Diagnóstico en menores de cinco años: matices y reflexiones en la era Covid

Diagnóstico en menores de cinco años

“Siento no poder pintar la vida de rosa como en otras ocasiones, y me quito el sombrero ante todas estas familias que han seguido hacia delante con sus pequeñas golosinas. Ellos son el verdadero ejemplo y hacia donde hay que mirar”. Así terminaba un artículo que escribí en 2006. Trataba sobre el debut en diabetes en menores de cinco años. En 2011, me lo pusieron todavía más difícil: “bebés con diabetes”. A pesar de todos los avances que existen me costaba ser optimista. Explicaba todos los aspectos por los que esta incómoda compañera de vida era tan diferente en un lactante, en el que sí tenemos motivos para llamarla enfermedad y no compañera. Diagnóstico más complejo y muchas veces tardío, control glucémico impredecible, con necesidad de diez controles diarios, o incluso más, y un daño psicológico difícil de abordar, tanto para los familiares como para el propio paciente: “¿por qué es mi propia madre quien me hace daño con esa aguja?”. Finalizaba el texto con un mal chiste que trataba de esconder las lágrimas: “Mientras tanto, un ciego preguntó a un cojo: “¿qué tal andas?”, a lo que el cojo contestó: “pues… ya ves”. Mientras esperamos nuestra curación, tomémoslo con humor. Muchos ánimos a todos, en especial a los papás de estos caramelos chiquitines”.

Estamos ya en 2020, y no es que la ciencia que rodea a la diabetes haya avanzado de forma escandalosa. Las bombas de insulina son mejores, los sensores de glucemia son más precisos y los endocrinólogos se animan a prescribirlas a niños cada vez más pequeños, con todos las beneficios que, generalmente, esto supone en la calidad de vida y en el control de la diabetes. Estamos bien. La curación, artificial o no, se sigue tocando con los dedos de las manos, pero aún no ha llegado. Llegará. Cuando lo haga, la prenderemos como un recién nacido con su palma, para no dejarla escapar.

Sin embargo, sería absurdo decir que en 2020 no ha cambiado nada, porque la pandemia lo ha cambiado todo. No solo nuestra forma de vivir y relacionarnos, también nuestros valores, el significado de la vida y la salud, la capacidad de resiliencia y de aceptar cada minuto tal y como nos llega, de adaptarnos a cada badén, de ocuparnos más y preocuparnos menos. A la gran mayoría, esto nunca nos pasó. No hemos vivido guerras. Lo peor que nos podía ocurrir no contemplaba nunca la muerte, asfixiados en la soledad de una unidad de cuidados intensivos. Muchos han perdido a sus padres y a sus abuelos. Aún así, salimos hacia delante. Porque siempre lo conseguimos, con independencia del tamaño de las piedras del camino.

¿Debo entonces alegrarme de que mi hijo “solo tenga una diabetes” en lugar de una nueva enfermedad infecto-contagiosa con un significativo porcentaje de mortalidad? Por supuesto. Las circunstancias influyen. En mitad de una guerra, quien ha perdido solo una pierna tiene mucho que agradecer. Sigue vivo. En mitad de esta guerra, si hemos conseguido seguir adelante a pesar de lamentar más de medio millón fallecimientos, una diabetes no va a poder con nosotros. No va a poder contigo y tampoco con tu hijo. Porque del coronavirus hay muchas cosas, demasiadas, que aún no sabemos. Pero de la diabetes en menores de cinco años sí que tenemos algo claro: se puede con ello. Tu hijo crecerá como cualquier otro niño. No va a ser diferente. Las personas con diabetes no somos diferentes, solo algo más dulces.

Creo que es un matiz importante. Es más Psicológía que Medicina, aunque ambas ciencias vayan de la mano. Mi visión sobre la diabetes en los niños más pequeños siempre ha sido dura, asertiva y quirúrgica, dejando claro que no es un camino de rosas. Sobre el diagnóstico, lo comparaba con un jarro de agua fría, que si “cayera sobre un menor de cinco años sería frío en una noche gélida, y si lo hiciera sobre un indefenso lactante todo tendría lugar durante el peor invierno del último milenio”. Decía que no quería engañar a nadie: “Los primeros capítulos de un bebé con diabetes son tristes, duros y dolorosos”. Sobre la sensibilidad a la insulina: “modificaciones inferiores a 1 UI pueden significar la diferencia entre la hiperglucemia y la hipoglucemia”. Sobre los bebés: “sinónimo de individuo imprevisible: ahora duermo, ahora no duermo, ahora como, ahora no como, ahora vomito, ahora corro, ahora no quiero dar ni un paso… cualquier cosa puede dar al traste con una organización perfecta de las raciones y las dosis de insulina”.

Cierto todo ello, pero quizá algo exagerado. Hace poco vi una dura película, en la que el gran Luis Tosar hace de enfermero. Una frase se ha quedado grabada en mi cabeza: “Al final no somos más que un conjunto de líquidos que, en un momento determinado, se salen por todas partes”. Lo que te enseña la vida en cada paso es que somos expertos en buscar excusas para no disfrutarla lo suficiente mientras podemos. Los niños lloran porque se les ha roto un juguete. Los adolescentes porque su amor no ha sido correspondido. Los jóvenes porque han suspendido el examen de conducir. Los padres porque no tienen tiempo, los cuarentones porque ya no son jóvenes, los de cincuenta porque no cumplieron sus proyectos y, poco después, todos lloramos por aquellos que dejaron de acompañarnos en nuestro día a día. No tiene sentido.

Que diagnostiquen a nuestro hijo de diabetes es una mala noticia que nadie quiere recibir. Si además es menor de cinco años, menos aún. Mucho peor si es un bebé. Se abre una vereda angosta, oscura y torcida, una vía que no hemos pedido, pero ahí está, para aprender a recorrerla. El coronavirus nos ha enseñado lo fácil y rápido que los caminos pueden desaparecer, para siempre. Por tanto, aprendamos a aceptar las sendas que se abren a nuestro paso, a disfrutar de cada pequeña e insignificante huella, a vencer cada obstáculo con determinación y a no permitir que esta mala noticia nos detenga, porque ninguna diabetes nos va a parar. Papá, mamá, muchos ánimos. Vais a poder con esto. Vais a vencer a la diabetes de vuestro hijo. Conseguiréis que tenga una vida completamente normal. Y, sobre todo, lograréis que sea feliz.

Dr. Roi Piñeiro
Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba

Publicado en la Revista Entre Todos (si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)

Publicado en Destacados, Diabetes infantil Destacados, Información niños, Niños y etiquetado , , , .