Diabetes y sentimientos de culpa

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La diabetes no es culpa de nadie.

En algunos casos, la diabetes tipo 2 puede retrasarse su aparición, pero se trata de una enfermedad que uno/a no se busca. La culpa es un sentimiento que aparece cuando pensamos que somos responsables del sufrimiento de otra persona o de algún acontecimiento que ha provocado un daño a otros. También existe una culpa inconsciente de la que la persona, en realidad, no sabe nada y que se expresa como necesidad de castigo. Una vez diagnosticada una enfermedad como la diabetes, el sentimiento de culpa puede aparecer en la persona adulta enferma, en el padre y/o madre del niño, niña o joven diagnosticado/a, o en este/a mismo/a.

En el caso de los/las padres/madres, es frecuente que se pregunten el porqué de que les haya tocado a ellos/as y a su hijo/a, lo injusto de la situación, y que busquen un culpable. Culpando a otras personas, eventos o el medio ambiente, sólo se retrasa el proceso de asumir la enfermedad y tomar las riendas de la misma. Si no se supera el primer sentimiento de culpa que genera el diagnóstico, se pueden quedar anclados/as en dicho sentimiento y generar, o bien sobreprotección hacia el/la hijo/a, o incluso rabia (y ¡ojo! que la propia rabia generada por la culpa se desplaza hacia el/la niño/a). Hay madres y padres que se sienten responsables de todos los contratiempos que puede tener su hijo/a respecto a su diabetes. La culpa con la que cargan se suele traducir, entonces, en ansiedad que transmiten al chico/a y, claro, éste/a pensará que sus padres/madres están agobiados/as por su culpa.

Celia dice: “Mi hijo tiene ya 25 años y lleva con la diabetes desde los 8. Soy médica, conozco muy bien la enfermedad y más desde el diagnóstico de Raúl. También soy una persona racional, o intento serlo, y creo haberme comportado respecto al manejo de la diabetes como alguien que no quiere que su hijo sea diferente. Bueno, pues en mi interior no consigo deshacerme, aún hoy, de la sensación de que yo tuve la culpa de su diabetes y de que se haya pasado su juventud con las limitaciones e incertidumbres que esta “petarda”, como él la llama, provocan en mi hijo. Es una estupidez, pero haberlo tenido a los 44 años me hace sentir, en el fondo, que era mayor y debía haber sido más prudente, que eso pudo tener algo que ver en el tema. Además me odio a mi misma por pensar estas cosas tan irracionales y faltas de fundamento, pero mis entrañas me lo dictan. Soy plenamente consciente de que de esta forma le he hecho sufrir a veces, porque creía que él era el responsable de mi tristeza, pero otras se ha aprovechado de mis flaquezas debidas a esta culpa subrealista”.

¿Qué hacemos, entonces, para que nuestro/a hijo/a no se sienta culpable?

Lo primero, intentar que cada vez que se salta alguna pauta del tratamiento no usar comentarios del tipo: “te portas mal, eres malo/a, me vas a matar a disgustos” o poner caras de enfado/tristeza, porque lo único que conseguimos es que asocie errores o malas prácticas consigo mismo, es decir, que piense y sienta que él es malo. Y si un/a niño/a se siente malo/a, posiblemente se comporte como tal. Es preferible explicarle, de nuevo, la importancia del control, de conocer su diabetes… y dejarle hablar, que exprese lo que siente, teniendo además en cuenta que el/la niño/a tiene derecho a equivocarse.

Lo segundo y no menos importante: no juzgarle por los resultados de las mediciones. No utilicemos términos de “bueno” o “malo”, mejor decir que es una cifra dentro o fuera del rango, por ejemplo. Si el/la niño/a siente que la cifra no va a ser del agrado de su padre/madre puede empezar a mentir para no defraudarlos y para obtener su aprobación. Eso, más adelante se puede traducir con facilidad en dejar de hacerse mediciones o bien en engañarse a sí mismo/a midiendo la glucemia solo en determinados momentos. El/la niño/a puede llegar a vivir la diabetes como una forma de castigo porque no se ha portado bien, no ha obedecido a los/las padres/madres, no ha sido bueno/a estudiante… Es importante estar atentos/as a estos sentimientos, ya que pueden derivar en estados depresivos, de ansiedad, etc.

La culpa en los/las padres/madres, además puede provocar conflictos en la pareja cuando se culpan mutuamente: de no realizar bien el tratamiento, de consentir demasiado al niño/a, o al contrario, de exigirle un exceso de responsabilidad, etc. De nuevo nuestro/a hijo/a se puede sentir culpable de nuestro distanciamiento o nuestras discusiones.

¿Qué pasa cuando el sentimiento culpa se da en la persona con diabetes en edad adulta?

La culpa se puede generar por el pensamiento de que no se han tenido hábitos de vida saludables, no se ha cuidado uno/a lo suficiente cuando sabía que había antecedentes en la familia, etc. En fin, podemos creer que la diabetes es el castigo a un comportamiento “desidioso”. Aunque es una circunstancia frecuente, es muy importante eliminar y racionalizar ese sentimiento de culpa por no haber pensado antes en la diabetes, ya que bloquea cualquier otro pensamiento y sentimiento que suponga el empoderamiento sobre la enfermedad y una actitud positiva ante la misma.

También nos podemos sentir culpables por lo que la diabetes implica para los que conviven con nosotros/as. Así, nos cuenta Sergio, como la furia primero y la sensación de haber estropeado el fin de semana a sus amigos después, le hizo pasarse más de un mes triste y disculpándose con ellos a cada paso, cuando habían planeado ir todos juntos a bucear a Gerona y en la escuela de buceo les dijeron que las personas con diabetes no podían bucear con ellos, porque ningún monitor podía responsabilizarse de una persona con diabetes.

Sara también relata su experiencia: “Sabes cuando esa amiga bien-intencionada te dice tras la segunda copa: “chica, tu déjalo ya, que además con lo de la diabetes…”. Yo me pongo como el demonio de Tasmania, la limpiaría esa mirada condescendiente solo con el polvo que levantaría al zarandearla. Y al final, la tonta yo, porque esa noche siempre acabo trompa”.

Hay muchas pequeñas circunstancias de este tipo de las que muchas veces no somos conscientes: “como hoy me he pasado con el postre voy a correr media hora más, aunque me revienta llegar tarde a ver a mi novio/a”; “al final hemos ido dejando de salir a cenar por ahí los viernes, siempre acabábamos con el ritmo descolocado, yo cansado y con ganas de acostarme y mi mujer harta de no poder aprovechar la noche de la canguro en casa con mis hijos”; “le voy a decir al médico que cuando fui a hacerme los análisis la enfermera comentaba con otra compañera que últimamente las máquinas no funcionaban muy bien (estoy harta de sus frases rezongonas con moraleja apocalíptica para mis arterias)”; etc., etc. seguro que tú, amigo/a lector/a, ahora mismo puedes imaginar alguna situación por el estilo.

El sentimiento de culpa es algo que notamos en nuestro interior pensando en los otros, o bien se traduce en un mar de fondo bajo el nivel de nuestra conciencia que impregna lo que pensamos y cómo actuamos. Pero los otros están con nosotros por decisión propia (probablemente porque disfrutan en nuestra compañía y nos quieren), igual que nosotros con ellos, por lo tanto en ambos casos lo único que consigue esta emoción es no dejarnos razonar. Nos enfurecemos y actuamos auto castigándonos o aislándonos.

No olvidemos tampoco (aunque no vamos a tratarlo aquí, lo dejamos solo como reflexión) que desde el punto de vista social, el sentimiento de culpa es muy útil y su uso muy interesante, pues desde pequeños nos aturden con él, demostrándonos que todo lo que hagamos repercute en la vida de los otros, aun si lo que hacemos es auténticamente nuestro. Nos enseñan a entender la vida en base a obligaciones y responsabilidades, lo que alimenta un círculo vicioso donde la felicidad individual parece depender de los otros.

Intenta racionalizar (pregúntate ¿por qué me siento culpable?, ¿objetivamente tengo yo la culpa?), discúlpate por tus errores o explica lo que sientes cuando lo creas necesario para tu bienestar, y libérate de la culpa para tener una vida plena e independiente.

Autoras: Mª José Merenciano y Ana Tejedor. Psicólogas, colaboradoras de la Asociación Diabetes Madrid.

Fuente: Revista Entre Todos nº 88

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Autor entrada: Redes