Acuerdo de colaboración entre ADM y ADAP (Asociación de Diabéticos de Alcorcón y Periferia)

Acuerdo de colaboración entre ADM y ADAP

Asociación Diabetes Madrid ha firmado un acuerdo de colaboración con la Asociación de Diabéticos de Alcorcón y Periferia (ADAP). 

Los socios y las personas con diabetes tipo 1 que estén interesados serán atendidos directamente por ADM. Las dos asociaciones han acordado celebrar actividades de formación, divulgación e información en el ámbito municipal de Alcorcón, así como compartir todas las actividades organizadas por nuestra asociación para la participación de las personas que estén interesadas, haciéndoles llegar toda la información necesaria.

Igualmente se facilitarán ejemplares de la revista Entre Todos para que ADAP decida su distribución.

Un acuerdo que nos llena de satisfacción y que abre nuevos horizontes de colaboración para caminar juntos persiguiendo nuestros principales objetivos de acompañar, educar, informar y defender a las personas con diabetes. 

Personal de enfermería, protagonistas en el Día Mundial de la Diabetes 2020

Personal de enfermería

Mañana sábado 14 de Noviembre, se celebra el Día Mundial de la Diabetes, el tema elegido por la IDF (International Diabetes Federation) este año es Personal de enfermería: Marcando la diferencia en el cuidado de la diabetes. El objetivo de esta campaña es concienciar sobre el papel fundamental que desempeña el personal de enfermería en el apoyo a las personas que viven con diabetes. 

Según informa la OMS, actualmente el personal de enfermería representa el 59% de los profesionales sanitarios y se considera que es necesario aumentar ese porcentaje para 2030. Son precisas la formación y preparación de nuestros profesionales para ayudar a las personas con diabetes, para lo cual tiene que ser imprescindible invertir en una mejor educación y destinar para ello la financiación suficiente para conseguirlo.

Entre otras razones expuestas por la IDF es que el número de personas con diabetes sigue en aumento a nivel mundial, con lo cual el papel de los enfermeros y enfermeras cada vez es más importante en gestionar el impacto de la enfermedad. En el diagnóstico de una diabetes en muchas ocasiones es el primer profesional con el que la persona interactúa de una manera más directa, de quien recibe los pasos a seguir en el día a día con lo cual su cualificación, atención y tratamiento iniciales son fundamentales para tratar, ayudar y educar a la persona que se le acaba de diagnosticar.

En el mensaje de este año se destaca el papel clave del personal de enfermería en el diagnóstico temprano que asegure un tratamiento adecuado, ofrecer tanto apoyo en el autocontrol como en los aspectos psicológicos con el fin de evitar complicaciones y abordar los factores de riesgo de diabetes tipo 2 para ayudar a prevenirla.

Por tanto el esfuerzo de este año se resume en conseguir el reconocimiento por parte de los gobiernos, para que promuevan el papel de los profesionales sanitarios invirtiendo en educación y formación con el fin de dotarles de la experiencia necesaria y así marcar la diferencia para las personas que tienen diabetes.

Día Mundial de la Diabetes

Menopausia y diabetes

Menopausia y diabetes

La menopausia significa el cese definitivo de la actividad ovárica y por tanto, de la menstruación. La edad media de aparición de la menopausia son los 50 años, ocurriendo en la mayoría de los casos entre los 45 y 55 años. También existe la menopausia artificial o secundaria a cirugía con extirpación de ambos ovarios, radioterapia o quimioterapia.

En los últimos años se observa un interés científico creciente relacionado con la menopausia, debido a que, al aumentar la expectativa de vida de forma significativa, las mujeres pasarán más años en este período y es importante no solo vivir más años, sino hacerlo con una calidad de vida adecuada. Por ejemplo, en España la expectativa de vida de las mujeres es de 83 años, por lo que, en promedio, cada mujer vivirá en este periodo 33 años, lo que representa el 40% de la vida.

En España hay más de 22 millones de mujeres, y según datos del INE, de ellas, más de 8 millones tienen 50 años o más. Si tomamos en cuenta la prevalencia de la diabetes para las mujeres de ese grupo de edad, en España tendríamos aproximadamente 1 millón de mujeres con menopausia y diabetes.

Durante la vida fértil de la mujer, el ovario produce óvulos y hormonas entre las que destacan los estrógenos. Con la llegada de la menopausia, en el ovario dejan de producirse estrógenos, como consecuencia tenemos el cese de las menstruaciones, la imposibilidad de embarazarse, sofocos, irritabilidad, insomnio, tendencia a la depresión, dificultad en la concentración, disminución de la apetencia sexual, sequedad vaginal, cambios en la piel y en las uñas, tendencia a aumentar de peso, y disminución de la masa ósea (más tendencia a la osteopenia y osteoporosis).

Estas repercusiones no son bruscas sino que van apareciendo de forma solapada y con distinta intensidad en cada mujer.

La Perimenopausia incluye este período previo a la menopausia instaurada definitivamente y el primer año tras la misma.

Tratamiento de la menopausia.

La finalidad de establecer un tratamiento en la menopausia viene dado por dos motivos:

a) El tratamiento de los síntomas (por ejemplo: sofocos) y

b) Prevención de las consecuencias debidas al déficit hormonal (por ejemplo: osteoporosis).

Al plantearse la necesidad de un tratamiento durante la menopausia, no podemos olvidar que el déficit hormonal, tiene repercusiones diferentes en cada mujer, lo que obliga a individualizar los tratamientos.

Pero no todas las mujeres necesitarán tratamiento hormonal, algunas de ellas solo requerirán de recomendaciones higiénico-dietéticas. En las mujeres que pueden beneficiarse del tratamiento farmacológico, habrá que estar seguros de que no tienen contraindicaciones para la medicación.

En los últimos años, se ha avanzado mucho en el estudio de las hormonas ováricas, como administrarlas, en la seguridad de estas y como obtener el máximo de efectos beneficiosos con dosis bajas.

Tenemos cuatro tipos de tratamientos:

1) Tratamiento Hormonal. El tratamiento hormonal mejora el déficit de hormonas producido por el cese de funciones de los ovarios, mejora los sofocos, los sudores que impiden dormir, el sueño vuelve a ser profundo y relajante, dando lugar a una mejora del estado de ánimo, la piel y las mucosas dejan de estar secas, lo que proporciona de nuevo una relación sexual satisfactoria, evita que el hueso continúe perdiendo calcio, y favorece que se recuperen valores de densidad mineral ósea.

La indicación del tipo de tratamiento hormonal se divide en dos grandes grupos: el uso de estrógenos y progestágenos combinados, utilizados en pacientes que conservan su útero, y el uso de estrógenos solos, en pacientes que han sido sometidas a una intervención para extraerle el útero.

Contrariamente a lo se piensa, este tratamiento no hace crecer vello, ni aumentar el peso, al contrario, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye la tendencia a la hiperglucemia y al aumento de peso. Una de las cosas que más preocupan a las mujeres es el incremento de riesgo de cáncer de mama, pero la diferencia entre los 2 grupos con respecto a las pacientes que no reciben hormonas es tan pequeña que en prácticamente no es significativa, y lo explicamos a continuación con el siguiente esquema.

Grupo 1

Grupo 2

Grupo3

1.000 Mujeres

1.000 Mujeres

1.000 Mujeres

SIN tratamiento Hormonal

Tratamiento con  Estrogenos y Progestagenos (Pacientes Con útero)

Tratamiento solo con Estrogenos (Pacientes Sin útero)

Tendrán cáncer de Mama

3 mujeres

3.8 mujeres

2.6 mujeres

Conclusiones

No tomar hormonas, no les excluye de tener cáncer de mama.
 (3 de cada 1.000 mujeres)

Tomar  Hormonas  solo incrementa  el riesgo de cáncer de mama respecto al Grupo 1, en 0,8mujeres  por cada 1.000 mujeres que reciben tratamiento (menos de 1 mujer por cada 1.000 mujeres que toman tratamiento)

Disminuye el riesgo de cáncer de mama respecto al Grupo 1, en 0.4 mujeres por cada 1.000 que reciben tratamiento

 

Tendrán menos  cáncer de Endometrio que en el Grupo 1

 

 

Tendrán menos Osteopenia y Osteoporosis que en el Grupo 1

Tendrán menos Osteopenia y Osteoporosis que en el Grupo 1

Sin embargo, no todas las mujeres pueden someterse a este tratamiento. Es necesario hacerse una revisión ginecológica a fin de comprobar que no existe enfermedad alguna en la paciente que desaconseje el tratamiento.

2) Moduladores selectivos de los receptores estrogénicos (conocido también por el acrónimo en inglés SERM) son fármacos que tienen efectos similares a los estrógenos en ciertos tejidos, mientras que inhiben su acción en otros. Son particularmente útiles para evitar la descalcificación de los huesos y la lubricación vaginal, pero no controlan otros síntomas, como los sofocos. Actualmente, algunos de estos medicamentos ya vienen combinados con estrógenos.

3) Los Fitoestrógenos. Son derivados de plantas biológicamente activas, se encuentran en muchos alimentos, como las legumbres, las hortalizas y los cereales. Ayudan a eliminar o disminuir los síntomas como sofocos, o insomnio, pero solo en el 50% de las pacientes. Las dietas no suelen contener una cantidad suficiente de fitoestrógenos, por lo que a menudo se administran en concentrados.

4) Medicamentos que mejoran  la descalcificación de los huesos. Son medicamentos  que ayudan a que se fije el calcio a los huesos, pero no tienen ningún efecto beneficioso  sobre otros síntomas  durante la menopausia. Habitualmente se asocian a la toma de suplementos de  Calcio y Vitamina D.

Recomendaciones

Es necesario poner más atención a los hábitos nutricionales,  hacer ejercicio, dejar de fumar, cumplir con el tratamiento farmacológico habitual adecuadamente  y que el médico revise si es necesario algún ajuste. Por supuesto, es indispensable visitar al ginecólogo, para comentar los síntomas que presente y donde poder evaluar los posibles  tratamientos específicos para la menopausia. 

Es muy importante comprender que es una etapa de la vida, en la que hay cambios, pero si nos  adaptarnos a ellos,  podremos tener  una vida plena y satisfactoria.

Dra. Rosa Mary Baldonedo (Endocrinología)

Dr. Héctor Barahona (Ginecología)

Dieta en el embarazo con diabetes

Dieta en el embarazo con diabetes

El embarazo es una etapa en la que se desencadenan una serie de cambios fisiológicos, metabólicos e incluso morfológicos en la madre encaminados a proteger, nutrir y permitir el desarrollo del feto. Así, los hábitos alimentarios de la mujer embarazada serán un pilar fundamental a lo largo de los nueve meses de gestación.

Se pueden dar 2 casos: que la madre tenga diabetes antes del embarazo, o bien, desarrollar un tipo de diabetes propia del embarazo conocida como diabetes gestacional. Para ambas situaciones, existe un denominador común: control adecuado de la diabetes acompañado de unos hábitos saludables de alimentación.

Alimentación óptima durante el embarazo

La alimentación durante el embarazo debe ser completa, variada y suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales de la madre y el feto.

Dichas necesidades se encuentran aumentadas, así como los requerimientos energéticos. Esto se produce para cubrir las necesidades propias de la madre, asegurar las demandas del feto, preparación para un parto óptimo y para el almacén de energía en el momento de la lactancia. Las necesidades energéticas de la madre dependerán del estado nutricional pregestacional.

Una alimentación óptima estará basada en el consumo de frutas, verduras y hortalizas, pescados, carnes magras, huevos, frutos secos, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra y la bebida principal será el agua. Estos alimentos ayudarán a asegurar un aporte adecuado de vitaminas y minerales que tienen gran relevancia durante el embarazo.

En la siguiente tabla puedes encontrar los nutrientes necesarios y los alimentos donde puedes encontrarlos:

NUTRIENTE ALIMENTO DONDE SE ENCUENTRA
Hierro Carne de ternera, frutos secos, legumbres, sésamo y verduras de hojas verdes.
Calcio Lácteos y derivados, frutos secos, soja, verduras y hortalizas, tofu, semillas (lino, sésamo y chía).
Zinc Ostras, almejas, hígado, carne de vacuno, carne de pollo, queso, frutos secos y avena.
Yodo Sal yodada, algas, bacalao fresco, carne de pollo, legumbres, anacardos y brócoli.
Magnesio Frutos secos y legumbres.
Sodio Queso, pescado, carnes y verduras como el apio o acelga.
Folatos Verduras de hojas verdes, legumbres, frutas, frutos secos y cereales integrales como el centeno.
Vitamina B12 Vísceras, carne de vacuno y cordero, almejas, huevo y productos lácteos.
Vitamina C Frutas (cítricos) y verduras de hojas verdes.
Vitamina D Lácteos y derivados, huevo, pescado y ostras. Importante la exposición a la luz solar.
Fibra Frutas, verduras, hortalizas y legumbres.

En relación a la suplementación, se debe suplementar ácido fólico y hierro, debido a la dificultad para conseguir los requerimientos solo a través de la alimentación. En algunas mujeres, la suplementación de hierro puede ocasionar estreñimiento, por lo que para ello, se recomienda una mayor ingesta de alimentos ricos en fibra así como alimentos con alto contenido en vitamina C. Esta fibra también ayudará a disminuir la glucemia.

Además, se recomienda la suplementación de vitamina B12 en aquellas mujeres que llevan una alimentación vegetariana o vegana para evitar futuras anemias.

Precauciones alimentarias

A lo largo de la etapa del embarazo, se deben tomar algunas precauciones con ciertos alimentos para evitar complicaciones en el feto:

  • Evitar la ingesta de pescados de gran tamaño (pez espada, caballa, cazón, atún) y el marisco, debido a la acumulación de mercurio en su organismo procedente de la contaminación medioambiental.
  • El consumo de alimentos crudos durante el embarazo supone un riesgo de infección debido a que pueden estar contaminados por bacterias o parásitos que pueden llegar al feto. Por eso, se recomienda evitar la ingesta de leche cruda, quesos sin pasteurizar (quesos frescos, queso camembert, brie, roquefort o feta), huevos crudos, productos de charcutería (patés o foie-gras) y derivados del pescado crudos (sushi, salmón ahumado, caviar).
  • Limitar la ingesta de cafeína al día, sustituyéndola por café descafeinado o infusiones.
  • Lavar muy bien las frutas y verduras o también utilizar lejía para uso alimentario.
  • Eliminar el consumo de bebidas alcohólicas, incluyendo cerveza y vino.
  • Prestar especial atención a aquellos alimentos con alto índice glucémico, así como eliminar la ingesta de productos ultraprocesados ricos en azúcares.

Pautas alimentarias generales durante el embarazo

  1. Comer de manera lenta y tranquila.
  2. Emplear técnicas culinarias como cocinar al vapor, salteados, la plancha, papillotes, horno o hervidos para disminuir la pérdida de nutrientes que tiene lugar durante el cocinado de los alimentos.
  3. No es conveniente hacer regímenes de adelgazamiento.
  4. Llevar un control adecuado de los niveles de glucosa en sangre.
  5. Realizar actividad física moderada.

Actividad física: pieza clave en el embarazo

Un factor fundamental a lo largo del embarazo es la práctica de ejercicio físico, ya que mejora la condición cardiovascular y muscular, favorece la corrección postural y evita un aumento excesivo de peso, proporcionando a la embarazada una mejor condición física general y permitiendo enfrentarse al embarazo y al momento del parto con menos riesgos.

Además, podemos destacar los siguientes beneficios de la práctica de ejercicio:

  • Acorta la duración del parto y su recuperación.
  • Mejora la calidad del sueño.
  • Aumenta la masa ósea y muscular de la embarazada.
  • Mejora el estado anímico y autoestima.
  • Es el aliado perfecto para mantener una glucemia adecuada, ya que ayuda a reducir la hemoglobina glicosilada (HbA1c).
  • Aumenta hasta 50 veces la captación de glucosa por el músculo.
  • Reduce la presión arterial.
  • Mejora la regulación de la ingesta, de manera que mejora el control del hambre.

Pero, ¿qué tipos de ejercicios puede realizar la mujer embarazada? El más importante y recomendable es caminar, además de actividades dirigidas como pilates o natación. No obstante, este entrenamiento debe ser distinto y adaptado a las capacidades físicas que posea cada mujer.

Es muy importante mantener una buena hidratación no solo durante la práctica del ejercicio sino además a lo largo de todo el embarazo (2-3 L/día).

Por tanto, podemos confirmar que un adecuado control de la glucemia, una alimentación saludable y la práctica de ejercicio físico son los pilares fundamentales para llevar un embarazo óptimo y garantizar la salud tanto del feto como de la madre, para así evitar complicaciones y efectos adversos durante y tras la gestación.

Alicia B. Vergara
Dietista-Nutricionista A.D.M.

Menstruación y diabetes

Menstruación y diabetes

¿Quién dijo que era fácil vivir con diabetes?  Y si además eres mujer, pues más complicado todavía. Pero tranquilas, que conociéndonos y sabiendo cómo actuar, la diabetes se convierte en cotidiana, así que como no hay más remedio, vamos a ello.

No es difícil averiguar a qué nos referimos… el engorro mensual de nuestra menstruación. Si, ya de por sí, a todas las mujeres suelen afectar los cambios hormonales que se producen, a las mujeres con diabetes, como plus añadido a esta mezcla explosiva, nos queda la tarea de entender a nuestras hormonas, que también afectan a nuestras glucemias.  Ahí vamos a tener que estar preparadas para controlar los momentos más dulces y amargos  en esta época de cada mes.

Y de momento, ¡que me dejen como estoy!  porque cuando encima comienzas con los desajustes previos a la menopausia, de un mes sí, otro no, ciclos de 16 días y vas de sorpresa en sorpresa, entonces ya sí que no hay por dónde cogerlo.  

Centrándonos de nuevo en la menstruación, sabemos que en cada ciclo, nuestro cuerpo se prepara para la fecundación y esta estupenda preparación no se hace de otra forma más que con hormonas reguladoras de este periodo, hormonas que van a influir en nuestros niveles de glucosa en sangre dependiendo del día del ciclo en el que nos encontremos.

Menstruación y diabetes

Por tanto y como consecuencia inmediata de estas oscilaciones en modo montaña rusa arriba y abajo pues  habrá que ponerse manos a la obra a aumentar o disminuir nuestra pauta de insulina o medicación, ingesta de carbohidratos y actividad física.

Por lo general, después de la ovulación en la fase premenstrual suele aumentar la concentración de glucosa en sangre y cuando iniciamos el periodo la tendencia es que la glucosa nos baje. Y por qué? Pues porque somos así de complejas,  no nos íbamos a conformar con simplezas…

Resulta que los niveles de estrógenos y progesterona aumentan después de la ovulación ya que tienen que acondicionar las paredes de nuestros úteros para que se implante el óvulo. Y si no lo hace, pues otra vez vuelven a bajar como en la primera mitad del ciclo.  Así que habrá que prevenir todo esto ya sabiéndolo para intentar evitar hipo o hiperglucemias en la medida de lo posible.

Estrógenos y progesterona, pues eso, como la noche y el día, blanco y negro, el punto y la i, efectos contrapuestos absolutamente para hacerlo un poquito más complicado, más difícil todavía.

El efecto de los estrógenos en nuestro organismo es que las células sean más sensibles a la insulina, con lo cual cuando nuestros estrógenos aumenten nuestra glucosa en sangre se verá disminuida. Y la progesterona, para completar la fiesta, pues al revés. Esta hormona suele provocar una resistencia a la insulina, por lo tanto a nuestras células les va a resultar complicado utilizarla, así que la consecuencia no puede ser otra que el aumento del azúcar en sangre.

O sea, aclarando el revoltijo, que el aumento de nuestra glucosa se producirá en la semana anterior a la menstruación justo después de ovular y cuando empecemos con el periodo lo normal es que disminuyan los niveles.

Que quede claro que de todo ello hablamos en líneas generales, luego hay que ver la variabilidad de este patrón en cada una de nosotras.

Pues a pesar de que no cambio ser mujer por nada del mundo, en estos días no me importaría repartir la tarea… A pesar de estos días, de nuestros cálculos de raciones, controles frecuentes de glucemia, dolores pre y menstruales,  toma de analgésicos para ir a la universidad o al trabajo…, y ahí seguimos: fichando cada mañana, estudiando, hablando con los profes de los niños,  viajando por trabajo, recogiendo la compra del súper y lo que nos echen…

Menstruación y diabetes

¿Y que  encima haya quien nos diga que estamos histéricas? ¡No hay derecho!

Pilar de los Reyes

Redactora Jefe de la revista Entre Todos

Diabetes y embarazo

Durante el embarazo, y con el fin de garantizar el adecuado desarrollo, evolución y satisfacción de las demandas de energía del feto, se produce una serie de alteraciones fisiológicas a nivel metabólico en la madre que afectan sobre todo a los ácidos grasos y la glucosa. Se puede considerar que el embarazo es una “situación diabetógena”, es decir, que es capaz de generar diabetes, o una situación de resistencia/intolerancia a la insulina.

El embarazo supone modificaciones metabólicas, entre otras muchas:

  • Importantes cambios fisiológicos y anatómicos
  • Cambios en el metabolismo influidos por las hormonas placentarias:
    • Glucídico
    • Lipídico
  • Al inicio del embarazo aumenta la sensibilidad a la insulina porque:
    • Aumenta el almacenamiento de glucógeno
    • Aumenta la utilización de glucosa por el feto
    • Aumenta la utilización periférica de la glucosa
    • Disminuye la producción de glucosa por el hígado
  • Y al final del embarazo progresivo aumento de la resistencia a la misma por:
    • Hormonas gestacionales diabetógenas (lactógeno placentario, hormona de crecimiento, hormona liberadora de corticotropina, progesterona, prolactina, etc.)
    • Disminuir el ejercicio materno
    • Aumentar la cantidad de tejido lipídico materno
    • Aumentar la ingesta calórica

Si la madre no tiene diabetes, se produce un aumento en la secreción insulínica del páncreas que compensa esta resistencia. Si no se consigue normalizar el nivel de glucosa adecuadamente, se podrá desencadenar una diabetes gestacional o descompensar una diabetes pregestacional.

¿QUÉ TIPOS DE DIABETES PUEDEN COEXISTIR CON EL EMBARAZO?

La diabetes es la enfermedad metabólica más frecuentemente asociada al embarazo, ya sea porque la mujer ya tiene una diabetes previa (diabetes pregestacional tipo 1, tipo 2 u otros tipos de diabetes), ya porque desarrolle durante la misma una diabetes gestacional.

En cualquiera de estos casos, hay que controlar adecuadamente la diabetes, ya que repercutirá en el feto y en el recién nacido. Al conjunto de embarazo y diabetes se le considera “una gestación de alto riesgo”, y su seguimiento debería ser hospitalario.

DIABETES GESTACIONAL:

Es la intolerancia a los hidratos de carbono que aparece por primera vez durante el embarazo independientemente del curso que siga o del tratamiento que precise. Habitualmente es de más fácil manejo y control que la diabetes pregestacional. Se controla con alimentación, actividad física (si no está desaconsejada por otro motivo), autocontrol glucémico y, en caso de requerir medicación, están contraindicados los hipoglucemiantes orales, debiendo utilizar siempre insulinoterapia.

Aunque con frecuencia desaparece tras el parto, conlleva un riesgo elevado para que aparezca en embarazos posteriores y de desarrollo en años posteriores de diabetes tipo 2, junto con alteraciones asociadas a síndrome metabólico y elevado riesgo cardiovascular. Esto motiva que haya que realizar un seguimiento posterior de todas las mujeres con diabetes gestacional para valorar su evolución.

Según los antecedentes de la mujer embarazada, se estima su riesgo de desarrollarla, considerándose Riesgo elevado de diabetes gestacional si presenta alguna de estas condiciones:

  • Macrosomía en embarazo previo
  • Intolerancia hidrocarbonada o diabetes gestacional en embarazo previo
  • Grupo étnico de riesgo
  • Obesidad
  • Edad igual o superior a 35 años
  • Antecedentes de diabetes mellitus en familiares de primer grado

 

¿Cómo se diagnostica?

  • TEST DE O´SULLIVAN: A todas las mujeres embarazadas (salvo las que presentan ya diabetes pregestacional) se realizará el test para el screening entre la semana 24 y 28 de gestación. Además en las mujeres con criterios de alto riesgo descritos antes también se realiza en el 1º trimestre.

Consiste en medir la glucemia en ayunas y una hora tras la ingesta de 50 gr. de glucosa. Si esta última cifra es igual o > 140 mg/dl hay que realizar una Sobrecarga Oral de Glucosa con 100 gr. de glucosa (test de sobrecarga o SOG, o curva de glucemia).

Si la glucemia basal es ≥ 126 mg/dl en dos ocasiones o ante cualquier cifra superior a 200 mg. ya es diagnóstica de diabetes y no hay que realizar SOG.

Según la ADA, si glucemia igual o mayor a 92 mg/dl e inferior a 126 mg/dl, también se considera diagnóstica de diabetes gestacional.

  • SOBRECARGA ORAL DE GLUCOSA

Los protocolos varían en la actualidad según los países, se están haciendo estudios que probablemente determinen cambios.

  • Con 100 gr. de glucosa durante tres horas. El diagnóstico se confirma si hay dos o más datos elevados incluyendo el de ayunas. Si sólo un valor está por encima de los límites hay intolerancia a la glucosa y habría que repetir la prueba en 3-4 semanas.
  • Con 75 gr. de glucosa. Con un solo valor igual o superior a los límites establecidos se considera diagnóstico.

Según los países el protocolo puede ser distinto, en función de los riesgos concretos y los recursos de cada uno. Se están haciendo estudios, a raíz de los cuales es posible que se cambie esto, y se haga el diagnóstico con una sola curva.

TIEMPO Valores límite de glucemia
Con 100 gr. de glucosa Con 75 gr. de glucosa
Basal 105 mg/dl 92 mg/dl
1h 190 mg/dl 180 mg/dl
2h 165 mg/dl 153 mg/dl
3h 145 mg/dl

DIABETES PREGESTACIONAL

Es la diabetes que ya existe previamente al embarazo. Por la edad joven de las mujeres en edad fértil, la mayoría de los casos son diabetes tipo 1, sin embargo cada vez hay más diabetes tipo 2. No requiere que se realice ninguna prueba diagnóstica durante el embarazo como sí sucedía para detectar la diabetes gestacional. Siempre se seguirá tratando con insulina.

Hay que valorar de forma significativa el grado de control metabólico previo al embarazo, los años de evolución de la diabetes, así como la presencia de complicaciones asociadas (neuropatía, retinopatía, nefropatía, hipertensión arterial u otras) que pueden interferir en el buen desarrollo de la gestación.

¿COMO “CONVIVEN” EL EMBARAZO Y LA DIABETES?

Estas dos situaciones tienen una intensa interrelación, por tanto deben ser “llevadas de la mano” desde el momento de la planificación del embarazo (en diabetes pregestacional) hasta más allá del nacimiento del bebé.

  • Influencia del embarazo en la diabetes:

El embarazo es un factor “descompensador” para la diabetes, produciendo una tendencia a hipoglucemias y cetosis de ayuno en el primer trimestre, y hacia hiperglucemia y cetoacidosis en el segundo y, sobre todo, en el tercer trimestre si no se controla adecuadamente.

También favorece la aparición de infecciones urinarias, candidiasis vaginal, hipertensión, toxemia-preeclampsia (complicación grave de una hipertensión en el embarazo, con edemas, proteínas en orina y otros síntomas), sobre todo si hay mal control, así como el desarrollo o progresión de complicaciones crónicas de la diabetes.

  • Influencia de la diabetes en el embarazo para la madre:

Desde varios meses antes a la concepción, en mujeres con diabetes pregestacional, hay que ser muy estrictos con el control de la diabetes y planificar bien el embarazo, pues si no es así, aumentan las dificultades para conseguir un embarazo, los abortos espontáneos y el riesgo de malformaciones congénitas es más elevado que en las mujeres no diabéticas (en las 12 primeras semanas es cuando se forman todos los órganos y sistemas del feto).

El volumen de líquido amniótico puede ser mayor de lo normal pudiendo ocasionar parto prematuro, y aparecen con más frecuencia alteraciones de la tensión arterial. De cara al parto, como los fetos suelen ser más grandes, existe el riesgo de desgarros de la vagina y más necesidad de utilizar instrumental.

  • Influencia de la diabetes en el embarazo para el feto:

Si el nivel de azúcar en la sangre materna es elevado al comienzo del embarazo, existen más posibilidades de producirse abortos espontáneos y malformaciones fetales (sobre todo cardiológicas y del sistema nervioso central). Si ya hay alguna complicación vascular se añaden los riesgos derivados de ella: insuficiencia placentaria (la placenta no funciona bien como para nutrir al feto) con retraso de crecimiento y/o sufrimiento fetal intraútero.

La hiperglucemia materna también induce hiperglucemia en la sangre del feto y una elevación en la secreción de insulina fetal para compensarla. Esto se traduce en un aumento del tamaño fetal y acumulación de grasa. Pero nada más nacer ese aumento de insulina sin hiperglucemia acompañante actúa induciendo hipoglucemias, por lo que son al nacer niños grandes pero frágiles. Se les llama “gigantes con pies de barro”.

El recién nacido puede tener dificultad en las primeras horas para autorregular su glucemia, con tendencia a hipoglucemias, a la vez que alteraciones en el calcio, ictericia por elevación de la bilirrubina y aumento de glóbulos rojos. Suelen requerir observación y cuidados postnatales hasta su normalización.

El tamaño fetal tiene un interés especial de cara al parto siendo más frecuentes las cesáreas y los partos instrumentales.

Riesgos en la mujer embarazada con diabetes gestacional
En el embarazo Hipertensión arterial/preeclampsia/eclampsia
Infecciones urinarias/renales
Parto prematuro
Cesárea/ parto instrumentado
Alteraciones del líquido amniótico
Tras el embarazo Intolerancia a hidratos de carbono o diabetes mellitus
Síndrome metabólico -riesgo cardiovascular
Riesgos en el hijo de madre con diabetes
Primer trimestre Malformaciones/Abortos
Retraso en el crecimiento
Muerte fetal
Segundo trimestre Insuficiencia placentaria
Alteración de líquido amniótico
Cardiopatía
Muerte fetal
Tercer trimestre/ Recién nacido Macrosomía
Muerte fetal
Distocia de hombros/lesión plexo braquial
Sufrimiento fetal/dificultades respiratorias
Hipoglucemia
Hiperbilirrubinemia/ictericia
Hipocalcemia/hipomagnesemia

¿CÓMO DEBE SER EL SEGUIMIENTO DE LA DIABETES Y EL EMBARAZO?

Para que todo acontezca felizmente, es necesario un estricto control y supervisión de la diabetes, incluso antes de la gestación. Esta labor es posible gracias a la colaboración estrecha entre diabetólogos/endocrinos, obstetras, pediatras, y educadores quienes, junto a la motivación y el entusiasmo de la mujer gestante, consiguen cada vez más numerosos nacimientos y maternidades felices.

  • Antes del embarazo:
    • Planificar el embarazo mano con mano con el equipo/unidad especializada en diabetes y embarazo.
    • Al menos desde 2-3 meses previos a la concepción, la mujer con diabetes (ya sea tipo 1 ó 2) que desee quedarse embarazada debería conseguir un control óptimo, es decir, lo más cercano posible a la normalidad, y mantenerse durante el resto del embarazo. Como esto es muy difícil, al menos intentar no superar una hemoglobina glicosilada de 7, evitando en lo posible hipoglucemias y cetosis.

Hay situaciones que desaconsejan en una mujer diabética que se quede embarazada, como hemoglobina glicosilada por encima de 7,5, nefropatía diabética grave, neuropatía severa, retinopatía proliferativa avanzada, cardiopatía isquémica o hipertensión arterial mal controlada, así como otros procesos médicos que lo contraindiquen.

Para conseguir este objetivo hay varios pilares imprescindibles que asegurar:

  • En el embarazo:
    • Alimentación: como cualquier embarazada, respetando los horarios y las 5-6 ingestas diarias. Es frecuente que algunos casos de diabetes gestacional se controlen solamente con dieta. El aumento de peso recomendable oscilará entre 9 y 14 kg. en función de cada mujer.
    • Medicación: todas las diabéticas pregestacionales y aquellas gestacionales que no se controlen con dieta exclusivamente, precisan insulina; durante el embarazo no se deben utilizar hipoglucemiantes orales. La pauta es intensiva, con modificaciones frecuentes en función de los autocontroles (que aumentan en número y frecuencia respecto a la situación previa al embarazo) y de las indicaciones sanitarias. Se utilizarán pautas bolo-basal preferentemente y, en casos indicados, bombas de infusión continua de insulina. Al inicio del embarazo suelen disminuir las necesidades totales de insulina, aumentando de forma progresiva a partir de las 20 semanas aproximadamente hasta el final del embarazo, para disminuir tras él de nuevo.

No hay que descuidar la ingesta de ácido fólico (desde 2-3 meses al menos previos al embarazo para evitar malformaciones del tubo neural), hierro, calcio, yodo u otras medicaciones que se prescriban.

    • Autoanálisis: deben ser muy frecuentes, en función de cada paciente, oscilando entre 4 y 7 diarios de glucemia y determinación de cuerpos cetónicos en orina, para poder ajustar de forma idónea el tratamiento.
    • Ejercicio físico: muy recomendable, suave, constante, regular, sin fatigar, como paseos ligeros, de al menos 30-40 minutos. Eso sí, siempre que médicamente no se contraindiquen (amenaza de aborto o parto prematuro, hipertensión no controlada, otras situaciones).
    • Hábitos saludables: evitar tabaco y alcohol.
    • Otros controles: las revisiones obstétricas y ginecológicas son más frecuentes que en gestantes sin otras patologías, con el fin de garantizar que el embarazo curse sin complicaciones y llegue a buen término. La frecuencia ideal de consultas suele ser cada 2-4 semanas, pudiendo requerir más en función de cada caso. A partir de la semana 30-32 ya serán quincenales o semanales. En ocasiones es preciso control de oftalmología (fondo de ojo en cada trimestre), nefrología (microalbuminuria trimestral) u otras consultas.
  • En el parto:

Si todo va bien, se esperará al parto normal, idealmente vía vaginal, como en mujeres no diabéticas. Si hay complicaciones (preeclampsia, macrosomía fetal, descompensaciones graves…) puede ser necesaria la realización de cesárea.

Se suele dejar en dieta absoluta a todas las embarazadas en este momento, y en caso de las diabéticas, con sueroterapia con glucosa e insulina y la realización de glucemias horarias para ajustar la infusión, siempre en función del criterio médico.

  • Tras el parto:
    • El recién nacido suele requerir un periodo de observación mayor que el hijo de madre sin diabetes, ya que hay con más frecuencia hipoglucemia, descenso del calcio, aumento de los glóbulos rojos e ictericia (color amarillento-anaranjado de la piel).
    • En la mayoría de los casos, ambos, madre e hijo, salen en perfecto estado y juntos del hospital.
    • Hay que reajustar las dosis de insulina pues en este momento descienden de forma rápida las necesidades.
    • La lactancia materna es posible y lo ideal, como en cualquier nacimiento. Incluso más recomendable en el caso de la diabetes, pues hay estudios que demuestran que previene o retarda el desarrollo de diabetes y obesidad en la descendencia. La lactancia también favorece la sensibilidad a la insulina.
    • Las mujeres con diabetes gestacional con normalización tras el parto de sus glucemias, requieren seguimiento posterior según protocolos establecidos para detectar alteraciones de la glucemia a las que son tendentes.
    • Cuando así se requiera y se desee, se instaurará un método anticonceptivo eficaz.

CONCLUSIONES:

  • Una mujer diabética bien controlada tiene las mismas posibilidades de tener descendencia que una mujer no diabética.
  • En la actualidad, con una buena planificación, control y seguimiento del embarazo por un equipo multidisciplinar, las complicaciones de un embarazo en una mujer diabética no difieren de forma significativa del de una mujer no diabética.
  • Planificar con antelación el embarazo en mujeres con diabetes pregestacional reduce al mínimo la aparición de complicaciones en el recién nacido, sobre todo la incidencia de malformaciones congénitas.
  • Las mujeres con diabetes gestacional deben realizar revisiones posteriores para detectar a tiempo el posible desarrollo de una diabetes establecida.
  • El embarazo es la motivación más fuerte para conseguir un control óptimo de la diabetes, con la seguridad de que en un alto porcentaje de casos sí se consigue, hecho no frecuente fuera del embarazo.
  • La ilusión y la motivación maternas, alentadas por un buen equipo multidisciplinar, hacen posible realizar muchos sueños y llenar este mundo de niños, nuestro futuro.

Dra. Rosa Mª Servián

¿Cómo debe ser el seguimiento de la diabetes y el embarazo?

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Para que todo acontezca felizmente, es necesario un estricto control y supervisión de la diabetes, incluso antes de la gestación. Esta labor es posible gracias a la colaboración estrecha entre diabetólogos/endocrinos, obstetras, pediatras, y educadores quienes, junto a la motivación y el entusiasmo de la mujer gestante, consiguen cada vez más numerosos nacimientos y maternidades felices.

  • Antes del embarazo:
    • Planificar el embarazo mano con mano con el equipo/unidad especializada en diabetes y embarazo.
    • Al menos desde 2-3 meses previos a la concepción, la mujer con diabetes (ya sea tipo 1 ó 2) que desee quedarse embarazada debería conseguir un control óptimo, es decir, lo más cercano posible a la normalidad, y mantenerse durante el resto del embarazo. Como esto es muy difícil, al menos intentar no superar una hemoglobina glicosilada de 7, evitando en lo posible hipoglucemias y cetosis.

Hay situaciones que desaconsejan en una mujer diabética que se quede embarazada, como hemoglobina glicosilada por encima de 7,5, nefropatía diabética grave, neuropatía severa, retinopatía proliferativa avanzada, cardiopatía isquémica o hipertensión arterial mal controlada, así como otros procesos médicos que lo contraindiquen.

Para conseguir este objetivo hay varios pilares imprescindibles que asegurar:

  • En el embarazo:
    • Alimentación: como cualquier embarazada, respetando los horarios y las 5-6 ingestas diarias. Es frecuente que algunos casos de diabetes gestacional se controlen solamente con dieta. El aumento de peso recomendable oscilará entre 9 y 14 kg. en función de cada mujer.
    • Medicación: todas las diabéticas pregestacionales y aquellas gestacionales que no se controlen con dieta exclusivamente, precisan insulina; durante el embarazo no se deben utilizar hipoglucemiantes orales. La pauta es intensiva, con modificaciones frecuentes en función de los autocontroles (que aumentan en número y frecuencia respecto a la situación previa al embarazo) y de las indicaciones sanitarias. Se utilizarán pautas bolo-basal preferentemente y, en casos indicados, bombas de infusión continua de insulina. Al inicio del embarazo suelen disminuir las necesidades totales de insulina, aumentando de forma progresiva a partir de las 20 semanas aproximadamente hasta el final del embarazo, para disminuir tras él de nuevo.

No hay que descuidar la ingesta de ácido fólico (desde 2-3 meses al menos previos al embarazo para evitar malformaciones del tubo neural), hierro, calcio, yodo u otras medicaciones que se prescriban.

    • Autoanálisis: deben ser muy frecuentes, en función de cada paciente, oscilando entre 4 y 7 diarios de glucemia y determinación de cuerpos cetónicos en orina, para poder ajustar de forma idónea el tratamiento.
    • Ejercicio físico: muy recomendable, suave, constante, regular, sin fatigar, como paseos ligeros, de al menos 30-40 minutos. Eso sí, siempre que médicamente no se contraindiquen (amenaza de aborto o parto prematuro, hipertensión no controlada, otras situaciones).
    • Hábitos saludables: evitar tabaco y alcohol.
    • Otros controles: las revisiones obstétricas y ginecológicas son más frecuentes que en gestantes sin otras patologías, con el fin de garantizar que el embarazo curse sin complicaciones y llegue a buen término. La frecuencia ideal de consultas suele ser cada 2-4 semanas, pudiendo requerir más en función de cada caso. A partir de la semana 30-32 ya serán quincenales o semanales. En ocasiones es preciso control de oftalmología (fondo de ojo en cada trimestre), nefrología (microalbuminuria trimestral) u otras consultas.
  • En el parto:

Si todo va bien, se esperará al parto normal, idealmente vía vaginal, como en mujeres no diabéticas. Si hay complicaciones (preeclampsia, macrosomía fetal, descompensaciones graves…) puede ser necesaria la realización de cesárea.

Se suele dejar en dieta absoluta a todas las embarazadas en este momento, y en caso de las diabéticas, con sueroterapia con glucosa e insulina y la realización de glucemias horarias para ajustar la infusión, siempre en función del criterio médico.

  • Tras el parto:
    • El recién nacido suele requerir un periodo de observación mayor que el hijo de madre sin diabetes, ya que hay con más frecuencia hipoglucemia, descenso del calcio, aumento de los glóbulos rojos e ictericia (color amarillento-anaranjado de la piel).
    • En la mayoría de los casos, ambos, madre e hijo, salen en perfecto estado y juntos del hospital.
    • Hay que reajustar las dosis de insulina pues en este momento descienden de forma rápida las necesidades.
    • La lactancia materna es posible y lo ideal, como en cualquier nacimiento. Incluso más recomendable en el caso de la diabetes, pues hay estudios que demuestran que previene o retarda el desarrollo de diabetes y obesidad en la descendencia. La lactancia también favorece la sensibilidad a la insulina.
    • Las mujeres con diabetes gestacional con normalización tras el parto de sus glucemias, requieren seguimiento posterior según protocolos establecidos para detectar alteraciones de la glucemia a las que son tendentes.
    • Cuando así se requiera y se desee, se instaurará un método anticonceptivo eficaz.

CONCLUSIONES:

  • Una mujer diabética bien controlada tiene las mismas posibilidades de tener descendencia que una mujer no diabética.
  • En la actualidad, con una buena planificación, control y seguimiento del embarazo por un equipo multidisciplinar, las complicaciones de un embarazo en una mujer diabética no difieren de forma significativa del de una mujer no diabética.
  • Planificar con antelación el embarazo en mujeres con diabetes pregestacional reduce al mínimo la aparición de complicaciones en el recién nacido, sobre todo la incidencia de malformaciones congénitas.
  • Las mujeres con diabetes gestacional deben realizar revisiones posteriores para detectar a tiempo el posible desarrollo de una diabetes establecida.
  • El embarazo es la motivación más fuerte para conseguir un control óptimo de la diabetes, con la seguridad de que en un alto porcentaje de casos sí se consigue, hecho no frecuente fuera del embarazo.
  • La ilusión y la motivación maternas, alentadas por un buen equipo multidisciplinar, hacen posible realizar muchos sueños y llenar este mundo de niños, nuestro futuro.

Fuente: Revista Entre Todos nº88

Autora: Dra. Rosa Mª Servián