El ansia por la comida resulta una experiencia común para la mayor parte de las personas y se define como un deseo intenso de consumir un alimento, que se considera apetecible. El ansia por la comida puede aparecer en un momento específico o manifestarse como un rasgo de nuestra personalidad. Por último, aunque puede coincidir con el hambre fisiológica, suelen ser experiencias diferentes dado que es más usual que el alimento se ingiera en ausencia de hambre. Es por ello que el ansia por la comida se encuentra muy relacionada con el sobrepeso y el fracaso de las dietas.
En nuestra cultura, el ansia por la comida es usualmente activada por alimentos altamente calóricos, como el chocolate, los helados, la bollería industrial, los zumos y las bebidas refrescantes, entre otros. Éstos suelen ser alimentos con alto contenido de azúcar y ricos en grasas saturadas; precisamente aquellos que se recomienda restringir o ingerir con moderación en una dieta saludable.
Estas restricciones se hacen más necesarias en el paciente con diabetes, donde la dieta apuesta por el consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono con bajo índice glucémico, mayormente en forma de frutas, cereales, pasta, legumbres, verduras y tubérculos. Sin embargo, pedir al paciente que se abstenga de consumir aquellos alimentos que más le apetece, es una medida que puede resultar contraproducente. De hecho, en pacientes con diabetes tipo 1 el ansia de comer, mayormente alimentos ricos en carbohidratos, se incrementa en períodos de hipoglucemia.
Se ha observado que la intención de mantener una restricción alimentaria, se debilita en la medida que pasa el tiempo. El problema radica en que controlar el deseo de comer un alimento, usualmente se basa en una intención de abstinencia, cuestión que resulta difícil de conseguir para muchas personas, sobre todo con rasgos acentuados de impulsividad.
En este sentido, hay que comprender que el ansia por la comida solamente necesita de un pensamiento para ser activado. Aunque este pensamiento puede tener su origen en un déficit fisiológico, emociones negativas o estímulos del entorno, es su elaboración el factor clave que conduce a que el ansia se mantenga y/o incremente.
Usualmente las personas intentan controlar la elaboración de dichos pensamientos tratando de sacarlos de su mente, o sea, evitando pensar en ellos. Esta estrategia es conocida como supresión del pensamiento y sus efectos negativos han sido ampliamente documentados. En el ámbito de la comida, se ha observado que las personas con restricciones suelen comer más tras suprimir pensamientos relacionados con aquella comida que desean.
El problema radica en que el sentido común (y numerosos profesionales) suelen confundir el uso de la fuerza de voluntad del individuo con la supresión, tanto de los pensamientos como del impulso de comer. Resulta vano pretender que tales pensamientos desaparezcan y no vuelvan nunca más (sobre todo si consideramos la cantidad de estímulos sobre comida a los que nos vemos expuestos a diario). Ello contribuye al llamado efecto rebote, una vez concluida la dieta.
Desde un punto de vista terapéutico, existen recursos que permiten que el pensamiento pierda intensidad y se vuelva “pequeño”. El primer paso es aceptarlo y no avergonzarse por experimentarlo. Por ejemplo, en los grupos de Comedores Compulsivos se plantea que no somos responsables (ni culpables) del primer pensamiento, pero sí del segundo (gestión y elaboración).
Existen recursos basados en la evidencia y de fácil implementación, que nos brindan un primer nivel de ayuda para regular la intensidad de nuestros pensamientos sobre la comida y el ansia que su elaboración genera. A continuación se presentan los cinco más recomendados:
- Ha sido comprobado que el olor del eucalipto, o esencias relacionadas, satura las vías olfativas del procesamiento del ansia por la comida, reduciendo su intensidad.
- Realizar una caminata real (o imaginaria) durante 15 minutos.
- No reaccionar a los pensamientos sobre comida. Una forma muy efectiva es focalizar la atención en el cuerpo, haciendo un chequeo mental comenzando desde los pies y terminando en la cabeza o utilizando cualquier otra técnica de relajación.
- Realizar actividades alternativas (Ej. Jugar al Tetris durante tres minutos o hacer figuras con plastilina). Lo importante es que representen un reto para el individuo.
- Imaginar que se ingiere el alimento deseado 33 veces, imaginando cada ocasión lo más vívidamente posible.
De forma general las personas pueden utilizar aquellos que mejor les convenga. Por supuesto, aquellos individuos con trastornos de la conducta alimentaria, indicadores de adicción a la comida o que simplemente muestren oscilaciones frecuentes en su ciclo del peso requieren intervenciones personalizadas.
En resumen, a pesar de ser una experiencia común, el ansia por la comida constituye un factor de riesgo para el tratamiento de la diabetes. Tanto los pacientes como los profesionales implicados deben conocer el rol de los pensamientos sobre comida y su consecuente elaboración en la génesis, mantenimiento e incremento de esta experiencia. Suprimir estos pensamientos suele ser contraproducente, ya que incrementa el deseo de comer y usualmente lleva a ceder a la tentación si el entorno lo propicia. Las mejores estrategias para su control, no son las que apelan a la restricción sino aquellas que promueven la realización de tareas alternativas, que sean motivantes para el individuo y no estén relacionadas con la comida.
Autor: Boris C. Rodríguez
Psicólogo Master en Psicología Médica y Doctor en Psicología Clínica y de la Salud