Asertividad: aprender a decir lo que pensamos

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A menudo nos encontramos en situaciones en las que no sabemos muy bien cómo expresar nuestros sentimientos o nuestras opiniones, porque nos da miedo y nos preocupa que piensen de nosotros. Situaciones en las que alguien dice algo que nos molesta y no sabemos controlar nuestro enfado, estallamos con agresividad y luego nos arrepentimos de nuestras palabras. En las que sentimos que los demás se aprovechan de nosotros y no nos atrevemos a decir nada, por inseguridad y falta de confianza. Situaciones en las que tenemos que decir no a algo que hace o dice el resto del grupo y nos preocupa qué piensen de nosotros ante esta decisión que tomamos, libremente pero “con presión…” para cuidarnos, para actuar como queremos y creemos que debemos hacer en cada momento. ¿Te suena esta situación en relación a las decisiones de auto cuidado de tu diabetes? ¿Cuántas veces te has visto en esta situación? ¿Cómo has reaccionado?

En todas estas situaciones, tenemos que echar mano de una habilidad social llamada Asertividad si queremos “salir airosos”, es decir: decir y actuar como queremos y conseguir nuestro objetivo en cada caso.

La Asertividad nos permite expresar de forma adecuada nuestros pensamientos y emociones frente a otra persona o situación, haciéndolo sin hostilidad ni agresividad, pero tampoco con timidez, inseguridad o sumisión. Una persona asertiva sabe expresar directa y adecuadamente sus opiniones y sentimientos (tanto positivos como negativos) para conseguir su objetivo en cada caso. Respetándose así a sí mismo (tengo derecho a decir lo que pienso o siento y a actuar en consecuencia), pero también respetando al otro (sin agresividad verbal o física…).

¿Tú eres asertivo/a? Si la respuesta es no, es algo muy normal, porque muchas veces no nos han enseñado a serlo. Que sepas que puede aprenderse, con tiempo y práctica se puede conseguir. No consiste en convertir personas sumisas o inseguras en agresivas o acusadoras, sino en enseñarnos a defender nuestros derechos ante situaciones en las que no estamos de acuerdo, o no nos sentimos reconocidos en nuestras necesidades, como pueden ser nuestras necesidades de auto cuidado como personas con diabetes.

HAY 3 FORMAS DE COMUNICARNOS:   AGRESIVIDAD, PASIVIDAD Y ASERTIVIDAD

Imagina un continuo, donde la agresividad está en un extremo y la pasividad en el otro. 

Todos actuamos de una de estas tres formas según las situaciones, pero siempre una predomina sobre las otras, reflexiona sobre ello en tu caso.

Las personas agresivas anteponen sus necesidades y opiniones a las de los otros, piensan que siempre tienen la razón, luchan por salirse con la suya “pisoteando” a los demás, no escuchan al otro, hablan en un tono elevado o amenazante, chantajean, usan la ironía, no respetan al otro.

Y en el extremo opuesto están las personas pasivas, que anteponen las necesidades de los demás sobre las suyas, dando más valor a lo que los otros piensan u opinan, callan lo que piensan para no ofender, para no llevar la contraria, para no crear conflicto, para que no piensen “mal” de ellos. Callan o hablan en tono bajo o dubitativo, no se respetan a sí mismos.

En un punto intermedio se encuentra la asertividad. Las personas asertivas hablan en primera persona de lo que piensan, sienten, quieren o necesitan, escuchando y dejando espacio también a los demás a expresarse, y transmiten seguridad porque utilizan un tono firme pero relajado. ¡Respetan al otro y se respetan a si mismos! En definitiva, actuando con consideración hacia el otro y cuidando cómo se lo decimos, pero también con consideración y honestidad hacia nosotros mismos,  es decir, permitiéndonos decir lo que queremos decir. Así, además, aumentará nuestra  confianza en nosotros mismos y nuestra autoestima.

No existe una persona 100% asertiva, el objetivo es conseguir la libertad para elegir cómo queremos comportarnos en ciertas situaciones, porque lo adecuado es poder elegir y decidir como responder en cada ocasion, en lugar de reaccionar, siempre de la misma forma, sintiendo que no tenemos elección: “yo soy así de tímido e inseguro y no digo lo que necesito…  no lo puedo cambiar” o “Yo me lo tomo todo a la tremenda  y me enfado fácilmente… no lo puedo evitar”

Un ejemplo: Si algún día estás en la cola del supermercado y alguien se cuela, podrás observar los diferentes estilos. Tendrás el PASIVO que se queda callado o como mucho le lanza una mirada cómplice a alguno de la misma cola, buscando que éste/a diga algo. También verás el AGRESIVO que se lanza a protestar directamente diciendo algo tipo “¡Oiga! ¡No se cuele!” o “¡Señora (o señor)! ¡Se está colando!”.  Por desgracia, es en menos ocasiones cuando vemos a alguien que se dirige de forma ASERTIVA. Algo del tipo: “Disculpe, señora, tal vez no se haya dado cuenta de que hay una cola, por eso puede molestar a los que estamos esperando en la fila.”

Si reaccionamos de forma agresiva, lo más fácil es que nos encontremos una reacción de igual magnitud o superior, porque todos nos solemos poner a la defensiva. Y si reaccionamos pasivamente, seguramente no será la primera ni la última vez que se aprovechen de nosotros o que no consigamos lo que queremos. Sin embargo, si utilizamos la asertividad, tendremos más posibilidades de conseguir los mejores resultados. Al principio puede costar desde luego pero, poco a poco, cuando ves los resultados y ves cómo te sientes,  más seguro y orgulloso de ti mismo por poder hacerlo, ya no cambiarás esta forma de actuar.

¿Cómo utilizar la Asertividad para comunicarnos? La Formula X Y Z: Una técnica asertiva muy útil para cuando queramos expresar algo que nos incomoda o molesta: “Cuando haces o dices X, me siento Y, por lo que me gustaría que hicieras Z”.

X: Definir claramente el problema, ¿qué es exactamente lo que te ha molestado o no estás de acuerdo?

Y: Identificar claramente cómo me ha hecho sentir. Hay que evitar decir “me haces sentir mal”, es muy impreciso, especifica un poco más: “me haces sentir poco apoyado o tenido en cuenta”.

Z: Especificar la conducta que hubieras preferido, formulado en positivo (evitando el “no haga”, el “dejar de”, etc.). “Te agradecería, me gustaría que…” Los demás no pueden adivinar cómo nos gustarían las cosas, si no les damos una pista pueden optar por el ensayo-error hasta que acierten. Podemos añadir un cuarto elemento: “¿Qué te gustaría que hiciera yo?/ Por mi parte me comprometo a…”. Se trata de asumir la parte de responsabilidad que nos toca, tendiendo la mano al otro y cerrando el círculo.

EJEMPLO 1: “Cuando salimos un sábado, muchas veces, no queréis ir a cenar hasta muy tarde, y yo, por mi diabetes, necesito cenar a una hora más o menos determinada para mantenerme con unos niveles adecuados de glucosa, ya lo sabéis. Y siento que no tenéis en cuenta necesidades, aunque también creo que muchas veces no sois conscientes de ello, por eso os lo digo ahora. Me gustaría que a partir de ahora fuéramos a cenar a una hora más adecuada para mí, así yo estaría más tranquilo y podría disfrutar del resto de la noche”

EJEMPLO 2: Hemos salido con un grupo de montaña por primera vez y aunque hemos desayunado adecuadamente, estamos empezando a sentir un cierto mareo y queremos medirnos la glucosa, nos cuesta un poco pero decidimos decírselo al resto del grupo que no sabe que tenemos diabetes: “Necesito parar un momento porque tengo diabetes y estoy algo mareado, debo medirme la glucemia para ver si me ha bajado en exceso. Voy a intentar ser rápido, ya estoy muy acostumbrado, no os preocupéis. Muchas gracias por entenderlo.” Lo normal en estos casos, y es algo que muchas veces me han comentado personas de la Asociación en la consulta, es que los compañeros y amigos entiendan perfectamente la situación y se muestren dispuestos a ayudarnos  y a apoyarnos en lo que sea necesario. 

Bibliografía:   Bach,E. y Fornés, A. “La asertividad. Para gente extraordinaria”. Plataforma Editorial.
Castanyer, Olga. “Aplicaciones de la asertividad”. Editorial Desclée De Bouwer
Roca, Elia. “Como mejorar tus Habilidades Sociales”. ACDE Ediciones.

Susana Sanjuan

Asesoría Psicológica A.D.M.

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Autor entrada: Redes