Los padres y los estilos educativos

Los padres y los estilos educativos

Aun existiendo otros factores que inciden en el desarrollo de los hijos, como su carácter, el colegio, la diabetes, etc. es en la familia donde se elabora el “caldo de nutrientes” más importante y decisivo, es el lugar referente para los hijos y donde aprenden las cosas más importantes de su vida.

Es muy difícil saber si estás educando correctamente a tu hijo y no tener la sensación de que te estás equivocando… pues del comportamiento de los padres, dependen muchas de las respuestas de los hijos.

Algunas de las formas erróneas de educar en las que solemos caer los padres frecuentemente, son las siguientes…

Sobreprotección

Son padres que están siempre un paso adelante, no logran distinguir cuándo deben intervenir y cuándo es momento de dejar que sus hijos aprendan a calcular riesgos. Creen que nadie hará las cosas o guiará a sus niños como ellos. Muchas veces esta posición limita a los hijos de la posibilidad de estar al cuidado de otros adultos, o de ir a casas de amigos o ser cuidados por otras personas.

La tendencia natural de los padres es sobreproteger a sus hijos, esta situación se ve especialmente acentuada si el hijo tiene una enfermedad crónica como es el caso de la diabetes, ya que perciben al hijo más frágil de lo que en realidad es.

Esto se da más en hogares con poca organización, donde es difícil delimitar normas, donde hay poca exigencia y se pide poco esfuerzo a los hijos. Lo que, lógicamente, trae consecuencias en los hijos….

¿Cómo se comportan estos padres?

  • Son padres constantemente preocupados por lo que les pueda ocurrir a sus hijos.
  • Se sienten culpables y responsables por todo lo que les sucede, porque constantemente se plantean que han hecho algo mal ante una hipoglucemia o hiperglucemia.
  • Son muy blandos y poco consistentes con las normas (las amenazas y/o castigos raramente se cumplen).
  • No delegan en otras personas para cuidar a sus hijos solos (“mejor que yo nadie”).
  • Actúan, piensan, sienten, deciden por su hijo.
  • Hacen cosas a sus hijos, que por edad, ya podrían hacer sus hijos (hacerle los controles).

Consecuencias en los hijos

  • Inseguridad; puesto que son niños que no están acostumbrados a hacer las cosas por sí ya que sus padres prácticamente han hecho todo por ellos, por lo que no saben tomar decisiones. 
  • Baja autoestima, sobre todo en comparación con otros niños sin diabetes de su misma edad, ya que se sienten con menos capacidades que el resto de los niños de su edad.
  • Despreocupación por su futuro, ya que” mis padres se ocupan por mi…”
  • Dependencia de los padres para todo porque se sienten incapaces de hacer algo por sí mismos, pues han dependido toda su infancia de sus padres, que intercedían por ellos en todo momento.
  • Suelen ser niños retraídos.
  • Baja tolerancia a la frustración. Al no haber aprendido a fallar y a equivocarse, cuando lo hagan en un futuro tendrán muy poca paciencia y no sabrán encajar el revés.
  • No se ven capaces de hacer frente a los problemas.
  • Niños miedosos. Han aprendido a temer muchas cosas que no son peligrosas, pero que sus padres temían.

¿Cómo combatirla?

  • “Deja que se tropiece y caiga” de vez en cuando.
  • Delega poco a poco responsabilidades, en función de su edad y madurez.
  • Cuantas más cosas sabe hacer un niño por sí sólo, más se quiere a sí mismo y yo entiendo que vosotros queréis que vuestro hijo se quiera mucho…
  • Cuidar de un ser querido no significa llegar a pensar por él, al contrario confía en él.

Permisividad

El control que los padres ejercen sobre los hijos es escaso o inexistente.  Tratan a sus hijos como iguales, haciéndoles cómplices de situaciones que no son adecuadas para su edad y su capacidad de razonamiento.

Normalmente son afectuosos y no plantean a sus hijos tareas acordes con su edad de las que puedan ir asumiendo la responsabilidad (si el niño no quiere hacer un control capilar, que no la haga, si total es muy pequeño no se le puede exigir…). 

Seguir el tratamiento de la diabetes es doloroso para los padres ya que, en ocasiones, hay que controlar comidas o restringirlas, hacerles esperar cuando tienen hambre, hacerles poner la insulina, hacerse el control glucémico. A causa de esta situación surge un efecto compensatorio detrás del pensamiento de los padres; “pobre, bastante tiene con la diabetes como para pedirle más cosas“y entonces le exigen menos en otras áreas que, si no fuera porque tiene diabetes, no lo harían.

¿Cómo se comportan estos padres?

  • El hijo manda. Se hace todo cuanto él quiere sin que tenga ninguna responsabilidad.
  • Son padres que no ejercen ningún control sobre su hijo.
  • No se fomenta ningún tipo de superación personal al hijo.

Consecuencias en los hijos

  • Irresponsabilidad.
  • Pasotismo.
  • La falta de control que genera una baja autoestima, ya que se enfrentan a tareas que sobrepasan sus capacidades.
  • Poco persistentes.
  • Dificultad de autocontrol.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Dificultad para asumir responsabilidades.
  • Baja autoestima.
  • Falta o poca iniciativa, no se sienten motivados.
  • Inseguridad.
  • Manipulaciones.
  • Caprichos (casi siempre se “salen con la suya”).
  • Suelen ser adolescentes que transgreden las normas.

¿Cómo combatirla?

  • Tratar al niño con independencia de su diabetes.
  • El es uno más en la familia, no es especial por la diabetes. Es especial por ser María o Pedro…. por ser único como persona.
  • Se le castiga y refuerza con independencia de la diabetes.

Autoritarismo o Exigencia excesiva

Son padres que ejercen un control férreo sobre sus hijos y además lo hacen mediante la afirmación del poder (esto se hace así porque lo digo yo) tienen un estilo educativo autoritario.

La comunicación con los hijos es por lo general, pobre. Se trata de padres que no saben cómo hablar con sus hijos o cómo ponerse a su nivel para poder mantener una conversación.

Los datos que aporta el hijo son utilizados para poder ejercer un mayor control sobre él. Por ejemplo, la sensación que tiene el hijo es que cada medición capilar es un examen que se suspende o se aprueba.

En general, son padres poco afectuosos con sus hijos y que ejercen una alta presión sobre los mismos para que asuman responsabilidades para las que no están preparados.

Son padres que sobrevaloran la importancia del tratamiento, priorizando el hecho de tener diabetes sobre otras áreas de su hijo como niño. En general, atienden las necesidades diabetológicas de sus hijos descuidando otras de sus necesidades (afectivas, de escucha, etc.), siendo su principal satisfacción que los resultados de los controles glucémicos vayan “como es debido”.

¿Cómo se comportan estos padres?

  • Dan las órdenes porque son la autoridad y no admiten réplica.
  • Los hijos les tienen cierto “miedo”.
  • Suelen ser padres poco afectivos con los hijos.
  • El tema principal de comunicación de la casa es la diabetes, llegando incluso a ser el monotema de la familia.
  • Son padres muy controladores: “¿qué has comido y cuánto tenías?”.
  • Piden más de lo que por edad y madurez los hijos pueden alcanzar y como resultado “frustrados hijos y frustrados padres”.

Consecuencias en los hijos

  • Rebeldía (según la personalidad que tenga) cuando se pretende que el hijo tome las riendas de su diabetes, éste abandona el cuidado al verse, por fin, libre de la presión y la vigilancia.
  • Dependencia (según la personalidad que tenga).
  • Niños “obedientes”, poco alegres o espontáneos.
  • Tensión/ obsesión porque sus padres no se enfaden.
  • Niños vulnerables a la tensión familiar.
  • Niños de carácter irritable.
  • Inseguridad si no aciertan.
  • Miedo hacia las reacciones de sus padres.
  • Tienden a saltarse las indicaciones de sus padres sin ser descubiertos (comer a escondidas, se ponen suplementos de insulina por su cuenta…).
  • Valen en tanto “satisfacen” a sus padres. “Si mejoro mis controles, mis padres me querrán más”.
  • Se sienten incomprendidos por sus padres, ya que éstos no se ponen en su lugar.
  • Sentimientos de culpa y menosprecio porque no”dan la talla” de lo que se les ha pedido.

¿Cómo combatirla?

  • Ponte en el lugar de tu hijo evitando etiquetas y juicios de valor.
  • Evita las fiscalizaciones y promueve el diálogo y negociación con él.
  • Promueve actitudes de tolerancia, flexibilidad, capacidad para admitir errores y minimizar las frustraciones.
  • Escucha su opinión y tenla en cuenta.
  • “La diabetes no es una asignatura que se aprueba o se suspende”.

Negligencia o indiferencia

Es el estilo educativo que se presenta con menor frecuencia. Puede darse en personas muy atareadas, parejas jóvenes y poco maduras, o cuando los hijos no son deseados o los padres no saben o no se implican en el tratamiento. No son padres receptivos a las necesidades de los menores y son indiferentes afectivamente. No practican de forma coherente ningún tipo de disciplina.

Este estilo se caracteriza porque los padres no están implicados en la crianza de sus hijos y, por tanto, no proporcionan el apoyo necesario a sus niños ni les sirven de guía. Lo que conlleva  un impacto negativo en el desarrollo de sus hijos tanto en el presente como en el futuro.

¿Cómo se comportan estos padres?

  • Tratan a sus hijos como si fueran adultos.
  • “La diabetes es cosa suya” (del hijo).
  • “El hijo debe aprender solo lo que tiene que hacer para ser más independiente el día de mañana”.
  • Pretenden conseguir que sus hijos sean autosuficientes y aprendan a vivir sin ellos, pero sin darles herramientas para lograrlo.

Consecuencias en los hijos

  • La falta de dependencia de los padres, (sobre todo conforme va llegando la adolescencia) se traduce en una dependencia de los hijos hacia otras personas (no siempre buenas) que le ofrecen aquello que no tienen en casa.
  • Alejamiento afectivo de la familia.
  • Sobrecarga del tratamiento de la diabetes sin estar evolutivamente preparados, lo cual les produce mucha presión.

¿Cómo combatirla?

  • Aunque no puedas estar mucho tiempo con tu hijo, que sea un tiempo de calidad, es decir que sea un tiempo gratificante.

Estilo democrático

Los padres democráticos suelen ser firmes pero también brindan apoyo y cariño a sus pequeños. Dicho de otro modo, ponen reglas que esperan que los hijos sigan; sin embargo, consideran que existen excepciones en estas reglas.

Los padres democráticos suelen explicar las consecuencias que tiene la conducta negativa de sus hijos en vez de aplicar castigos. Asimismo, emplean el refuerzo positivo para los buenos comportamientos.

Las relaciones parentales están definidas por el respeto mutuo y la cooperación. El adulto considera que se puede equivocar en las decisiones. Buscan y potencian que los hijos puedan aprender autónomamente y que saquen lo mejor de sí mismos.

¿Cómo se comportan estos padres?

  • Son afectuosos.
  • Elevado control, pero flexibles.
  • Dan explicaciones a los niños acordes a su edad.
  • Piden a sus hijos que asuman responsabilidades, también acordes a su capacidad.
  • La comunicación familiar es buena.
  • Son padres preocupados que ayudan a sus hijos en la toma de responsabilidades sirviéndoles de guía.

Consecuencias en los hijos

  • Tendencia a la felicidad y el éxito.
  • Seguros.
  • Buenas autoestima.
  • Autocontrol.
  • Persistencia en las tareas.
  • Responsabilidad.
  • Niños independientes.
  • Niños cariñosos.
  • Sistema moral propio.

Una pregunta clave que te puedes hacer para ayudar a tu hijo a ser más autónomo podría ser; ¿si mi hijo no tuviera diabetes, le dejaría hacer esto o aquello?” que los motivos que os lleven a negarle realizar alguna actividad sean porque consideráis que no tiene la edad o madurez para hacerlo pero no por el hecho de que tiene diabetes.

Olga Sanz
Asesoría Psicológica A.D.M.

“Luna de miel” en niños y adolescentes

"Luna de miel" en niños y adolescentes

Se considera como luna de miel aquel periodo de tiempo que tiene lugar en los primeros meses tras el debut de la diabetes donde la persona presenta muy buenos controles de glucemia a pesar de utilizar dosis bajas de insulina, desde luego muy inferiores a las que utilizará en el futuro cuando la reserva pancreática de insulina se haya agotado completamente.

¿Por qué se produce este fenómeno?

Este fenómeno es consecuencia de dos alteraciones metabólicas que tienen lugar al inicio de la diabetes, por un lado la toxicidad de la glucemia sobre las células betas del páncreas y por otro lado la resistencia a la insulina por parte de algunos tejidos de nuestro organismo.  

Las semanas o meses previos al debut de la diabetes suelen presentarse niveles muy elevados de glucosa, que son los causantes de los síntomas capitales de la diabetes, poliuria y polidipsia, estos elevados niveles de glucosa son tóxicos para las células beta,  las células productoras de la insulina en el páncreas.

Tras el inicio del tratamiento de la diabetes, los niveles de glucosa disminuyen lo que produce una franca mejoría en el funcionamiento de las células beta que aún quedan en el páncreas, permitiendo la liberación de insulina y  facilitando  la normalización de los niveles de glucemia a pesar de administrar dosis relativamente bajas de insulina.  

En paralelo con este fenómeno existe otro que también produce un aumento en la sensibilidad a la insulina por parte de las células del organismo. Nuevamente en los días o semanas previas al debut mientras el niño presenta un cuadro de deshidratación y cetoacidosis existen una serie de mecanismos que producen resistencia a la insulina por parte de algunos tejidos de nuestro organismo, es decir, se crea una situación en la que se necesitan dosis más altas de insulina para que esta pueda realizar sus funciones. Entre los causantes de esta resistencia están el aumento de los ácidos grasos libres que son el producto de la degradación de las reservas grasas del organismo (lipolisis). Este aumento de los ácidos grasos es el responsable de la generación de cuerpos cetónicos tan frecuentes en el debut de la diabetes o en los episodios de descompensación de la diabetes. Pues bien estos ácidos grasos son utilizados por determinadas células del organismo como fuente de energía, provocando resistencia a la insulina. También, como consecuencia de la enfermedad se produce un aumento de determinadas hormonas de estrés (corticoides, catecolaminas, hormona de crecimiento) que provocan resistencia a la insulina. Nuevamente con la instauración del tratamiento con insulina, se disminuye la degradación de grasas, bajan los niveles de ácidos grasos libres, lo que junto con la mejoría clínica produce la normalización de las hormonas relacionadas con el estrés  y se produce una mayor sensibilidad a la insulina, por lo que para un mismo efecto se necesita menos insulina. En resumen, podemos ver que la reversión de estos dos fenómenos, toxicidad sobre las células beta del páncreas y disminución de la resistencia periférica a la insulina, son lo que permite una menor necesidad de insulina.

Este hecho nos obliga a ser previsores, ya que sino consideramos este fenómeno existe riesgo de hipoglucemias más o menos graves, pues en cuestión de pocos días pasaremos de una situación donde se necesitan dosis altas de insulina a otra donde las necesidades de insulina puedan disminuir hasta un 50% o más, por lo tanto debemos ajustar muy bien las dosis.

¿Cuánto dura el periodo de luna de miel?

La duración del periodo de luna de miel es muy variable oscilando desde unas pocas semanas a varios meses, incluso en algunos casos  varios años. Generalmente los niños suelen presentar un periodo de luna de miel más corto que los adolescentes o adultos jóvenes. También conviene remarcar que no todas las personas presentan este fenómeno, así hay algunos casos donde quedan muy pocas células beta y no se produce dicho fenómeno.

¿Aporta alguna ventaja el periodo de luna de miel?

Desde mi punto de vista, quizá la mayor ventaja que aporta es la de tener unos controles muy buenos con dosis bajas de insulina. Esto permite, en primer lugar  tener controlada la diabetes con dosis bajas de insulina y por lo tanto menor riesgo de hipoglucemias, en una época en la que la persona está en fase de aprendizaje. Esto también facilita que la formación diabetológica pueda hacerse en su domicilio, sin necesidad de estar ingresado durante largo tiempo para poder hacer la formación necesaria para el autocontrol de la diabetes.  A su vez nos permite que el niño o adolescente y su familia se vayan familiarizando a su nueva situación en unas condiciones, por decirlo de alguna forma, de bajo riesgo.

¿Existe alguna complicación como consecuencia del periodo de luna de miel?  

Desde el punto de vista estrictamente clínico no presenta ninguna complicación, sin embargo a veces puede producir una falsa percepción de curación y por lo tanto de relajación en las medidas de tratamiento de la diabetes. Esto es especialmente cierto en los adolescentes, el ver que pueden manejar la diabetes sin grandes cuidados de la dieta, con poca insulina, e incluso dándose el caso de que sin ponerse insulina vean que sus controles son normales, puede dar lugar a una falsa percepción de curación y  rechazar todas las recomendaciones médicas prescritas, lo que puede tener graves consecuencias. El final del periodo de luna de miel y la vuelta a unas dosis más altas de insulina, peores controles, etc.  puede provocar una cierta depresión y rechazo de la enfermedad. Por lo tanto debe quedar muy claro para el niño o adolescente y su familia, que el periodo de luna de miel es temporal y que de ninguna forma significa curación de la enfermedad.

Bartolomé Bonet
Jefe de Servicio de Pediatría. Hospital Can Misses (Ibiza)

Comunicarme con mi hijo adolescente

Comunicarme con mi hijo adolescente

Lo primero de todo, es aprender a ser capaces de poneros en su lugar. Muchas veces exigimos cosas que nosotros mismos no somos capaces de hacer.

Otra cosa que sería conveniente que os plantearais como padres es: ¿cómo creo que me ve mi hijo? ¿Me ve como un padre comprensivo, intransigente…? Si tenéis dudas en este aspecto, preguntádselo, ya que, en función de cómo os percibe vuestro hijo, es muy probable que tenga ante vosotros una respuesta u otra, de confianza, de miedo, etc. Además, pensad que sois un ejemplo para él, tanto para lo bueno como para lo malo.

Por otra parte, durante los años de la adolescencia, la comunicación entre padres e hijos se hace más difícil, incluso en aquellas familias en las que existía una buena relación durante la infancia. Por una parte, las reservas del adolescente para hablar con sus padres son debidas a su necesidad de mantener la privacidad sobre sus asuntos personales, mientras que los padres queréis seguir manteniendo con vuestros hijos el mismo tipo de relación que tuvisteis durante la infancia.

La mayoría de las veces los padres pedimos, pedimos y pedimos y resulta más sencillo decir las cosas negativas que positivas, pues tened en cuenta que esa actitud se carga a la mayor de las motivaciones, y es que el ser humano funciona mejor por las buenas que por las malas, y por supuesto vuestro hijo también.

¿Cómo facilitar la comunicación con mi hijo/a adolescente?

  • Escucha lo que dice tu hijo o hija, déjale terminar. Si no dejas que termine lo que quiere decirte y lo interrumpes porque piensas “ya sé lo que me va a decir”, nunca sabrás qué ideas tiene ni cómo se siente.
  • No critiques, no juzgues, no culpabilices. No eres un juez. Si te dedicas a sancionar su conducta de forma constante estás poniendo una barrera entre tu hijo y tú. Si está enfadado y te grita, puedes corregir su comportamiento con algo como: “ya veo que estás enfadado y me parece normal, pero si no me gritas me enteraré mejor. Cuando te calmes podremos seguir hablando”.
  • Dale importancia a lo que te dice. A veces lo vemos preocupado por un asunto que para nosotros no tiene la menor importancia y podemos pensar: “no son más que tonterías, cuando sea grande se dará cuenta …”. Si cuenta contigo para hablar de sus cosas, valóralo. Si no le das importancia a lo que quiere contarte, puede que en el futuro deje de hablarte de ello.
  • Enséñale a comunicar sus sentimientos. No es suficiente preguntarle qué ha hecho sino también cómo se ha sentido. Puedes ayudarle a que entienda qué siente preguntándole “¿estás enfadado o triste?” o diciéndole “yo estoy orgulloso ¿y tú?”.
  • Controla tus impulsos. Puede ocurrir que te cuente que ha hecho cosas que no te gustan (por ejemplo, que ha faltado a una hora de clase porque no tenía ganas de ir). Si reaccionas de forma impulsiva y no razonas con él, puede que la próxima vez no confíe en ti y no te lo cuente.

Pero ¿cuándo puedo hablar con él/ella? Parece que nunca es buen momento…

  • Dar el primer paso. No esperéis a que sea vuestro hijo el que tome la iniciativa. Aunque os ponga malas caras o posturas cuando le digáis que quieres hablar con él.
  • Explicar claramente lo que esperamos, sin rodeos ni sermones.
  • Escuchar su opinión, valorarla y tenerla en cuenta.
  • Razonar mutuamente las posturas.
  • Llegar a acuerdos, negociar.
  • Buscar el momento adecuado, aunque no sea el perfecto.
  • Ánimo relajado. No es el momento de hablar si te sientes preocupado, nervioso o agobiado.
  • Ambiente tranquilo y sin interrupciones.
  • Una sola persona presente en representación de los dos padres.
  • Comunicación amplia, no centrada en la diabetes (que no sea el monotema familiar).
  • Ante un fallo, considerarlo como una oportunidad de aprendizaje…ya sabemos lo que tenemos que hacer para la próxima vez.
  • Coherencia entre padres. Ambos en la misma dirección, si hay desavenencias entre ellos, acordar antes de dar una respuesta al hijo.
  • Ser coherentes con las exigencias y objetivos marcados.
  • Reconoce, felicita y premia el esfuerzo y no el resultado.

Olga Sanz
Psicóloga A.D.M.

Acoso escolar y diabetes

Acoso escolar y diabetes

Aunque hoy en día es un término en boca de muchos, todavía existe gran desconocimiento de lo que realmente significa, cómo se produce y sus implicaciones. Por ello haremos un breve repaso de su definición, de las implicaciones para niños y adolescentes con diabetes, llegando a comprender los mecanismos implicados, y posibles pautas a seguir.

El acoso escolar también es conocido como bullying, y podría generalizarse a entornos fuera de la escuela, y en edad adulta. Incluye toda forma de maltrato físico, psicológico, verbal, sexual, social o tecnológico (también conocido como cyberbullying), llevado a cabo de forma sistemática y reiterada en el tiempo, con la intencionalidad de producir daño, aprovechándose de un desequilibrio de poder.

Según el estudio que elabora el Observatorio para España de la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, la suma de todos los casos desde noviembre de 2016 a noviembre de 2017 finalizaron con 1.475 casos graves de bullying, lo que habla de un aumento en torno al 20 por ciento anual. Además, según un informe conjunto realizado por la Organización Mundial de la Salud y la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, el acoso escolar o bullying se cobra la vida de 200.000 jóvenes y niños al año entre personas de 6 a 21 años. Estos datos muestran la gravedad y la urgencia de tomar medidas con este problema.

Acoso escolar y diabetes

La diabetes tipo 1 es una de las enfermedades crónicas de mayor prevalencia entre niños y adolescentes, a menudo causando una dificultad emocional, conductual y de ajuste psicológico. Los niños, adolescentes, incluso adultos, pueden estar en mayor riesgo de sufrir bullying por dos razones principales. La primera se origina en las actitudes negativas, estereotipos, y mitos relacionados con la diabetes, en la mayoría de los casos producidos por la falta de información y comunicación sobre la diabetes en las aulas y entornos laborales. Esto hace que el resto de compañeros vea al niño, adolescente o adulto con diabetes como una persona enferma, originando curiosidad o rechazo. De esta manera los compañeros y/o profesores pueden contribuir a perpetuar la creencia de que los niños, adolescentes o adultos con diabetes son diferentes.

Cuando esto ocurre, sobre todo en la adolescencia, estos son vistos como diferentes a la norma, y los compañeros pueden rechazar su inclusión en el grupo, aislándolos y aumentando el riesgo de agresiones añadidas. Relacionado con esta primera vía está la ilusión de poder, en la que, cuando un niño o adolescente, incluso adulto, es visto como “débil” por tener diabetes, inmediatamente el agresor se sitúa en una situación de aparente superioridad, abusando de ese poder ilusorio.

Estas dos vías se retroalimentan entre sí, por lo que influyendo sobre una u otra se podrá reducir el riesgo de acoso como veremos en las pautas a continuación.

Desde la sociedad internacional de diabetes pediátrica y adolescente (ISPAD), consideran que los factores psicosociales son los que más influyen y afectan al cuidado y tratamiento de la diabetes. En este sentido el bullying es un problema multifactorial que genera una fuente de estrés, a menudo crónica, que afecta a los niveles de glucosa y el manejo glucémico, interfiriendo también en el manejo conductual de la diabetes. Esto se debe, en parte, a que las rutinas asociadas con el manejo de la diabetes se perciban como las causantes de su estigmatización o rechazo por los demás. Por ejemplo, los niños o adolescentes podrían buscar pretextos para evitar llevar su insulina o glucómetro por miedo a que se lo pidan prestado, intenten inyectarse, jugar con él o extraviarlo. Además influye en un mayor aislamiento, baja autoestima, depresión y ansiedad. Esto a su vez influye en la adherencia al tratamiento y una disminución del autocuidado, lo cual puede producir complicaciones a corto y largo plazo.

Acoso escolar y diabetes

Por todo esto es de gran importancia detectar el problema y reaccionar con la mayor brevedad posible.

Algunas de las señales que pueden mostrar que un niño o adolescente está sufriendo acoso incluyen:

  • Cambios en los hábitos de alimentación y/o apetito.
  • Sueño alterado.
  • Pensamientos ansiógenos e irritabilidad
  • Interferencias en la capacidad de manejar la diabetes (cuando previamente sí había un buen manejo).

Como recomendación es conveniente seguir la siguientes pautas:

  • HABLA. Díselo a alguien en quien confíes, esconder el problema solo lo perpetúa a la vez que te va minando por dentro.
  • INFORMA. Es importante que los profesores tengan información acertada y ajustada sobre lo que es la diabetes, y cómo apoyar en la tarea de la inclusión y normalización.
  • NORMALIZA. Conoce la diabetes de dentro a fuera, y házsela entender a los demás, de forma que sea algo totalmente natural, y desmontemos los mitos.
  • EMPODÉRATE. Si la diabetes afecta a tu autoestima, te sientes diferente y te pones límites a ti mismo, le estas dando sin querer todo el poder a tu agresor.

Sofía Rademaker
Psicóloga sanitaria
Directora del Centro Psicológico SMC

Y si eres testigo de un caso de acoso escolar en tu entorno, ¡actúa! Cuéntaselo a alguien, apoya a esa persona… En el bullying participan el acosado, el acosador… y todos los que están alrededor y no hacen nada. #StopBullying #NoAlAcosoEscolar #PupitresLibres #toleranciaceroBullying

Diabetes y exámenes

Diabetes y exámenes

Cada persona se enfrenta a los exámenes de diferente manera, y los exámenes le afectan de manera distinta, tenga o no diabetes, estudie la asignatura que sea o tenga la edad que tenga.

Hay personas que prefieren estudiar en biblioteca, otras en casa, otras con resúmenes, otras desde el ordenador, a unas les provoca insomnio, a otras se les quita el hambre a otras les entra la ansiedad y no paran de comer, otras no se ponen nerviosas hasta unas horas antes del examen, otras lo pasan peor el día anterior etc.

Todo esto hace que la diabetes en época de exámenes nos afecte de diferente forma a cada uno.

En mi experiencia de veinte años de diabetes (desde los tres añitos hasta los 23, pasando por el colegio y la universidad) a mí me ayudaron varios trucos, como llevar siempre unos sobres de azúcar en el bolsillo o en el estuche, medirme la glucemia justo antes del examen, llevar una botella de agua al examen, ponerme un poco menos de insulina rápida en el desayuno (aunque estuviera alta porque sabía que justo al empezar el examen ya me relajaba y me bajaba), en cambio, la noche anterior ponerme un poco más de insulina rápida (porque siempre estaba alta).

Pero muchísimo más importante que los trucos es el aprender a ser paciente contigo mismo, y no dejarse llevar por el miedo o el agobio a tener subidas o bajadas.

Yo resumiría en dos ideas todo el trabajo emocional que hay detrás de cada persona con diabetes sea en época de exámenes, en el trabajo, en fiestas, en vacaciones y en mil situaciones más.

Diría que lo primero es luchar por adquirir el hábito de que te dé igual lo que piensen los demás y no permitirse pensamientos victimistas, ver la diabetes como algo normal, como una costumbre.

En un examen, a un amigo tuyo le puede empezar a sangrar la nariz y tiene que parar su examen hasta que se le pase o consiga un pañuelo, a otro que tenga alergia y no pare de estornudar, a otro que tenga catarro y no pare de toser…

¿Qué diferencia hay entre esos amigos y tú? Pues que ellos no se sienten diferentes porque todos los seres humanos estornudamos, tosemos etc. Pero tomar azúcar en medio de un examen o pincharse no. Por eso, una de las razones de que lo pasemos mal en algunas situaciones es por el modo en que vemos la diabetes. Todo depende la perspectiva en que lo veas y el hábito que vayas adquiriendo.

¡Todo depende de la perspectiva con la que tú ves tu diabetes! Intenta mostrar normalidad al hablar de ella. Siempre habrá gente que te dirá, qué horrible, y ¿cuántas veces te tienes que medir?, ¿y te tienes que pinchar siempre qué comas?. El desconocimiento es la causa. Enséñales que no eres diferente, que tienes unas limitaciones y que puedes hacer todo lo que te propongas. Diles que la diabetes no es para tanto, en cuanto expliques a grandes rasgos qué es, seguro que entenderán mejor. Simplemente tu cuerpo no fabrica insulina y por eso la insulina tiene que venir “de fuera” para poder metabolizar los hidratos de carbono, imprescindibles para sobrevivir.

Lo segundo, que está muy relacionado con el primer hábito es adquirir el hábito de priorizar nuestra salud, porque si hacemos esto, aprendemos a no tomarnos la diabetes como una enfermedad, sino como una costumbre.

Es decir, si estoy concentrada estudiando, pero necesito ir a por un pañuelo, paro lo que estoy haciendo, si necesito hacerme el control, paro lo que estoy haciendo… Parece sencillo, pero, al menos a mí, me ponía de muy mal humor tener que parar por culpa de la maldita diabetes, hasta que aprendí (y sigo aprendiendo después de tantos años) a tomármelo igual que si tuviera que parar porque tengo que bajar al perro o ir a por agua porque no paro de toser.

Esto se adquiere teniendo paciencia con uno mismo y con tiempo.

Me acuerdo en secundaria que cuando estaba estudiando y me notaba que me estaba bajando me sentaba tan mal tener que parar por la diabetes (y eso que no tenía ninguna gana de seguir estudiando) que me decía “sigo con esta hoja, y luego, ya como algo”. Y después, cuando ya había comido pero no conseguía memorizar nada porque aún estaba baja, me desesperaba echándole la culpa a la diabetes.

En selectividad, en la cola para entregar el DNI, mientras repasaba pensaba, “voy a ir al baño, y a rellenar la botella de agua antes del examen, y ahora sigo repasando”, pero me frustraba pensando también: “y encima yo por tener diabetes ( no como mis amigos) tengo que abrir el bolso, y además de sacar el DNI como todos, me tengo que medir la glucemia, porque no sé si me está bajando. Y si estoy baja, tendré que sacar las galletas del bolso y ponerme a comérmelas sin hambre mientras me intento leer los apuntes corriendo. Y si estoy alta aún peor tendré que sacar la insulina y ¡ya entonces sí que no me da tiempo ni a repasar!

En esos momentos me ayudaba pensar que no es para tanto, que cada uno tiene su agobio que si uno de mis amigos se ha dejado el DNI, que si otro se tiene que ir corriendo al baño porque está de los nervios, que si otro viene con fiebre porque se ha puesto malo ¡y todas estas cosas son mucho más estresantes que seguir una rutina, un hábito con tu diabetes!

Aprender a tomarme la diabetes con esta filosofía es lo que más me ha ayudado a controlarla, porque si vives los exámenes sin desesperarte por tu diabetes, sin ni siquiera planteándote que tienes diabetes, y lo haces todo como lo más normal del mundo, la diabetes será parte de tu vida diaria como lavarte los dientes.

Si te sube o te baja te medirás la glucemia con toda la tranquilidad del mundo, estés en tu clase, estés sólo o estés en una biblioteca porque tu rutina habitual. Si te sube o te baja por el estrés y te parece imposible hacer tus cálculos, serás paciente contigo mismo y seguro que lo harás lo mejor posible. Si comes por ansiedad, serás capaz de calcular correctamente tus raciones.

Insisto, sé paciente contigo mismo y no te olvides nunca de lo que vale todo el esfuerzo que haces por cuidarte.

Autora: Beatriz Corazón
Voluntaria de Asociación Diabetes Madrid

¿Cómo ayudo a mi hijo a asumir su diabetes?

Cómo ayudo a mi hijo a asumir su diabetes

En todo momento, tanto en el diagnóstico como más adelante, es muy importante que el niño perciba que se le valora independientemente del tener diabetes. Que vuestro hijo vea que estáis a su lado, tanto de forma física como emocional.

Es importante que os vea tranquilos, aunque estéis serios y preocupados. Resolvedle todas las dudas que le puedan surgir sobre su diabetes. ¿Qué es la diabetes? ¿Me voy a curar? ¿Por qué tengo yo diabetes?

Es normal que tengan dudas e incluso miedos que han de atajarse para evitar su sufrimiento. En este sentido es importante que exprese sus emociones, y para ello es fundamental que os pongáis en su lugar y tratéis de averiguar qué siente hablando con él. Si quieres saber cómo está tu hijo, pregúntaselo.

Además, hay que trabajar desde el principio para favorecer su futuro autocuidado, o lo que es lo mismo, la independencia de vuestro hijo en el cuidado de su diabetes. Y en este aspecto vuestro papel es fundamental. A continuación se incluyen una serie de pautas que pueden resultar útiles para posibilitar este objetivo:

  • Intentar que el estado emocional y las conductas de los padres no repercutan en la dinámica familiar. En este sentido, es importante que el resto de los hermanos no sientan que ahora ya no se les hace tanto caso como antes, dando lugar a algunos desequilibrios dentro de la familia (por ello en algunas ocasiones un hermano puede transmitir el deseo de tener diabetes). Habría que tratar al niño con diabetes como a uno más dentro de la familia.
  • Es necesario que os desahoguéis tras el impacto del diagnóstico, que os permitáis sentir y expresar todo tipo de emociones (tristeza, ansiedad, preocupación, ira), esto es bueno y ayuda a asimilar la nueva situación. Por otro lado, es muy importante que vuestro hijo perciba normalidad y para ello se ha de evitar que presencie este tipo de estados emocionales negativos. De esta manera, se evitarán preocupaciones y culpabilidades innecesarias.
  • Apoyo social, es importante que lo busquéis en médicos, educadores, psicólogos, que os puedan ayudar a resolver las dudas de cualquier tipo que os plantee la enfermedad, y, por supuesto, una vez más, continuar con la vida tal y como era antes del diagnóstico.
  • No hay que dejarse abrumar por los conocimientos previos sobre la enfermedad, así como las opiniones de personas que puedan tener un conocimiento muy limitado sobre la diabetes y que no suele corresponderse con la realidad. Por eso es importante que cualquier tipo de duda sea consultada con el equipo diabetológico.
  • En la medida de los posible, intentar continuar realizando las mismas actividades, trabajos, tareas y pasatiempos que realizabais antes del diabgnóstico, pasa así normalizar la nueva situación y distraeros antes los pensamientos obsesivos que puedan surgir acerca de la enfermedad.

Si a vuestro hijo le acaban de diagnosticar, hay que darle (y daros) tiempo, intentando aprender con serenidad y poco a poco sobre el tratamiento. Es aconsejable que ambos padres compartan el aprendizaje, así como con otros familiares que os puedan ayudar en el tratamiento. Hay que volver cuanto antes a hacer vida normal y pensar que tanto vosotros como vuestro hijo, conserváis muchísimo más d elo que habéis podido perder.

Y los padres ¿Cómo podemos ayudarnos en estos primeros días?

El momento del diagnóstico es difícil, duro y pesado, ya que supone una alteración de la salud de una de las personas que más queréis, vuestro hijo. No obstante, hay algunas ayudas para sobrellevar estos días de la mejor manera posible.

  • Si tenéis ganas de llorar, llorad. Es lógico que tengáis ganas de hacerlo. Eso sí no delante de vuestro hijo, pues sentirían que la situación os desborda y se alarmaría pensando que esto es más grave de lo que parecía, generándoles mucha inseguraidad y miedo sobre lo que les ocurre.
  • No te quedes con dudas. No tengas miedo a preguntar, comparte lo que sientes y piensas. Esto ayuda a ordenar las ideas para poder tomar decisiones.
  • Date un tiempo prudencial. Te lo puedes permitir y además es necesario. Date un tiempo para aceptar la nueva situación familiar.
  • Es normal que te equivoques: permítetelo. Esto es un proceso de aprendizaje. Si te equivocas, la próxima vez ya sabrás cómo actuar. Tiene una glucemia de 300… y piensas…”¿Por qué no le puse más unidades de insulina para tomar el bocadillo?”
  • Aprende poco a poco. El aprendizaje en ese momento del debut es exclusivamente el de supervivencia. Todo lo demás deberá ser progresivo.

Olga Sanz Font

Psicóloga A.D.M.

La autoestima en los adolescentes

La autoestima en los adolescentes

Con el término de “Autoestima” se hace referencia a la idea que cada uno tiene de su propia valía. Se construye con todos los sentimientos, pensamientos y comportamientos que se desarrollan a lo largo de la vida, especialmente en la adolescencia.

Un dato importante a tener presente es que no sólo se refiere a los éxitos que uno alcance o no sino que, además, se asocia al valor que cada uno otorga a sus logros en referencia a las pretensiones que tenía.

En este sentido, es relativa. Una HbA1c de 7,2 puede ser valorada como un gran logro para Juan (“soy un as”), mientras que para Laura, que aspiraba a tener 6,5, el resultado de la analítica le entristezca (“soy torpe, nunca lo conseguiré”).

Pero más allá del episodio puntual, conviene que sepas que la autoestima influirá en cómo el/la adolescente se enfrentará a las distintas demandas de la vida. Todos tendemos a comportarnos según lo que creamos que podemos hacer. En el caso de Juan, que se siente capacitado y satisfecho, es fácil que se proponga nuevos retos (“A ver si la próxima analítica es aun mejor. Sé que puedo”), mientras que  Laura, que no valora sus logros porque no siente que se sean tales quizás le resulte difícil enfrentar nuevos retos.

En esa configuración de la propia valía, la diabetes puede interferir menoscabándola por lo que conviene estar atentos a su evolución.

La relación del adolescente con su cuerpo

Cuando se inicia la pubertad se acelera el desarrollo del cuerpo y los cambios se suceden de una manera tan sorpresiva que, incluso a su propio dueño le cuesta reconocerlo como suyo.

Pero además lo hace de una forma disarmónica. ¡Nada de crecer todo a la vez! Eso provoca que, además de no reconocerse, el /la adolescente se vea feo (deforme).  Así que dedican bastante tiempo a “camuflar” lo que consideran sus defectos.

El chico con diabetes constantemente tiene que estar exhibiendo su cuerpo: “Enséñame cómo llevas el catéter”; “a ver las yemas de los dedos”; “¿por qué no te pinchas en la pierna?”; “¿dónde escondes el infusor?”…

Por si eso fuera poco, hay que sumar las visitas al endocrinólogo en las que se ve sometido de forma periódica a una exhaustiva revisión: tensión, pulso en los pies (que no hay manera de que no huelan), inspección las zonas de inyección…

Todos atentos a ese cuerpo del que, todavía, no se ha hecho amigo y que no puede ocultar como le gustaría.

Pero además ese cuerpo al que se refieren tiene “una tara” y además imposible de arreglar: un páncreas que no funciona. Así es elevado el riesgo de que se centren en los aspectos negativos, en lo “roto” y se definan por ese detalle como un SER diabético y no como un TENER diabetes.

Por supuesto no ayuda el hecho de la gran dificultad que se tiene para procurar que las glucemias estén dentro del rango deseado. A veces es consecuencia de alguna que otro desliz con la comida, algún que otro olvido de inyectarse insulina en el recreo, pero otras lo son fruto de la “tormenta de hormonas” en la que está atrapado. A ello se le une una colección de hipoglucemias de lo más inoportunas (en medio de un partido de baloncesto, en la cola de las entradas del cine o cuando por fin “ella” había accedido a bailar).

¿No es motivo suficiente? Pues añadamos la cantidad de determinaciones glucémicas que debe realizarse, las inyecciones de insulina, tener que portar un aparato del que depende su vida, las restricciones, los horarios…

No es difícil pensar que puede haber cierta tendencia a percibirse como un ser enfermo y odiar aquello que le limita. Pero como es imposible huir puede acabar haciendo una valoración negativa de sí mismo: “¡NO ME QUIERO ASÍ!”.

El pensamiento adolescente

Otra de las características de la adolescencia que puede jugar en contra por el hecho de tener diabetes es la capacidad que se tiene de interrogarse sobre uno mismo, sobre el entorno y la posibilidad de imaginarse en el futuro.

En este sentido, muchos adolescentes con diabetes se preguntan: ¿Por qué a mí?; ¿Se podría haber evitado? Pero las respuestas que ofrece la ciencia son vagas e imprecisas. Hay otras mucho más difíciles de responder aún y son aquellas referidas al futuro tales como: ¿Me querrán a pesar de mi diabetes?, ¿Podré ser lo que desee?, ¿Qué futuro me espera?, ¿Tendré cómo me están advirtiendo problemas con la retina?

Lo social también importa

El tercer aspecto que tiene la diabetes que puede provocar que el adolescente desarrolle una autoestima más negativa de lo deseable, es el factor relacional.

Es sabido que los adolescentes tienden a evitar el hacerse notar en su grupo de referencia. Evitan sobre salir por debajo o por arriba: ni demasiado inteligentes, ni demasiado poco, ni demasiado osados ni recatados. Sin embargo la diabetes constantemente provoca que todas las miradas se centren en él (si se mira el azúcar, si se come un azucarillo a “deshoras”, si tiene que orinar constantemente, si debe inyectarse insulina antes del bocadillo…).

De nuevo esa circunstancia puede hacer que el/la adolescente con diabetes se odie por tener que acarrearla.

¿Todos los adolescentes con diabetes tienen la autoestima baja?

Por supuesto la respuesta es NO. Por ello conviene revisar cuáles son los factores que protegen de una baja autoestima.

En muchos manuales se mencionan cuatro aspectos principales que afectan positivamente a la autoestima. Estos son:

1) Vinculación. Sentirse perteneciente a su grupo de amigos ya lo tiene. Pero darle la oportunidad de sentirse entre iguales respecto a la diabetes también ayuda. Por ello conviene fomentar encuentros entre adolescentes que tengan como distintivo la diabetes. Son espacios que propician la ventilación emocional donde el joven puede sentirse completamente entendido en uno de los aspectos centrales de su vida.

2) Singularidad: El adolescente con un sentido de la singularidad sabe cuáles son sus cualidades y atributos especiales. Respecto a la diabetes, además de la parte negativa de tenerla, no se debería obviar que ellos, desde edades muy tempranas han tenido que asumir responsabilidades mayores que otros niños de su misma edad. Han aprendido a contar raciones, a manejar medicaciones peligrosas, a desarrollar destrezas para inyectarse… Esos también son elementos de valor singular que aporta el hecho de tener diabetes. De poder elegir, todos preferiríamos no tenerla, pero ya que está… valoremos lo que aporta de positivo.

3) Ser capaz: Para poseer una autoestima positiva, la persona debe disponer de recursos, oportunidades y capacidades para poder dirigir su propia vida.

La diabetes permite (obliga) a tomar decisiones constantemente y a resolver problemas sobre la marcha. Una adecuada educación diabetológica y un desarrollo de las competencias oportunas, harán que el adolescente se sienta capacitado para afrontar su vida con diabetes de forma eficaz.

4) Disponer de modelos de referencia: Todos necesitamos modelos que nos sirvan de referencia para configurar nuestra vida. A los adolescentes con diabetes les facilita comprobar cómo otras personas con la misma patología han logrado lo que a ellos les gustaría alcanzar.

No me refiero exclusivamente (aunque también) a grandes deportistas, actrices etc., sino también personas de un mundo más cercano al suyo, del cotidiano. Hombres y mujeres para los que la diabetes es una compañera más o menos incómoda pero con la que se puede gestionar una vida plena.

En resumen, conviene atender los focos de riesgo recordando que hay estrategias que pueden ayudar a cualquier persona con diabetes a evitar que la patología mine su autoestima. Al contrario, el enfoque adecuado es reflexionar sobre cómo el hecho de tener diabetes puede ser una oportunidad para desarrollar fortalezas personales.

Iñaki Lorente

Psicólogo

Máster en Relación de Ayuda y Counselling

Calendario de revisiones en niños y jóvenes

Calendario de revisiones
  REVISIONES PERIÓDICAS FRECUENCIA
Retinopatía A los 10 años o al inicio de la
pubertad si ésta ocurre antes.
Tras 2-5 años de evolución de
la DM
Anual
Nefropatía A los 10 años o al inicio de la
pubertad si ésta ocurre antes.
Tras 2-5 años de evolución de
la DM
Anual
Enfermedad macrovascular A los 10 años
– Medición Tensión Arterial
– Perfil lipídico

Anual
Cada 5 años

Alteración del crecimiento Al debut Al menos anual
Sobrepeso Al debut Al menos anual
Función tiroidea Al debut Cada 1 – 2 años (más frecuente si hay alteración)
Celiaquía Al debut Cada 1 – 2 años (más frecuente si hay alteración)
Lipohipertrofia En la primera visita En cada visita
Déficit de vitamina D Al debut Anual

Fuente: www.pediatriaintegral.es

El adolescente mal comedor

El adolescente mal comedor

 

—Doctor, mi niño no me come.

—Pero oiga…

—¿Qué?

—Pues que su “niño”… cumple este año 15 primaveras…

La temida “aborrescencia” siempre llega, aunque nosotros sigamos viendo a nuestro pequeño bebé, a ese mocosillo al que conseguíamos hacer desternillarse de risa con una pedorreta en la tripa. Y aunque nos digan eso de “¡Papá! ¡Por favor! ¡Qué vergüenza!”, pues no lo vemos. No queremos creer que, definitivamente, están creciendo. Tampoco ellos son plenamente conscientes de que están en un camino de transición, y sin retorno, hacia la vida del adulto. Claro, en esta situación, ¿cómo no van a surgir tensiones, diferencias, broncas y discusiones? El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

A esta tormenta hormonal le vamos a añadir la preocupación por el aspecto físico, la alimentación y la diabetes. Lo ponemos 5 minutos a máxima velocidad en la Thermomix y nos sale un huracán incontrolable, un alud interminable, un tsunami de violencia insaciable.

Un ejemplo de los pensamientos de un adolescente estándar podría ser:

—Tengo que vigilar mi físico. María se fija mucho más en Víctor que en mí. ¡Malditas gafas! Tengo que convencer a mi madre para que me compre ya las lentillas, y mañana mismo me apunto al gimnasio. Quiero mi tableta de chocolate. Pero claro, si quiero la tableta aquí abajo, por arriba nada más de chocolate. Está rico, sí, pero ahora yo ya soy mayor, y puedo elegir y controlar lo que como. Sin embargo, ¡malditas hipoglucemias! Cada vez que consigo bajar 2 kilos me viene una de mis bajadas, arraso con la nevera y vuelvo a coger los gramos perdidos. Así no hay manera…

Otro ejemplo, radicalmente distinto, sería:

— ¿Por qué brócoli otra vez? ¿Por qué? ¿Por qué me odian mis padres? ¡Si yo tengo una línea perfecta! No necesito coliflor. Si huele mal al cocinarla, por algo será. Yo ya no soy un niño, yo ya puedo elegir lo que quiero comer y lo que no. Se acabó eso de que mis padres decidan por mí, salvo lo de las unidades de insulina que me tengo que poner, que eso mi madre lo hace como nadie.

Ambos pensamientos, ¿son normales? ¡Pues claro que sí! Propios de la edad, e incluso de algunos adultos, de esos a los que les cuesta crecer. Entonces, ¿qué podemos hacer? Pues entenderles, acompañarles, aconsejarles, reírnos con ellos, tomarlo con naturalidad y explicarles que nosotros “ya hemos pasado por allí”. Los adolescentes quieren ser adultos pero sin adquirir las responsabilidades de las decisiones que toman. Sin embargo, todos terminamos siendo víctimas de nuestros malos juicios y triunfadores de nuestras sabias elecciones. Eso debe comprender un adolescente. A veces, el error puede ser una buena forma de aprender.

¿No quieres pescado? Tú mismo. ¿No quieres verdura? Allá tú. ¿No quieres comer a pesar de haberte puesto ya la insulina? Hablamos en una hora, mientras devoras las galletas. ¿Te vas a alimentar solo a base de comida basura? Hablamos en un mes, cuando no quepas por la puerta de casa. Tienen toda la vida para aprender. Dejemos que, de vez en cuando, se equivoquen.

¿Cuándo sí debemos preocuparnos? Cuando aparezcan los signos y los síntomas de los trastornos de la conducta alimentaria, fácilmente identificables (si queremos, pues los padres muchas veces somos los primeros que no queremos ver la verdad ante nuestros propios ojos). En la actualidad, estos trastornos continúan siendo hasta 10 veces más frecuentes en mujeres, por lo que máxima atención para los que tengamos niñas.

La bulimia nerviosa es, tras el asma y la obesidad, la tercera enfermedad más prevalente en la adolescencia: afecta hasta un 2% de chicas adolescentes:

  • Si nuestra hija o hijo se da atracones de comida (sin hipoglucemia mediante) y posteriormente se dirige inmediatamente al cuarto de baño y se encierra, ojo.
  • Si sale inmediatamente a correr una maratón para perder el exceso de calorías ingerido, ojo.
  • Si luego se pasa dos días enteros sin querer comer nada, ojo.

La anorexia nerviosa es más conocida, aunque menos frecuente, afectando a un 0,5-1% de las adolescentes. Sin embargo, un dato preocupante es que hasta un 50% de los jóvenes entre 15 y 16 años creen que su peso es elevado y desean reducirlo:

  • Si nuestra hija o hijo es una estudiante modelo, cuya nota más baja desde la escuela infantil ha sido un notable alto, y además muestra continuamente rechazo a su imagen corporal, ojo.
  • Si come muy despacio, jugando continuamente con los alimentos para que la hora del almuerzo pase de forma desapercibida y disuelta en más de 8 vasos de agua, ojo.
  • Si entre sus amigas hay una competición no oficial por comprobar quién pierde más peso en poco tiempo o quién tiene la figura más esbelta, ojo.

Si hay una pérdida de peso superior al 5% del peso habitual en un plazo de 6 a 12 meses, y no ha sido voluntaria, acuda a su médico. Quizá estemos ante algún problema de salud.

En cualquier otra situación: sonría, eduque y disfrute de la adolescencia de su hijo. Usted también la pasó.

Dr. Roi Piñeiro Pérez

Jefe Asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba

 

Diabetes y adolescencia, ¿cómo puede afectar el cambio hormonal?

diabetes y adolescencia

Diabetes y adolescencia puede ocasionar un difícil cóctel.

La pubertad es una etapa complicada en la vida de las personas, en la que se producen importantes cambios hormonales, psíquicos y sociales. Estos cambios van a influir en el control de la diabetes.

Los hormonales afectan los niveles plasmáticos de glucosa, al aumentar su producción y/o disminuir su consumo, modificando los requerimientos de insulina. Los cambios hormonales también pueden producir cambios en la actitud del adolescente ante determina-das situaciones cotidianas, alterando el control de la diabetes. En esta etapa de la vida, los padres dejan de ser el modelo a seguir para pasar a serlo el “grupo”, es decir el resto de los adolescentes. Por la amplitud del tema, en este artículo nos limitaremos a comentar los principales cambios hormonales que se producen durante el desarrollo de la pubertad y como éstos influyen en la glucemia y en los requerimientos de insulina.

La hormona del crecimiento produce una clara resistencia a la insulina

Durante la pubertad se producen múltiples cambios hormonales, siendo los más relevantes los relacionados con la hormona de crecimiento, los corticoides y las hormonas sexuales. Uno de los cambios hormonales que mayor repercusión tiene en el control o descontrol de la glucemia son los relacionados con la hormona de crecimiento. Esta hormona no sólo afecta el crecimiento sino que también produce una resistencia a la insulina, es decir que a medida que se incrementan los niveles plasmáticos de hormona de crecimiento, en paralelo se produce un aumento en los requerimientos de insulina. La hormona del crecimiento produce una resistencia a la insulina. Al incrementar los niveles plasmáticos de hormona se requiere más insulina. Sin embargo la secreción de hormona de crecimiento presenta unas características especiales, como son el hecho de que no se produce de forma continua sino que su secreción tiene lugar en forma de picos, es decir que en un momento determinado los niveles de hormona de crecimiento pueden ser muy bajos y a los pocos minutos pasar a ser muy altos. También conviene destacar que los picos de hormona de crecimiento son especialmente abundantes de madrugada y en las primeras horas de la mañana.

¿Cómo van a repercutir estos cambios en el control de la glucemia?

Ante unos mismos niveles plasmáticos de insulina, un aumento en los niveles plasmáticos de hormona de crecimiento produciría una elevación de la glucosa plasmática. El hecho de que la hormona de crecimiento presenta sus niveles más elevados durante la madrugada y a primeras horas de la mañana provoca que las personas con diabetes presenten hipergluce- mias por la mañana. Los niveles de hormona de crecimiento varían mucho, dando lugar a que unos días se levanten con glucemias altas y otros con glucemias normales o incluso bajas, esto sucedería los días donde los niveles de hormona de crecimiento sean bajos. Estas oscilaciones matutinas de la glucemia son muy difíciles de controlar, llegando a producir una cierta desazón en el adolescente, al verse incapaz de controlar la glucemia a pesar de realizar múltiples esfuerzos. Es importante que el adolescente sepa que es un efecto transitorio y que pasada la pubertad los efectos de la hormona de crecimiento son más leves.

Los corticoides son otras hormonas con efectos hiperglucemiantes (producen resistencia a la insuina, así como un aumento en la producción hepática de glucosa) que también aumentan durante la adolescencia. Al igual que sucedía con la hormona de crecimiento los niveles plasmáticos de corticoides varían a lo largo del día, si bien en este caso no lo hacen en forma de picos, sino siguiendo un ritmo circadiano, donde los niveles son más elevados durante la madrugada y primeras horas de la mañana y presentan sus niveles más bajos por la tarde y primeras horas de la noche. Este fenómeno también está relacionado con las hiperglucemias que tienden a producirse en las primeras horas de la mañana en los pacientes con diabetes.

En resumen podemos ver que durante las primeras horas de la mañana tienen lugar una serie de cambios hormonales que favorecen la hiperglucemia, el hecho de que estos cambios sean irregulares, es decir que un día a una hora determinada podamos tener unos niveles de hormona de crecimiento de 30 ng/ml y de cortisol de 20 μg/dl , mientras que al día siguiente los niveles de hormona de crecimiento pueden ser de 3 ng/ml y los de cortisol de 10 μg/dl, por poner un ejemplo, dará lugar a que un día el paciente se levante con una glucemia de 300 mg/dl y el siguiente con 80 mg/dl. Ante una situación de estas características poco podemos hacer, tal vez los más importante es conocer que estos efectos son temporales y que con el paso de la pubertad tienden a desaparecer o disminuir, siendo mucho más leves en la edad adulta.

Es más frecuente que aparezcan hiperglucemias antes de la menstruación, debido al aumento de progesterona

Las hormonas sexuales también pueden afectar los niveles plasmáticos de glucosa, aunque en este caso sus efectos no son tan directos sobre el metabolismo de la glucosa como en los cambios de humor. Los cambios de humor, la rebeldía permanente que suelen presentar algunos adolescentes, son en parte debidos a la presencia de hormonas sexuales y son los responsables de algunas de las oscilaciones en los niveles de glucosa que presentan dichos adolescentes. En el caso de las niñas y ya en fases más avanzadas de la adolescencia, los cambios cíclicos de las hormonas sexuales pueden afectar la glucemia, especialmente antes de la menstruación, cuando los niveles de progesterona son muy altos, dando lugar a resistencia a la insulina e hiperglucemia. Por ello en muchas adolescentes los días previos a la menstruación hay que aumentar la dosis de insulina, esto es relativamente sencillo en aquellas mujeres con menstruaciones muy regulares, pero puede ser más complicada en aquellas con ciclos más irregulares.

En resumen, en estas líneas hemos intentado poner de manifiesto como los cambios hormonales asociados al desarrollo de la adolescencia pueden afectar los niveles plasmáticos de glucosa, también hemos mostrado que por la forma cíclica, circadiana y/o pulsátil que tiene los niveles en sangre de estas hormonas hacen difícil controlar sus efectos sobre los niveles de glucosa en sangre. Afortunadamente, en la vida de las personas, la pubertad es un espacio de tiempo, siéndolo también algunos de los mencionados cambios hormonales.

Autor: Dr. Bartolomé Bonet

Fuente: Revista Entre Todos nº 71


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