Diabetes y mujer en las distintas etapas de la vida.

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La diabetes mellitus no presenta en general diferencias sustanciales en cuanto a diagnóstico, síntomas de presentación, métodos de control, tratamiento, tipos de complicaciones, etc. entre hombres y mujeres. Sin embargo, sí hay elementos diferenciales en cuanto al manejo en algunas situaciones concretas, o en cuanto a pronóstico o complicaciones.

En el año 2017, la Federación Internacional de la Diabetes, ha dedicado el Día Mundial de la Diabetes a «Diabetes y mujer. Nuestro derecho a un futuro saludable”.  Por esta razón iremos presentando artículos informativos al respecto, en esta ocasión trataremos las principales situaciones en las que se pueden encontrar diferencias.

En mujeres jóvenes (10-18 años)

En su gran mayoría serán mujeres con diabetes mellitus tipo 1.

La pubertad y la adolescencia hacen más difícil de tratar y controlar la enfermedad, como sucede en general con otras enfermedades crónicas en esta etapa de la vida, en ocasiones motivado por la propia edad, y en ocasiones por las alteraciones hormonales asociadas al crecimiento.

A ello hay que añadirle la complejidad hormonal en esta edad y el inicio de la menstruación. En cualquier edad, los días previos a la menstruación existe una tendencia a la elevación de la glucemia, debido sobre todo a las variaciones en los estrógenos y progesterona que se producen en ese momento del ciclo menstrual ocasionando cierta insulinorresistencia. En los primeros días de la menstruación la tendencia es hacia la hipoglucemia, retomándose después los niveles medios. Este hecho, que puede parecer en teoría fácilmente controlable, no siempre es posible por varios motivos: ciclos menstruales irregulares (sobre todo en los primeros años de la pubertad o en la perimenopausia), imprevisión de la próxima regla, no poder discernir si el descontrol es sólo por la menstruación o por otras causas, fluctuaciones glucémicas no organizadas, no anotar las glucemias ni hacer una revisión de lo que sucede en los días similares de ciclos previos, etc.

Los trastornos alimentarios se presentan más frecuentemente en mujeres adolescentes y jóvenes diabéticas que en las que no lo son y complican el control de la diabetes.

Mujeres en edad reproductiva (18-45 años):

La diabetes tipo 2 será la mayoritaria en esta etapa de la vida en cuanto a frecuencia de diagnóstico, pero la proporción de diabetes tipo 1 es mayor que en edades más avanzadas.

Puede aparecer diabetes gestacional, que tiene tendencia a repetirse en embarazos sucesivos (hasta en un 45% de los casos) y predisponer a padecer con el tiempo una diabetes tipo 2 (aumenta más de un 60% el riesgo). Es más frecuente en mujeres obesas, con antecedentes familiares de diabetes tipo 2, mayores de 35-40 años, con diabetes gestacional en embarazos previos, con síndrome de ovarios poliquísticos.

Si se padece previamente una diabetes tipo 1 o tipo 2, puede haber descenso de fertilidad, y mayor riesgo de complicaciones del embarazo. Para evitarlas o disminuir su frecuencia y gravedad es necesario un adecuado control de la diabetes antes y durante la gestación (ver otros artículos publicados anteriormente en la revista sobre Diabetes y embarazo).

Mujeres mayores de 45 años:

Es la edad de mayor riesgo para el comienzo de enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión, asociadas con frecuencia a los cambios metabólicos de la menopausia, al sobrepeso y obesidad, y al sedentarismo.

Con la menopausia desaparece el efecto protector de los estrógenos, igualándose el riesgo cardiovascular al de los hombres en la población general, pero en mujeres diabéticas este riesgo es todavía mayor.

Casi siempre la diabetes que aparece es de tipo 2, y en muchas ocasiones se desconoce que se tiene diabetes. Es en esta etapa de la vida cuando se manifiestan la mayoría de las complicaciones crónicas, ya de una diabetes recién diagnosticada, o de años de evolución, ya tipo 1 o tipo 2: enfermedades cardiacas, cerebrovasculares, trastornos neuropáticos, etc. así como también es mayor el riesgo que conllevan las hipoglucemias, sobre todo a nivel cerebro y cardiovascular.

En general:

Más de la mitad de las personas con diabetes mellitus son mujeres.

Entre el 90 y 95 % de la diabetes en mujeres es de tipo 2, porcentaje similar al de hombres.

La enfermedad cardiovascular, la complicación más frecuente de la diabetes, es más probable en mujeres. Además si ya ha sufrido un infarto de miocardio, ocasiona mayor mortalidad y menor calidad de vida que cuando ha sucedido en hombres. La probabilidad de mortalidad por esta enfermedad es seis veces superior en mujeres diabéticas. Esto puede ser debido además a que las mujeres reconocen peor los síntomas, a que suelen tener más factores de riesgo asociados y peor control metabólico.

La esperanza de vida es menor que las mujeres que no tienen diabetes (8,2 años inferior), igual que sucede con los hombres diabéticos respecto a los no diabéticos (7,6 años).

La incontinencia urinaria es más frecuente en mujeres diabéticas que en no diabéticas y que en varones diabéticos. También aparece más precozmente y suele ser de mayor intensidad. Suele caracterizarse por necesidad imperiosa de orinar, mayor frecuencia de micciones tanto durante el día como durante la noche, y facilidad para tener pérdidas de orina con la tos o los esfuerzos. A ello se puede asociar la vejiga neurógena, complicación producida por una neuropatía diabética, en la cual hay una disminución de la sensación de vejiga llena, distensión (dilatación) vesical y disminución de la posibilidad de contracción del músculo de la vejiga para vaciarla ocasionando retención de orina e incontinencia por rebosamiento.

No sólo la diabetes es la causa de la incontinencia. En ocasiones diversos fármacos o sustancias pueden contribuir a aumentar los síntomas, la frecuencia o la intensidad de la misma, por ejemplo, los diuréticos, la cafeína, el consumo de alcohol, algunos tipos de antidepresivos.

La disfunción sexual en la mujer suele manifestarse por disminución del apetito sexual, de la líbido, dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales), vaginismo, etc. En muchas ocasiones es un asunto no conocido porque no se consulta sobre ello ni se aborda en las consultas, por ello es difícil saber cuál es la frecuencia real del trastorno. La neuropatía diabética y la microangiopatía son factores que se relacionan con la disfunción, una por afectación de los nervios que inervan la zona y llevan la sensibilidad y movilidad, como por el déficit de irrigación. También los factores psicológicos están o pueden estar jugando un papel importante, bien como causa, bien como consecuencia.

Ciertos anticonceptivos orales utilizados, ya sea para controlar el ciclo menstrual como para evitar embarazos no deseados, sobre todo los compuestos por altas dosis hormonales, pueden ocasionar descontrol glucémico en los inicios del tratamiento. Después con el ajuste en función de los controles no deben ser causa de complicaciones ni alteraciones importantes de la glucemia. La supresión del tratamiento, igual que al inicio, requiere controles glucémicos más frecuentes con el ajuste pertinente de insulina si fuera necesario.

La frecuencia de infecciones urinarias es superior a la población general, sobre todo con mal control glucémico, siendo con frecuencia asintomáticas y pudiendo ocasionar a su vez mayor descontrol de la glucemia. Requiere tratamiento antibiótico adecuado al germen causante y análisis de orina ante sospecha de infección.

La candidiasis vaginal y en pliegues (axilas, ingles, debajo de las mamas) es relativamente elevada, siendo favorecida por el calor y el sudor, la obesidad, la falta de higiene y el inadecuado control glucémico. Su tratamiento suele ser largo y tedioso, pudiendo tener recidivas con frecuencia. La candidiasis vaginal requiere el tratamiento de la pareja.

El síndrome de ovarios poliquísticos (SOP) asocia a las alteraciones propia del trastorno, con frecuencia, insulinorresistencia, obesidad y dificultad para quedarse embarazada. La insulinorresistencia lleva a desarrollo precoz y más frecuente de intolerancia a la glucosa, y diabetes tipo 2 en mujeres afectadas de SOP aun delgadas o de peso normal, con un riesgo 3 veces superior. También eleva la posibilidad de desarrollar diabetes gestacional más tempranamente que en mujeres sin SOP.

Entre las mujeres afectadas de SOP hay que destacar que la mayor frecuencia de alteraciones glucémicas y de riesgo de diabetes se produce en aquellas que tienen alteraciones menstruales y síntomas por exceso de andrógenos, así como las que asocian obesidad o sobrepeso.

Tratamiento:

A pesar de la aparente exhaustividad, la mayoría de estas situaciones no requieren más tratamiento que el indicado para la población general:

  • Alimentación equilibrada: ayuda a controlar la glucemia, conseguir y mantener el peso adecuado, controlar la hipertensión y los niveles de colesterol y triglicéridos.
  • Ejercicio físico: contribuye a lograr el peso idóneo, o mantenerlo.
  • Mejorar hábitos: dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol, realizar 4-5 comidas diarias (3 principales: desayuno, comida y cena, 2 complementarias: media mañana y merienda, y a veces recena)
  • Controlar la diabetes, la hipertensión, la obesidad y la dislipemia, como principales factores de riesgo mejorables que evitarán complicaciones graves.
  • Menstruación: aumentar la insulina lenta los días previos, hacer ejercicio físico, controlar la ingesta
  • SOP: además de intentar mantener el peso adecuado, evitando el sobrepeso o la obesidad, la metformina (fármaco ampliamente utilizado desde hace muchos años en el tratamiento de la diabetes) ha demostrado no sólo aumentar la sensibilidad de los tejidos a la insulina, disminuyendo la insulinorresistencia del síndrome, sino también mejorar las alteraciones menstruales, de la ovulación y de los niveles de andrógenos asociados al síndrome de ovarios poliquísticos.
  • Planificación y control del embarazo si es mujer joven diabética pregestacional; detección precoz y control de la diabetes gestacional.
  • Tratamiento de las infecciones y de las complicaciones surgidas precozmente, por el médico de cabecera o el especialista (urólogo, cardiólogo, dermatólogo, internista, etc.), lo que repercutirá en mejorar la salud, la calidad y la cantidad de vida.
  • No alarmarse por alteraciones o peculiaridades asociadas a distintos momentos vitales, que sí requieren su comprensión, su conocimiento y poner los medios adecuados para su abordaje.
  • No dudar en consultar con su personal de enfermería o médico cualquier problema, duda, incertidumbre, etc. que tenga.

Autora del artículo: Rosa Mª Servián, Médico de Familia.

Fuente: Revista Entre Todos nº 83

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Autor entrada: Redes