Recuerdo perfectamente la sensación de cruzar la meta de mi primera carrera de 10 kilómetros. Estaba cansada, emocionada y con una sonrisa enorme pero lo que más sentía en ese momento era orgullo. No solo había corrido 10 kilómetros. Había superado muchas pequeñas dudas que habían estado rondando mi cabeza antes de empezar: ¿y si me baja el azúcar a mitad de la carrera?, ¿habré calculado bien la insulina?, ¿habré comido lo suficiente?
En ese instante entendí algo muy claro: muchas veces el mayor obstáculo no es la diabetes, sino el miedo que sentimos alrededor de ella.
Y mientras recuperaba el aliento después de cruzar la meta, no pude evitar pensar en lo lejos que quedaba todo aquello que empezó muchos años atrás.
A mí me diagnosticaron diabetes con 13 años. Como a muchas personas, mi vida cambió de repente. Aparecieron palabras nuevas, números que vigilar, decisiones constantes. De repente tu día a día está lleno de cálculos, alarmas y preguntas. Y también de incertidumbre.
Con el tiempo pasé por muchas fases: la de intentar entender qué estaba pasando, la de frustrarme cuando algo no salía como esperaba, la de preguntarme si algún día sería más fácil. Y con los años también llegaron herramientas que realmente cambiaron mucho mi día a día. Hace unos cuatro años empecé a usar bomba de insulina, y fue uno de esos momentos en los que sentí que la tecnología también jugaba a nuestro favor. Me dio más libertad, más control y, sobre todo, mucha más tranquilidad en muchas situaciones de la vida diaria.
Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que la diabetes me ha enseñado mucho más de lo que imaginaba cuando tenía 13 años. No sería la persona que soy hoy si aquel diagnóstico no hubiera llegado a mi vida. La diabetes me ha ayudado a conocerme mejor, a responsabilizarme de mi salud y a desarrollar paciencia, disciplina y resiliencia.
Soy Carolina, soy farmacéutica y trabajo en una empresa de ensayos clínicos pero hoy vengo a hablaros de lo que yo llamo el juego de la diabetes.
Es una manera de ver cada día con sus retos y desafíos, de aprender a convivir con la diabetes sin dejar que nos defina, y de encontrar la parte divertida y estratégica en algo que a veces parece complicado. Cada día es como empezar una partida nueva. Hay cosas que podemos controlar y otras que no: lo que comemos, el ejercicio, el estrés, el sueño, las hormonas… incluso hay días en los que parece que el cuerpo decide tener sus propias reglas.
Son tantas variables que intentar tenerlo todo perfecto es casi imposible. Por eso decidí cambiar la perspectiva. En lugar de verlo como una batalla constante, empecé a verlo como un juego: observar, aprender, ajustar estrategias…y volver a intentarlo. Porque en este juego hay días en los que ganas y otros en los que simplemente aprendes algo nuevo sobre tu cuerpo.
Soy una persona a la que le encanta probar cosas nuevas. Me gusta descubrir deportes, vivir experiencias diferentes y salir de mi zona de confort. Pero cuando tienes diabetes, incluso algo tan sencillo como empezar una actividad nueva puede convertirse en todo un reto. Calcular la insulina activa, decidir qué comer antes de entrenar o cómo reaccionará mi cuerpo… son miles de pequeños factores que entran en juego. Y claro, en ese momento aparece el temor a una hipoglucemia, la preocupación por perder el control, la duda de que algo pueda salir mal estando lejos de casa… Todos los que convivimos con diabetes sabemos perfectamente de qué hablo. Pero aprendí algo importante: esas sensaciones no desaparecen… se aprenden a manejar.
Hace unos meses, como os comentaba, corrí mi primera carrera de 10 kilómetros. Aquella experiencia me enseñó que, con planificación y confianza, podía hacer mucho más de lo que imaginaba.
Poco después decidí cumplir otro pequeño sueño: probar el buceo por primera vez. Era algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer, pero que también me generaba muchas dudas. Bucear también implicaba un reto nuevo.
Tuve que planificarlo todo con cuidado: revisar mis niveles antes de entrar al agua, asegurarme de que estaban estables, hablar con los instructores… Recuerdo ese momento antes de sumergirme con una mezcla de emoción y respeto. Pero cuando finalmente bajé bajo el agua y todo quedó en silencio, rodeada de peces y de un mundo completamente distinto, pensé algo muy claro: había merecido la pena superar esa sensación de incertidumbre.
Algo parecido ocurrió cuando decidí viajar sola por primera vez. Para muchas personas puede parecer algo cotidiano, pero para alguien con diabetes significa organizar muchas más cosas: sensores, insulina, material de repuesto, glucosa, recetas médicas y pensar en posibles imprevistos. Ese viaje también fue una experiencia muy especial. Me demostró que, con preparación y calma, podía moverme por el mundo con total normalidad.
Cada una de esas experiencias me ha recordado algo muy importante: la diabetes puede acompañarnos, pero no tiene por qué decidir nuestra vida.
Mi próximo desafío será correr una media maratón. Solo pensarlo ya me produce emoción y respeto.
Cuando enfrento un reto, a veces pienso en esa niña de 13 años que acababa de recibir un diagnóstico que le provocaba tanto miedo y que no sabía muy bien qué significaría para su vida. Si pudiera hablar con ella hoy, le diría algo muy sencillo: No tengas miedo. Vas a poder hacer muchas más cosas de las que ahora imaginas.
Sé que cuando esté en la línea de salida de esa media maratón probablemente volverán los nervios y el miedo. Pero también sé algo más importante: que después de tantos años he aprendido a jugar esta partida.
Porque al final eso es lo que ha sido la diabetes para mí: un juego complejo, lleno de variables. A veces ganas, a veces aprendes, pero siempre sigues jugando.
En mi horizonte hay un sueño que me emociona especialmente: poder contar algún día esta misma historia delante de familias y niños que acaban de recibir un diagnóstico de diabetes y transmitirles tranquilidad, confianza y esperanza.
Porque si hay algo que me gustaría que todos recordáramos es esto: La diabetes forma parte de nuestra vida, pero no define quiénes somos ni hasta dónde podemos llegar.
Y quizá algún día, alguno de esos niños también esté empezando su propia partida en este juego, descubriendo que incluso con diabetes la vida puede estar llena de retos, sueños y metas por cruzar.
Autora: Carolina Arbizu
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)