Diabulimia: cuando la anorexia juega con la diabetes para perder peso

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Omitir o reducir las dosis de insulina necesarias con el fin de adelgazar. Por muy arriesgado que suene es así; así funciona la diabulimia, una enfermedad fruto de la combinación de dos que ya de por sí son suficientemente peligrosas: la diabetes y un trastorno alimentario.

La obsesión por perder peso llega a límites inimaginables: «Se trata de un problema en el que se entra poco a poco, paulatinamente, de manera que lo que empieza de una manera casi de «juego», termina convirtiéndose en un objetivo vital donde la voluntad se doblega en un solo sentido», explica a ABC.es Javier Hurtado, psicólogo de la Fundación Para la Diabetes.

Los que padecen esta enfermedad, explica Hurtado, son «habitualmente conscientes de los riesgos que conlleva. Suelen ser muy inteligentes, pero esa conciencia se nubla con los objetivos e intenciones ilógicos que potencian su comportamiento y son los responsables de su conducta. Es decir, aunque lo saben en el fondo, gana la idea de conseguir su objetivo: perder peso, y llegan a ese punto en el que no les importa hacer lo que sea para conseguirlo, incluso poner en riesgo su vida».

Pero, ¿por qué jugar con las dosis de insulina para adelgazar? «Se trata de aprovechar los desequilibrios hormonales propios de una diabetes mal controlada debido a que el páncreas no es capaz de crear por sí solo la insulina. Esta es la encargada de llevar el azúcar a las células pero si no la hay, entonces el azúcar se queda en la sangre y se termina eliminando por la orina y se adelgaza», explica a ABC.es Agnès Peris, médico nutricionista del Instituto de Trastornos Alimentarios.

Las complicaciones se triplican

Así, los que padecen diabulimia juegan con los factores propios de un trastorno alimentario tales como dejar de comer, atracones y posteriores vómitos, ejercicio físico excesivo y, a su vez, manipulan a su antojo las dosis necesarias de insulina para mantener la diabetes a raya. El resultado es tremendamente alarmante: «Se incrementan hasta tres veces las complicaciones que puede tener un diabético; algunas de ellas muy graves: daños en el riñón que pueden degenerar en diálisis, perjudicar la retina hasta caer en la ceguera o padecer pie diabético que incluso puede llegar a requerir la amputación. Es más, el riesgo de mortalidad se triplica y se reduce la edad media de muerte a los 45 años», explica Peris.

Se incrementan tres veces las complicacionesque puede tener un diabético

A este agravamiento de las complicaciones de la diabetes se le suma las que ya de por sí dejan en el cuerpo los trastornos alimentarios: la falta de la menstruación en el caso de las chicas, falta del desarrollo del cuerpo si el trastorno se da en la adolescencia, pérdida de pelo…

Cabe destacar que hay ocasiones en las que la diabetes no siempre es anterior al trastorno alimentario: «Hay veces que, por ejemplo, se diagnostica anorexia y, durante el tratamiento, la diabetes. Entonces muchos pacientes empeoran porque descubren que hay más formas de adelgazar», explica Peris.

Desgraciadamente esta enfermedad no es muy conocida en la socidad pese a ser una tendencia creciente que tiene un diagnóstico complicado: «En muchas ocasiones lo que ocurre es que si se produce un ingreso hospitalario, el centro del diagnóstico lo ocupa la diabetes y no se atiende o diagnostica convenientemente el trastorno alimenticio. Llevo muchos años trabajando en diabetes y en mis inicios era difícil encontrar estos problemas o signos que nos hicieran preocuparnos por ello. Sin embargo, desde hace unos diez años para atrás, cada vez es más frecuente», explica Hurtado.

La importancia del diagnóstico

Así, este psicólogo recomienda prestar especial atención por parte de familiares y expertos que traten con diabéticos a signos o síntomas tales como fases de muy mal control de la enfermedad, ingresos hospitalarios repetidos –tanto por hipo como hiperglucemias-, resultados apuntados en las libretas de control que no corresponden con las analíticas del laboratorio…

Ante cualquiera de estos síntomas se deberá actuar de inmediato ya que, como indica Hurtado, «como en casi toda patología, si sabemos que va en aumento y tenemos un perfil que lo define, la prevención y la pronta identificación del problema es clave».

Una vez identificada la enfermedad, se procederá a un «tratamiento multidisciplinar, compuesto por un psicólogo, un médico de cabecera, un nutricionista y un endocrino», según explica Peris. En este punto, añade Hurtado, la «intercomunicación entre los distintos equipos intervinientes debe ser total, y las fases del tratamiento psicológico irán acordes al resto de intervenciones».

El perfil de persona que padece diabulima es, según este experto, el de normalmente chicas(aunque empiezan a verse chicos también pero de un modo menos frecuente), con varios años de evolución de diabetes, que debutaron siendo niñas. Suelen ser jóvenes inteligentes, persistentes, con buenos resultados académicos aunque con baja autoestima y muy perfeccionistas. También pueden darse algunas características familiares frecuentes como la carencia de resolución de problemas, alto nivel de exigencia en todos los miembros o déficit de comunicación emocional entre todos los miembros.

En cuanto a los motivos por los que se puede acabar padeciendo esta enfermedad son muy diversos y uno de ellos es el vínculo que existe con la depresión. «Lo que no está del todo claro es si la diabulimia causa la depresión, o si la depresión potencia la probabilidad de sufrir la diabulimia. Suele haber una baja autoestima, lo que potencia la presencia de la depresión, y ésta puede llevar a una valoración equivocada de la persona y su entorno, lo que puede empujar a tomar decisiones erróneas respecto a cómo mejorar y controlar su vida», explica Hurtado.

Fuente: abc.es

Imagen: freedigitalphotos.net

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