Desarrollar la capacidad de Resiliencia: ¿por qué unas personas afrontan mejor las adversidades que otras?

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Todos conocemos personas que han pasado por trances muy duros en sus vidas y sin embargo ahora las vemos bien. Son personas que nos suelen causar admiración y si nos comparamos con ellas muchas veces pensamos que no seríamos capaces de sobrellevarlo como esa persona lo gestionó. Si preguntamos a esas personas cómo lo hicieron, la respuesta a menudo es la misma “no me quedó más remedio…”, en realidad en parte es cierto y en parte no, se adaptaron poco a poco a la situación y trataron de salir de ella adoptando una actitud de fuerza, valor, aprendizaje y positividad, no exclusiva suya. Se propusieron salir adelante. La capacidad para afrontar la adversidad y sacar un aprendizaje de ello que nos haga mejorar y crecer como personas, más fuertes y más sabios, forma parte de las fortalezas del ser humano.

“Resiliencia, es la capacidad de recuperarse, crecer y desarrollarse como personas después de un trauma (de una gran dificultad en tu vida)”.   Boris Cyrulnik

Las crisis o adversidades pueden deberse a la pérdida de una figura importante para nosotros, a la falta de trabajo, a una enfermedad crónica como la diabetes, etc. Estas situaciones provocarán un periodo natural y necesario de inestabilidad emocional en nuestras vidas, con emociones desagradables, dudas, inseguridades y frustraciones. La idea es ir sintiéndonos cada vez más seguros y capaces de hacer frente a la dificultad que se ha presentado en nuestra vida para recuperar poco a poco nuestro equilibrio.

Para ello, la actitud de resiliencia requiere lo primero tener flexibilidad ante las adversidades, la habilidad de considerar diferentes puntos de vista y alternativas ante los problemas, tener en cuenta  tanto los aspectos negativos como los positivos de las situaciones estresantes o de las adversidades, ser proactivo y asertivo a la hora de afrontar los retos y problemas sabiendo, al mismo tiempo, pedir ayuda y buscar apoyo en los demás.

Nuestra asociación cumple justamente esta función de facilitar el apoyo, tanto de los profesionales como el contacto con personas en tu misma situación que te ayuda a sentirte comprendido y a conocer diferentes alternativas y puntos de vista. Tenemos que saber que aunque el tratamiento nos vaya bien, es normal estar triste o preocupado de vez en cuando, cuando los síntomas se incrementan o se nos presente una crisis. Pero si reconocemos esas emociones y las aceptamos, estaremos aprendiendo a afrontar mejor la enfermedad. En los momentos de dificultad, tenemos que pensar en todas las personas que tienen nuestra enfermedad, con las cuales debemos estar en contacto y pedirles el aliento y la comprensión para salir adelante. Por otro lado, la capacidad de ayudar, de tender nuestra mano a quienes necesitan ayuda nos hace descubrir nuestra propia fortaleza, nos ayuda con nuestros propios problemas.                                                                                                        

Esta idea de capacidad de superación frente a la adversidad, de encajar de forma adecuada, es algo que nos humaniza, nos hace más fuertes y sabios.

Es clave para desarrollar esta actitud, reconocer y saber que las dificultades forman parte de la vida. A veces la vida es justa, a veces es injusta y a veces es un regalo. Todo ello forma parte de la vida, porque la vida también es cambio, es decir, no podemos quedarnos siempre igual aunque muchas veces lo deseemos, cambiamos, aprendemos y evolucionamos. Por ello es mejor ser el “timonel” de este cambio, lo que nos sucede nos afecta y modifica inevitablemente, seamos conscientes de ello y trabajemos por encaminarnos hacia donde queremos dirigirnos.

Las personas que están viviendo una situación difícil son más vulnerables a los altibajos de ánimo en un primer momento pero muchas, poco a poco, son capaces de cambiar, de desarrollar adaptaciones en su visión del mundo y de la vida, debido a los cambios que la propia situación de dificultad conlleva, volviéndose más flexibles y viendo más claro qué aspectos son más importantes, sintiéndose orgullosos de los cambios personales realizados para hacer frente a la dificultad, sabiendo valorar más lo que tienen y vivir el presente más que nunca. Esto es desarrollar su resiliencia.

 “Aceptar, no es resignación… pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”

Por supuesto que nadie quiere la adversidad ni la dificultad en su vida, pero cuando ésta inevitablemente se presenta, porque forma parte de la vida de todas las personas (como por ejemplo un diagnóstico de diabetes), la mejor opción es enfocarnos a un realismo práctico y un optimismo inteligente. Está claro que somos conscientes de las dificultades del momento y las tenemos en cuenta, no somos tontos, pero decidimos conscientemente enfocarnos también a los aspectos facilitadores de la situación, que nos ayudan a ir adaptándonos y aceptando poco a poco, enfocando nuestros pensamientos, emociones y conductas hacia lo que puede ayudarnos a llevar mejor la dificultad en función de lo que queremos conseguir. Centrándonos en nuestro caso sería conseguir una progresiva seguridad y bienestar personal cuando vamos viendo que somos capaces de manejar mejor nuestra diabetes.

La resiliencia no es una excepción sino que es una potencialidad de todo ser humano, es inherente a la persona pero que no siempre tiene la oportunidad de aparecer y expresarse al estar enmascarada por aspectos limitadores de la personalidad como una baja autoestima o falta de confianza en sí mismo, una tendencia al pesimismo o al fatalismo, una actitud pasiva y victimista, dando lugar a la desesperanza o al desánimo. O, simplemente, porque la vida no nos ha puesto en situaciones especialmente complejas o difíciles hasta este momento. Por ello, aunque una persona no muestre una personalidad resiliente de manera espontánea, no quiere decir que no pueda aprender dichas estrategias. Con la práctica, se pueden aprender con la intención y en el entorno adecuado. Es decir, una dificultad como la diabetes puede ayudarnos a desarrollar nuestra capacidad de resiliencia. Para ello tendríamos que hacer hincapié en las siguientes características de las personas resilientes: buena autoestima y capacidad de autorreflexión, inteligencia emocional, flexibilidad, creatividad e iniciativa, capacidad de pensamiento crítico, sentido del humor (para relajarnos y tomar perspectiva ante los problemas) y un entorno social adecuado, afecto y apoyo.

La clave para resistir las adversidades y crecer personalmente con ellas está en saber aceptar la situación  que se nos presenta, no en el sentido de actuar con resignación, sino de aceptar, adaptarnos y asumir aquello que no podamos cambiar. Sin caer en la queja constante, la culpa patológica, el miedo o el victimismo y centrarnos, sin embargo, en aquello que podamos mejorar o potenciar, para así mejorar como personas y conseguir un mayor equilibrio mental. Este proceso de aprendizaje hará que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos. En definitiva, que crezcamos como personas. (color de fondo igual que el de la sección pero más clarito para destacar en este párrafo)

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”  C. G. Jung

Susana Sanjuan

Psicóloga A.D.M.

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Autor entrada: Redes