La Federación Mundial del Corazón con el apoyo de la OMS y la UNESCO designó en el 2000 el día 29 de septiembre como el primer Día Mundial del Corazón. Esto obedeció, a una estrategia para poder tener la oportunidad de dar a conocer masivamente las enfermedades cardiovasculares, su prevención, control y tratamiento. La primera vez que se celebró fue de forma coordinada entre todos los países.
Todos conocemos la importancia que tienen para la vida el buen funcionamiento del corazón y del riñón, pero lo que a veces no se considera es la repercusión que el buen o mal funcionamiento de uno de los dos órganos tiene sobre el otro.
¿Cuál es la causa de que tengan una relación tan especial?
Ambos órganos están interconectados por un sistema vascular y nervioso que además del aporte nutritivo tiene un efecto neurohormonal imprescindible para el desarrollo correcto de sus funciones, pero también explica que los factores de riesgo cardiovascular les afecten de forma similar.
La diabetes es una enfermedad que se asocia a un mayor riesgo de complicaciones cardiovasculares y en ella, la enfermedad renal crónica se produce hasta en un 34% de los casos.
¿Qué es el síndrome cardiorrenal?
Es un conjunto de trastornos agudos o crónicos producidos por la alteración del corazón o del riñón que a su vez condiciona el deterioro en la función del otro órgano.
Por ejemplo, una insuficiencia cardiaca aguda producida por un infarto de miocardio puede ocasionar una insuficiencia renal aguda.
Una insuficiencia cardiaca crónica puede originar un deterioro crónico y progresivo de la función renal.
Además, enfermedades como la diabetes pueden precipitar el comienzo de un síndrome cardiorrenal secundario que afecte simultáneamente ambos órganos (corazón y riñón).
La aparición de este síndrome se ve favorecida por el incremento en la frecuencia de obesidad, diabetes, hipertensión arterial e hipercolesterolemia en la población general, así como la presencia de otros factores de riesgo evitable como el tabaquismo.
El deterioro de la función renal es frecuente en pacientes con insuficiencia cardiaca descompensada.
El llamado síndrome cardiorrenal crónico (afectación del riñón provocada por la insuficiencia cardiaca crónica) se produce en una mayoría de los pacientes que son ingresados en el hospital por insuficiencia cardiaca congestiva (hasta en un 64% de los casos) debida a diferentes causas: fibrilación auricular, enfermedades del miocardio (miocardiopatías) o cardiopatía isquémica (infarto de miocardio) entre otras.
¿Cómo se afecta la función renal?
La enfermedad renal crónica también se asocia a mayor frecuencia de enfermedades y mortalidad tanto cardiovascular como por todas las causas.
La hipertensión arterial es un factor de riesgo implicado en la lesión del riñón.
Puede aparecer por varios mecanismos: afluencia de sangre insuficiente desde el corazón al riñón por fallo de la función del primero para bombear la sangre o por utilización de medicamentos como los diuréticos que eliminan líquido del sistema circulatorio o los antiinflamatorios, alteración del sistema vascular y hormonal que regulan el funcionamiento del riñón.
La mayoría de las veces la alteración del riñón pasa desapercibida sin producir síntomas hasta fases relativamente avanzadas si no se realiza un análisis de sangre y orina en el que se puedan determinar resultados relacionados con el deterioro de la función renal como el filtrado glomerular estimado reducido y el cociente albúmina/ creatinina aumentado.
Ambas alteraciones se producen en la enfermedad renal de la diabetes (antes conocida como nefropatía diabética) que se relaciona con un inadecuado control de la glucemia.
¿Qué es la miocardiopatía diabética?
Es una afectación inflamatoria de la estructura y función del músculo cardiaco que disminuye el riego sanguíneo al corazón y que puede producirse en la diabetes.
Consiste en un aumento del grosor del ventrículo izquierdo (hipertrofia ventricular) con fibrosis que altera tanto la relajación (diástole) como la contracción del ventrículo (sístole) y que conduce a un deterioro de la función cardiaca tanto para recibir como para bombear sangre, desde y hacia el sistema circulatorio respectivamente y que puede evolucionar de forma progresiva hacia la insuficiencia cardiaca.
¿Qué importancia tiene la insuficiencia cardiaca?
La insuficiencia cardiaca consiste en un fracaso de la función del corazón para recoger y bombear la sangre que se dirige hacia el sistema circulatorio.
Cuando el fallo es para la recepción de la sangre en el corazón se denomina insuficiencia cardiaca diastólica o insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada.
Cuando el problema está en la capacidad del músculo cardiaco para contraerse e impulsar la sangre desde el corazón a los vasos sanguíneos (eyección) se produce una insuficiencia cardiaca sistólica o con fracción de eyección reducida.
A medida que la capacidad de bombeo se va deteriorando de forma importante, el líquido se va acumulando en diferentes regiones del cuerpo (pulmón, hígado, tubo digestivo y extremidades) en lo que se conoce como insuficiencia cardiaca congestiva.
La frecuencia en España de la insuficiencia cardiaca se estima aproximadamente en un 5%. Tiene como características principales ser una enfermedad grave, con una mortalidad elevada que presenta como síntomas más frecuentes la falta de aire incluso con pequeños esfuerzos o en reposo, hinchazón de piernas, frecuencia cardiaca rápida o irregular.
¿Se asocia la insuficiencia cardiaca a la diabetes?
La insuficiencia cardiaca es más frecuente en la diabetes que en la población general y el riesgo de presentarla es mucho más elevado en aquellas personas con diabetes y alto o muy alto riesgo cardiovascular.
Además, la probabilidad de desarrollar descompensaciones de la insuficiencia cardiaca y de mortalidad por la misma es superior a las personas que no tienen diabetes. Si además existe alteración de la función renal, la evolución de la insuficiencia cardiaca empeora.
¿Cómo se puede prevenir la insuficiencia cardiaca?
Las recomendaciones para prevenir la insuficiencia cardiaca son similares a las que se realizan para las enfermedades y riesgo cardiovascular en general.
Debido a que los principales factores de riesgo cardiovascular implicados en su aparición son el infarto de miocardio y la hipertensión arterial, todo lo que contribuya a evitarlos o si ya existen tratarlos, puede contribuir a reducir el riesgo de aparición de la insuficiencia cardiaca.
Dentro de las principales medidas encaminadas a su prevención se encuentran las siguientes:
- Evitar o corregir la obesidad y las alteraciones de las grasas de la sangre (colesterol y triglicéridos) realizando una alimentación saludable, evitando la “comida basura” y la ingesta excesiva de sal.
- Ejercicio físico adaptado a las características individuales, al menos 30 minutos al día y 5 veces por semana.
- Disminuir la exposición a contaminantes ambientales y al estrés, evitar sustancias tóxicas como el tabaco y alcohol (este último, si ya se consume que sea en cantidades mínimas).
- Evitar o al menos reducir en lo posible la toma de fármacos que pueden ser tóxicos para el corazón o el riñón como los antinflamatorios.
También debe evitarse la utilización de productos de herbolario sin consultarlo previamente con el médico ya que pueden ser nocivos o interaccionar con otros medicamentos.
¿Hay que tomar alguna precaución especial si además se tiene diabetes?
Lo indicado en el apartado anterior adquiere especial relevancia en el caso de la diabetes, donde el control de la glucemia es un factor clave añadido a las medidas ya comentadas y que deben intensificarse en las personas con diabetes, según las recomendaciones de las sociedades científicas.
Además, todo lo referido es válido también para disminuir el riesgo de miocardiopatía diabética y de enfermedad renal de la diabetes que frecuentemente coexisten o preceden a la aparición de insuficiencia cardiaca.
¿Cuál es el tratamiento adecuado para la insuficiencia cardiaca?
En el tratamiento de la insuficiencia cardiaca desempeñan un papel trascendental determinados grupos de fármacos, uno de los cuales ya se empleaba desde hace unos años en el abordaje terapéutico de la diabetes. Se trata de los glucosúricos o gliflozinas (también conocidos como iSGLT2). Estos medicamentos, han demostrado que además de reducir la glucemia, mejoran la función cardiaca y renal, disminuyendo los ingresos hospitalarios por insuficiencia cardiaca, las enfermedades cardiovasculares y su mortalidad, así mismo enlentecen el deterioro de la función renal en pacientes que presentan insuficiencia renal y/ o albuminuria.
Actualmente estos medicamentos, que han demostrado también su utilidad en el tratamiento de pacientes que presentan insuficiencia cardiaca, aunque no tengan diabetes, se integran junto con otros 3 grupos de fármacos dentro del abordaje terapéutico que no debe faltar en cualquier paciente con insuficiencia cardiaca.
Adicionalmente, los iSGLT2 junto con los arGLP-1 contribuyen a reducir la obesidad, que es el principal factor de riesgo asociado a la aparición de diabetes e hipertensión arterial y que actúa como desencadenante de otros factores de riesgo como la dislipemia y múltiples enfermedades que tienen como base la resistencia a la acción de la insulina, característica en la obesidad abdominal.
¿Cuáles son los aspectos más importantes que debemos recordar?
- El corazón y el riñón forman un tándem perfectamente coordinado y la lesión de uno de ellos provoca la afectación del otro.
- La mayoría de las personas con diabetes mellitus tipo 2 presentan un riesgo cardiovascular alto o muy alto.
- La insuficiencia cardiaca es una enfermedad grave y frecuente, especialmente en personas con diabetes, sin embargo, suele pasarse por alto.
- El abordaje del paciente con diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular/ renal debe ser global, siendo la hipercolesterolemia uno de los factores a controlar de forma más estricta.
- En los pacientes con diabetes tipo 2, las sociedades científicas recomiendan iSGLT-2 y/o arGLP-1 por su demostrado beneficio cardiovascular y renal, así como por producir reducción ponderal.
Carlos Debán Miguel
Médico de familia C.S. El Restón. SERMAS
Máster en Diabetes tipo 2