Diferencias de la diabetes en la mujer

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Diferencias de la diabetes en la mujer

Hasta hace algunos años, el modelo de estudio de la Medicina había sido el que plantea que las enfermedades no tienen sexo, que hombres y mujeres son iguales y que no hay diferencias en el enfermar ni por razones biológicas ni por razones sociales. Aunque en determinadas patologías la frecuencia era mayor para el sexo femenino que para el masculino, quedaba implícito que las enfermedades causadas por agentes externos o cambios internos no tenían matices diferenciales al evolucionar en un hombre o en una mujer (Valls-Llobet, 2010). A partir de los años 70-80 del siglo XX, una corriente científica empezó a plantear que la salud de las mujeres dependía de problemas sociales y culturales, de la discriminación y la violencia que habían sufrido y que por lo tanto los problemas de salud eran fundamentalmente sociales. Jerilyn Prior, endocrinóloga en Vancouver planteó que la salud de las mujeres se debe analizar en relación con la biología, con la psicología y con la sociedad, entendiendo por sociedad no sólo la cultura, sino las condiciones de vida y trabajo y los condicionantes de la salud que provienen del medio ambiente. 

Existen cada vez más datos científicos que nos ponen de manifiesto la existencia de diferencias en el modo de enfermar entre mujeres y hombres, en la evolución de las enfermedades y en la forma que actúan los medicamentos (Valls-Llobet, 2010). En el terreno de la investigación, Lois Verbrugge fue quien en 1985 empezó analizar y a demostrar que existían diferencias en las enfermedades que con más frecuencia afectaban a hombres y mujeres, señalando la mayor prevalencia en enfermedades crónicas como la Diabetes Mellitus. Verbrugge ya señalaba en 1989 que el peor estado de salud de las mujeres se debe a riesgos adquiridos y aspectos psicosociales como el sedentarismo, el paro, el estrés físico y mental del trabajo, así como el trabajo emocional que constantemente realizan en su papel de cuidadoras de la familia y de su entorno. En el caso concreto de la Diabetes Mellitus, está documentado que ésta representa uno de los principales riesgos para la salud cardiovascular entre las mujeres y por ello, su detección precoz y su adecuado control resulta significativo. 

Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF), más de 200 millones de mujeres viven con esta enfermedad y está previsto que la cifra aumente hasta 313 millones para 2040. Se trata de la novena causa de muerte entre mujeres en el mundo, y causa 2,1 millones de muertes cada año. Datos del estudio Di@bet.es, realizado por el CIBERDEM muestran que el 29,8% de las mujeres entre 61 y 75 años padece Diabetes (cifra que asciende a un 41,3% una vez superados los 75 años). Mientras que entre los 15 y 34 años hay un 17 por ciento más de mujeres que padece Diabetes en relación con la cifra de hombres con esta enfermedad (FID, 2017). En las mujeres, existe un 30 % más de posibilidades que los varones de sufrir ictus, con el mismo tratamiento; la mortalidad en diabetes tipo 1 de las mujeres es un 37 % superior; el riesgo de enfermedad coronaria un 154 % más; y de enfermedad renal, un 44 % más en mujeres que en hombres (Monereo, 2017). La dificultad de control de las mujeres ante la Diabetes Mellitus se ha venido vinculando a una mayor variabilidad de los niveles de glucosa en sangre que se asocia a un mayor número de hipoglucemias y un peor control de esta condición crónica (Murillo, 2019). 

Como se mencionó anteriormente, las mujeres con diabetes están expuestas a complicaciones en diferente grado y modo que los hombres, por eso es importante visibilizar dichas diferencias, pues el hacerlo conlleva a prevenir complicaciones y disminuir la morbilidad en este grupo de población. En las mujeres hay un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular que en los hombres con igual condición porque existen diferencias en la forma en que actúan las hormonas y la inflamación para desarrollar la enfermedad coronaria. En las mujeres es más frecuente que en los hombres que sufren diabetes la incontinencia urinaria, pues aparece más precozmente en las mujeres y suele ser de mayor intensidad. Además, la Diabetes también puede traer aparejada disfunción sexual en la mujer que se manifiesta con disminución del apetito sexual, de la libido y dolor durante las relaciones. Sumado a todo esto, se sabe también que el número de personas con diabetes que tienen depresión es más alto que el de la población en general y entre las personas con diabetes, la depresión es dos veces más frecuente en las mujeres que en hombres (Murillo, 2019). De acuerdo con algunos estudios, esta predisposición se debe a que las personas que son resistentes a la insulina puedan tener niveles altos de serotonina concentrada, lo que las vuelve más propensas a la depresión (Murillo, 2019). La diabetes es la cuarta causa de muerte entre mujeres en España, por esto en 2017, el Día Mundial de la Diabetes prestó especial atención a los problemas de esta patología en la mujer y puso el acento en las altas cifras de prevalencia en el sexo femenino, así como en las consecuencias que este problema de salud tiene para ellas. Pero hace falta más de un día para visibilizar e intervenir sobre las diferencias experimentadas entre mujeres y hombres con relación a su salud

Es un hecho pues que exista una peor adherencia al tratamiento en las mujeres con diabetes y esto “puede deberse a roles de género que todavía persisten en muchas mujeres que deriva en una menor tendencia al autocuidado en favor del de la familia» (SED, Novials). Especialistas en el campo de la diabetes refieren que históricamente, las complicaciones de la diabetes se han infravalorado en las mujeres empleando tratamientos menos agresivos con ellas que con los hombres tras un infarto de miocardio o cerebral. 

Respecto a las revisiones existentes de trabajos que relacionan género y diabetes, destaca el análisis de María Sandín y colaboradores en 2011, donde afirma que la Diabetes Mellitus tipo 2 (DM2) afecta de manera diferente a hombres y mujeres. En esta revisión se evaluaron 22 artículos donde 6 demostraban diferencias significativas en cuanto a prevalencia, 8 en cuanto al control y las complicaciones, y 8 respecto a la mortalidad (Sandín, 2011). En este trabajo se observó cómo las desigualdades de género no están suficientemente explicadas en los artículos en los que hay diferencias significativas por sexo y apunta que, para profundizar en las causas de estas diferencias, sería necesario incluir en los estudios indicadores que incorporaran la perspectiva de género. 

Resulta importante así, identificar en primer lugar cómo construyen la noción de “autocuidado” en las mujeres con Diabetes tipo 1 y tipo 2, pues cuando hablamos de autocuidado nos referimos a aquel “comportamiento presente en la especie humana el cuidado de sí mismo, y se manifiesta de acuerdo con la época histórica, la etapa del ciclo de vida, el género, la cultura y la circunstancia de salud o enfermedad; se trata de una construcción cultural. El autocuidado es aquel conjunto de conductas que adoptan las personas de manera voluntaria y reflexiva, individualmente o con acompañamiento, como producto de la comprensión de la propia enfermedad, con el fin de contribuir a controlarla y, en última instancia, a procurarse el propio bienestar (Colliére, 1993: 385). En el discurso oficial de promoción de la salud, el autocuidado consiste en responsabilizarse del control de la enfermedad y actuar en consecuencia asumiendo decisiones saludables a partir de aptitudes personales (OMS, 1986). Para que una persona cuide de su salud, en caso de enfermedad, no basta con que sepa lo que ésta implica para sí misma desde el sentir, sino que además es necesario tener un conocimiento básico de la enfermedad y de la forma en que se cuida. Pero para una mujer con una enfermedad crónica la educación terapéutica va más allá de tener esa información, implica el conocimiento de un cuerpo que históricamente ha sido vedado. Hablar de salud de las mujeres es hablar del cuerpo de las mujeres, y este ha sido un cuerpo con tabúes, simbolizado y significado con valores que las alejan de él (Lagarde, 1998), del autoconocimiento. Esta relación con el cuerpo tiene que ver directamente con el cómo las mujeres se ubican en sus espacios inmediatos de interacción social, donde no sólo están con una historia particular, con la vivencia de su vida y su enfermedad, sino que además cargan con la herencia cultural e histórica del cómo se asume a las mujeres en las sociedades occidentales; es decir, tiene que ver con la identidad; aspecto que se construye individual y socialmente (Palma 2001) y se vincula indudablemente con su salud. 

Karla Meneses
Dietista Nutricionista
Educadora en Diabetes
Máster en antropología cultural
Consulta de Nutrición Diabetes Madrid

Referencias bibliográficas 

Castro, Roberto e Irene Casique (2006), “Violencia de pareja contra mujeres en México: en busca de datos consistentes”, Informe Nacional sobre Violencia y Salud, México, Secretaría de Salud, pp. 123-166. 

Esteban, Mari Luz (2004) Antropología del cuerpo. Géneros, itinerarios corporales identidad y cambio. Bella Terra, Barcelona. 

Grosz, (Elizabeth (1994) Volatile Bodies. Toward a Corporeal Femenism, Indiana University Press. 

Palma Campos, Claudia. (2001). Mujeres con diabetes mellitus e hipertensión, la vivencia de su salud, y el autocuidado a partir de la construcción de la identidad femenina. Revistas de Ciencias Administrativas y Financieras de la Seguridad Social, 9(2), 95-107. Retrieved January 23, 2020, from http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-12592001000200009&lng=en&tlng=es 

Sandín, María et al. (2011) Desigualdades de género y diabetes mellitus tipo 2. La importancia de la diferencia. Avances en Diabetología. Volumen 27. Mayo-Junio Págs 78-87. 

Trujillo Olivera, Laura Elena, & Nazar Beutelspacher, Austreberta. (2011). Autocuidado de diabetes: una mirada con perspectiva de género. Estudios demográficos y urbanos, 26(3), 639- 670. https://dx.doi.org/10.24201/edu.v26i3.1377 

Collière, Marie-Françoise (1993), Promover la vida: de la práctica de las mujeres cuidadoras a la práctica de la enfermería, Madrid, Interamericana / McGraw-Hill. 

Lagarde, Marcela (1996). Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Madrid. 

Lagarde, Marcela (2003), “Las madresposas”, Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas , México, PUEG-UNAM, pp. 363-460.

OMS (Organización Mundial de la Salud) (1986), “Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud. Primera Conferencia Internacional de Promoción de la Salud”, Ottawa, 21 de noviembre. 

Servián, Rosa María (2018) “Mujeres y Diabetes” Revista Entre Todos nº 83 

Murillo, Serafin (2019). “La diabetes, más difícil de controlar en las mujeres” 23 de enero de 2019 en http://www.elperiodicodelafarmacia.com/articulo/salud-de-la-mujer/diabetes-mas-dificil-controlar-mujeres/20190123133622003973.html 

Tébar Martínez, Laura (2017) “¿Cómo afecta la diabetes a la mujer?”  https://www.efesalud.com/la-diabetes-deteriora-mucho-mas-la-salud-de-las-mujeres-que-de-los-hombres/

Valls-Llobet, Carme (2010) Mujeres, salud y poder. Cátedra, Feminismos. 

Links de interés 

Di@bet.es 

CIBERDEM https://www.ciberdem.org/ 

https://worlddiabetesday.org/ 2017 

La diabetes no afecta igual a hombres y mujeres” 

Pacientes con diabetes exigen un enfoque de género y una revisión de la Estrategia Nacional de la enfermedad en el SNS” 

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Autor entrada: Redes