitaminas liposolubles.
- Bicarbonato sódico: reduce la absorción del ácido fólico.
- Biguanidas (hipoglucemiante): interfiere la absorción de vitamina B12.
- Metothrexate (antirreumático): interfiere la absorción del ácido fólico.
- Cimestidina (antiácido): reduce la absorción de vitamina B12.
- Sulfamidas: interfieren la absorción de ácido fólico.
Alimentos equivalentes a una ración. Raciones recomendadas
| Leche y productos lácteos: 200cc (un vaso de leche) o 2 unidades De yogur o 40-50 g. de queso de bola o manchego Tierno o 80-100 g. de requesón o queso fresco | 2-3 raciones al día |
| Carne, pescado y huevos 100 g. de carne o 1/4 de pollo o conejo o 120 g. de pescado o 2 huevos medianos o 80 g. de jamón cocido o 40 g. de jamón curado | 4-5 raciones a la semana 5-6 raciones a la semana 2-3 raciones a la semana Sustituyendo a la carne Sustituyendo a la carne |
| Cereales, legumbres y tubérculos 60 g. de pan (2 rebanadas medianas) o 70 g. de arroz o pasta en crudo (200 g. cocida) o 180-200 g. de patata (1 patata mediana) o 70 g. de legumbre seca (230 g. cocida) | 4-6 raciones al día 1-2 raciones a la semana |
| Verduras, frutas y hortalizas 1 plato de verdura cocida fresca o congelada 1 plato de ensalada variada 1 pieza mediana de manzana, plátano, pera, naranja, melocotón, o kiwi) 2-3 mandarinas o ciruelas 3-4 albaricoques 1 tajada de melón o sandía | Verdura: 2 raciones al día Fruta: 2-3 raciones al día |
| Grasas 2 cucharadas soperas (20 g.) de aceite de oliva, girasol, maíz, soja. 1 cucharada de mahonesa 1 cuchara de postre de mantequilla o margarina | 4 cucharadas al día de aceite o 2 cucharadas de aceite y 1 de mahonesa, mantequilla o margarina |
| Agua y bebidas no alcohólicas Agua, infusiones, bebidas carbonatadas 5 vasos equivalen a 1 litro. | 5-8 vasos al día |
Recomendaciones higiénico-dietéticas de interés general
- Realizar una actividad física regular de acuerdo a las posibilidades individuales.
- Prevenir o reducir la obesidad.
- Escoger los alimentos bajos en calorías con alta densidad de nutrientes.
- Elegir preferentemente platos con legumbres y vegetales.
- Consumo variado de frutas y verduras.
- Consumir aceites vegetales.
- Consumir preferentemente pescado.
- Beber agua a intervalos regulares aunque no se tenga sed.
- Limitar el consumo de azúcar e hidratos de carbono de fácil asimilación.
- No abusar de la sal.
- Limitar el consumo de alcohol.
- Aumentar el consumo de fibra para evitar el estreñimiento.
- Elegir alimentos de fácil masticación y deglución, con alto contenido nutricional.
- Evitar la monotonía y dietas restrictivas.
- Evitar el tabaco.
- Mantener un nivel adecuado de calcio y vitamina D (1/2 litro de lácteos al día).
- Cuidar es estado de ánimo y favorecer un entorno agradable.
Autor: Dr. José Manuel Bádenas. Endocrino
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)