Cuando a una persona se le diagnostica diabetes es fundamental que reciba una correcta educación alimentaria para poder realizar una dieta adecuada a su nueva situación. Este aspecto es, si cabe, aún más importante cuando hablamos de niños o incluso bebés, donde serán los padres, asesorados por el personal sanitario, los responsables de elaborar esas dietas y educar a sus hijos para que en el futuro sean ellos mismos responsables de su alimentación.
En el caso de un bebé con diabetes, la mamá y el papá se ven asaltados por una cantidad de dudas sobre qué alimentos pueden tomar o no sus hijos: reciben una cantidad exagerada de información en un corto periodo de tiempo, y al ser debutantes se pueden sentir en algún momento angustiados.
Ante todo, hay que transmitir tranquilidad, porque un niño con diabetes puede comer prácticamente lo mismo que otro que no lo sea, y simplemente hay que adecuar la cantidad de alimento y el momento en el que se come, junto a la pauta insulínica prescrita por el médico y por ello se debe recomendar un horario constante de comidas.
Al hablar de alimentación en niños y bebés, es importante tener en cuenta que se trata de un grupo de edad que está en periodo de desarrollo y crecimiento, y por tanto se les debe aportar todos los nutrientes necesarios. Esto es exactamente igual para el niño que tiene diabetes como para el que no la tiene.
En el mercado existe una enorme variedad de alimentos y marcas comerciales, y cada día son más las campañas publicitarias que nos asaltan: alimentos “enriquecidos”, otros “light”, otros “te refuerzan”, así que cuando vamos a hacer la compra ¡nos podemos volver locos!
En el campo de la alimentación infantil ocurre algo parecido, por eso debemos leer el etiquetado de la composición prestando sobre todo atención a la cantidad y porcentaje de hidratos de carbono (azúcares). De manera breve y aunque hay excepciones, diremos que como regla general se deben evitar alimentos ricos en azúcares simples y aquellos con índice glucémico alto.
En el caso de las leches infantiles no debemos preocuparnos: es el alimento más importante para el bebé y si nos fijamos en el etiquetado veremos que todas tienen un porcentaje casi idéntico en hidratos de carbono, siendo el mayoritario lógicamente la lactosa, con lo cual dará igual elegir una u otra desde el punto de vista de la diabetes. El emplear una u otra dependerá por tanto de otros aspectos tales como la situación fisiológica del niño (estreñimiento, cólico, regurgitación, etc).
En el caso de las papillas la variedad si cabe es aún mayor, por lo que debemos revisar su composición. Debemos evitar las que lleven miel añadida y decantarnos preferiblemente por las que lleven un mayor contenido en centeno, avena o cebada, y menor contenido en azúcares simples: eso se ve fácilmente en el etiquetado, pues dentro de los hidratos de carbono aparece un detalle que dice “de los cuales son azúcares”. En general elegiremos los que menor contenido tengan en estos azúcares.
También las que lleven añadidas harinas integrales son recomendables, pues la fibra va a retrasar la absorción de los azúcares con lo cual la elevación de la glucemia será menor, aunque eso no significa que abusemos de las papillas enriquecidas en fibra, pues un exceso de esta también puede comprometer la absorción de determinadas vitaminas.
Así que, como vemos, las posibilidades de alimentar correctamente a un bebé con diabetes son muchas y no difieren mucho de un niño que no lo sea, simplemente debemos integrar en su dieta la pauta de insulina prescrita por el médico y prestar más atención al etiquetado de los alimentos.
Autor: Mario Cantos Farmacéutico
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)