La diabetes no solo afecta a la salud física de quien la padece, sino que también tiene un impacto en su bienestar emocional y social. Adaptarse a la enfermedad requiere un enfoque integral que incluya educación, apoyo familiar y estrategias para afrontar los desafíos cotidianos.
Para que una familia pueda integrar la diabetes en su vida diaria sin que esta se convierta en una carga emocional abrumadora, es clave fomentar la autonomía del paciente, mantener una comunicación efectiva y promover un estilo de vida saludable para todos sus miembros. En todo momento, tanto en el diagnóstico como más adelante, es muy importante que el niño perciba que se le valora independientemente del tener diabetes, que la diabetes no se convierta en el centro de la vida de la familia. Que el hijo vea que se está a su lado, tanto de forma física como emocional.
Es importante estar tranquilos, aunque se esté serio y preocupado. Recuerda que los padres son un ejemplo para los hijos. Ante las situaciones estresantes o negativas, es conveniente que los padres den un giro positivo a la situación frente a sus hijos, para que ellos aprendan también.
Aquí se describen algunas de las conductas que, como familiar, se puede practicar para ayudar a quien tiene diabetes. Esta lista de recomendaciones se ha elaborado teniendo en cuenta varias fuentes. Entre ellas, las sugerencias de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y el organismo de Centros para el Control de las Enfermedades de EEUU (CDC) (3)
- Estar formado en diabetes. Si es un familiar, cuanto más conozcas la diabetes mejor te podrá ayudar. Saber cómo proceder en caso de hipoglucemia o hiperglucemia, qué cambios de estilo de vida se recomienda hacer, cómo y cuándo debe comprobar la glucosa, etc.
- La adquisición de conocimientos debe ser progresiva y constante. Un error común es intentar aprender demasiado rápido. Los conceptos no se consolidan pudiendo generar aún más confusión. Por ello conviene ponerse en manos del equipo sanitario de referencia quien, por su parte, debería secuenciar los contenidos y resolver aquellas dudas planteadas por el familiar.
- Además de las generalidades, es conveniente saber que la diabetes se comporta en cada persona de forma diferente y que, por lo tanto, el plan de tratamiento es individualizado. Evita comparar el curso de la diabetes de tu familiar con la de otros.
- Preguntar qué se puede hacer por él/ella, cómo se le puede ayudar y escuchar sus peticiones. Puede que quiera (o no) ayuda a recordar la realización de controles, que se le acompañe (o no) a la consulta, etc.
- Evitar culpas. Entender que, en el día a día hay variables que son imposibles de controlar y que afectan a los niveles de glucosa en sangre.
- Comprender que puede tener altibajos. La gestión de la diabetes no siempre es fácil. De hecho, por su condición de crónica, es improbable que una persona pueda estar siempre igual de comprometida.
- Pensar que la diabetes puede ser una gran carga y que no siempre se puede ser optimista o estar de buen humor. Si se detecta cansancio en él/ella, una buena forma de ayudarle es reconocerle que se es consciente de que puede resultarle duro y valorar sus esfuerzos.
Es fundamental que el cuidador primario de la persona que tiene diabetes se cuide, si se es padre o madre, la dedicación a la diabetes es intensa y puede absorber la vida del cuidador. La única manera de ayudar es estar en disposición de hacerlo y con la energía que se precisa para ello. A tal fin, hay que tener momentos de descanso y desconexión de la diabetes. Sería muy recomendable buscar y mantener el apoyo social de otras personas/familias que tengan diabetes o que sepan lo que implica tenerla. El apoyo social puede venir de distintas fuentes, como la pareja, la familia, los amigos, los profesionales sanitarios o los grupos de autoayuda. Estas personas pueden ofrecer información, consejo, comprensión, afecto o ayuda práctica a las personas con diabetes, lo que reduce el estrés, la soledad y el aislamiento, y aumenta la confianza, la motivación y el manejo de la enfermedad.
El respaldo emocional y práctico de la familia es esencial para el adecuado manejo de la diabetes. Algunas formas de hacerlo incluyen:
- Compartir responsabilidades. La carga del autocuidado no debe recaer solo en el paciente.
- Incluir a todos en los cambios de hábitos. Una alimentación saludable y la actividad física pueden convertirse en un compromiso familiar.
- Evitar el control excesivo. Es importante apoyar sin sobreproteger, permitiendo que la persona con diabetes mantenga autonomía en su tratamiento.
El impacto de la diabetes puede ser menor si la familia se adapta de manera flexible y positiva:
- Normalizar la condición. Evitar que la diabetes sea vista como un obstáculo para la vida cotidiana.
- Incorporar nuevos hábitos de forma gradual. Cambios bruscos pueden generar resistencia.
- Celebrar los logros. Valorar el esfuerzo en el manejo de la enfermedad refuerza la motivación.
Aceptar la diabetes como parte de la vida familiar permite desarrollar resiliencia y fortalecer los lazos afectivos:
- Centrarse en lo positivo. En lugar de ver la diabetes como una limitación, enfocarse en las oportunidades de aprendizaje y crecimiento.
- Fomentar la independencia. Enseñar, especialmente a niños y adolescentes, a gestionar su enfermedad con confianza.
- Recordar que la diabetes no define a la persona. Es solo una parte de su vida, no su identidad.
¿Cómo afecta a los hermanos y otros familiares?
Cuando un niño tiene diabetes, sus hermanos pueden experimentar diversas emociones:
- Resentimiento por la atención extra que recibe su hermano.
- Frustración al tener que adaptarse a una dieta más saludable.
- Envidia al ver que su hermano recibe cuidados adicionales.
Para manejar estos sentimientos se debe…
- Hablar abiertamente sobre las preocupaciones de cada miembro de la familia.
- Explicar por qué algunos cuidados son necesarios y cómo pueden colaborar sin sentirse excluidos.
- Buscar espacios de convivencia en los que la diabetes no sea el centro de atención.
Todo padre/madre que tenga un hijo con diabetes debe afrontar las emociones que rodean a esta enfermedad. Hay que tratar de tener presente que, en la mayoría de los casos, las emociones negativas relacionadas con la diabetes pasan o cambian con el tiempo conforme el niño/familia se va adaptando a vivir con esta afección.
Conclusión
Integrar la diabetes en la familia desde un enfoque psicológico implica aceptación, apoyo mutuo y comunicación efectiva. Más allá de los desafíos, es una oportunidad para fortalecer lazos y desarrollar hábitos saludables para todos. Con empatía y compromiso, es posible vivir plenamente con la diabetes en el seno familiar.
Referencias Bibliográficas
https://www.anaocana.com/los-diabeticos-y-sus-familias-aspectos-psicologicos/
https://kidshealth.org/es/parents/feelings-diabetes.html
https://diabetesmadrid.org/adaptacion-de-la-familia-a-la-persona-con-diabetes-%C2%B7-psicologia/
Autora: Olga Sanz Font. Psicóloga General Sanitaria Experta en Diabetes
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)