Como bien es sabido, el deporte es un pilar fundamental para tener la diabetes controlada. Es por ello que, aunque las altas temperaturas de la época estival conllevan riesgos que debemos conocer, no debemos encontrar impedimentos en seguir realizando actividad física.
El organismo funciona correctamente hasta aproximadamente los 27°. Por encima de esta temperatura se pueden experimentar síntomas leves de estrés térmico, como pequeñas pérdidas de concentración, riesgo que aumenta por encima de los 30° y se hace peligroso superando los 40°, ya que se puede llegar a sufrir un golpe de calor.
También pueden experimentarse otros síntomas consecuencia de la deshidratación y la falta de oxígeno en los músculos, como son los calambres, la fatiga, dolores de cabeza, vómitos, debilidad, e incluso pérdida de conciencia.
Para minimizar todos estos riesgos es primordial mantenerse convenientemente hidratado, bebiendo agua incluso antes de llegar a sentir sed, además de utilizar ropa ligera, transpirable y de colores claros, aprovechar la sombra y evitar exponerse al sol durante las horas centrales del día.
En el caso de la diabetes, existen ciertas complicaciones que pueden facilitar el temido golpe de calor, como es el daño en los vasos sanguíneos y nervios, que pueden afectar a las glándulas sudoríparas, de modo que el cuerpo no consiga enfriarse correctamente.
A la hora de realizar deporte es vital conocer de antemano el tipo de entrenamiento que se va a realizar, así como, la intensidad y la duración del mismo, de este modo, se podrá adaptar la dosis de insulina. Además se debe seguir una dieta enfocada al deporte en cuestión que se va a practicar, comenzando la actividad entre dos y tres horas después de haber comido, para poder conocer los valores previos y tratar de evitar así hipoglucemias. Es igual de importante conocer los valores tras la práctica de la actividad, teniendo en cuenta que los niveles en sangre pueden seguir descendiendo durante las 6-10 horas posteriores.
Además de realizar los controles pertinentes, es necesario tener en cuenta cómo afectan las altas temperaturas a la medicación.
El calor causa que los vasos sanguíneos se expandan, lo que incrementa la absorción de la insulina, que puede provocar una hipoglucemia. Esto puede empeorar con el ejercicio, debido al incremento de flujo de sangre en ciertas áreas, especialmente si la insulina se inyecta en las piernas.
Es muy importante tener en cuenta también que la insulina pierde eficacia a temperaturas muy altas. Los fabricantes recomiendan que no se superen los 30°. Por lo que es importante que no se exponga directamente al sol, y se conserve en una nevera pero sin que haya contacto directo con el hielo ni el gel de frío ante la duda de que se haya podido dañar la pluma es preferible desecharla y coger una nueva, pero nunca dejar de llevarla consigo por el miedo a que se pueda estropear.
Hay que recordar también, que el calor directo sobre la zona donde se ha aplicado la insulina acelera su velocidad de absorción, lo cual aumenta el riesgo de parecer una hipoglucemia.
Por tanto, a la hora de realizar una actividad física con altas temperaturas es muy importante medirse los niveles con más frecuencia de lo habitual (antes, durante y después), para poder ajustar la dosis correctamente. Hay que tener en cuenta además que la actividad física con calor, genera al cuerpo un estrés adicional. Así mismo, las quemaduras solares pueden elevar la glucosa, por lo que es importante protegerse, además de por el tan necesario cuidado de la piel.
Algunos deportes de larga duración o alta intensidad necesitan un período de adaptación, independientemente de si la persona ya era deportista o no. Es aconsejable aumentar esfuerzos de manera paulatina y realizar entrenamientos de manera escalonada.