El desarrollo de la tecnología ha supuesto un cambio radical en la forma de gestionar la diabetes. Eso es inapelable.
No solo nos permite tener objetivos terapéuticos mucho más ambiciosos, sino que también nos ayuda a entender de forma más atinada lo que ocurre en nuestro organismo cuanto sucede con la diabetes ¡Y casi en tiempo real!
Este texto no tiene como misión describir todas las maravillas que nos reporta como son disponer de un monitoreo detallado, mejorar el control de la diabetes, el sistema de alarmas que ayuda a prevenir o corregir precozmente cuando “se desmadra”, atenuar la ansiedad fruto de la incertidumbre, etc.
Todo eso está claro y merece un artículo aparte.
En esta ocasión se me ha invitado a reflexionar sobre otras consecuencias menos deseables que también conlleva. Muchas de ellas son la deformación exagerada y retorcida de las ventajas enumeradas. Digamos que es su lado oscuro.
Como fan de Star Wars que soy, no he podido resistirme a utilizar como símil la explicación que se hace en la saga sobre qué es Fuerza.
La Fuerza se nos presenta como algo beneficioso, un ente que ayuda a la armonía en el Universo. Sin embargo, contaminada con emociones desmedidas, ésta se convierte en algo dañino. Mantiene el mismo poder, pero en una dirección que, lejos de ayudar, destruye.
Si aplicamos este argumento a las tecnologías en diabetes, vemos cómo sus cualidades beneficiosas, su Fuerza se corrompe dando lugar al Reverso Tenebroso. Veamos un ejemplo ilustrativo en la gestión de la diabetes: La posibilidad de monitorizar en remoto los niveles de glucosa de tu hijo/a te permite vivir con menos sobresaltos y con la sensación de controlar mejor la diabetes. Pero si tu nivel de alerta va más allá de lo razonable, puede acabar convirtiéndose en una obsesión y obligarte a estar cada minuto vigilante para confirmar que nada está ocurriendo.
El lado oscuro
En estas líneas quisiera plantear algunas cuestiones que pueden percibirse como el “Lado Oscuro de la Fuerza de la tecnología”. Mi objetivo es estimular la reflexión personal y, llegado el caso, invitar a modificar ciertas conductas con el fin de que no se sobrepase lo sensato.
Paso a enumerar algunos de los riesgos que, a mi juicio, llevan al Reverso Tenebroso:
- Dependencia completa de la tecnología. Si bien conviene atender sus sugerencias, el considerarla un oráculo al que seguir ciegamente sin una actitud crítica puede llevarte a perder las habilidades para la autogestión y limitarte (o limitar a tu hijo/a) en la toma de decisiones.
- Sobrecarga de información. La tecnología vomita datos sin solución de continuidad y eso puede llevar a agobiarte e incluso a paralizarte. Es común sentirse abrumado por la cantidad de información y por la responsabilidad que se tiene para interpretar los datos correctamente. Cuando nos equivocamos, y eso ocurre, puede hacer que nos sintamos un poco tontos y culpables: ¿cómo no lo he visto si me estaba avisando con la flecha de tendencia?
- Invasión de la privacidad. La vigilancia constante puede hacer que tu hijo/a sienta que no tiene privacidad y, en la adolescencia, este es un tobogán en caída hacia el conflicto. En esta situación, la línea roja es la que separa el conocimiento para la gestión diabetológica de la invasión de su intimidad.
- Bloquear el desarrollo de la autonomía del niño. Si eres quien toma todas las decisiones constantemente, sin hacerle partícipe a tu hijo/a en función de sus posibilidades, puedes estar frenando su aprendizaje respecto a la gestión de la diabetes y fomentando la dependencia, incluso en edades avanzadas.
- Aumento de la ansiedad. Cuando se monitorea constantemente, puede ocurrir que fluctuaciones normales sean vividas con alarma olvidándose que, ni siquiera las personas sin diabetes, están en rango el 100% del tiempo.
- Otra fuente de malestar es la denominada ansiedad tecnológica que consiste en la compulsión a verificar continuamente el dispositivo. Puede ocurrirte a ti o a tu hijo/a. En todo caso, lo que es claro es que interfiere en la vida diaria, eleva el nivel de estrés y reduce la calidad de vida.
- Deterioro de las relaciones padres-hijos. Ya se ha apuntado más arriba, pero debido a su gran relevancia lo menciono nuevamente: La invasión de la privacidad puede ser causa de conflictos. El niño/a o adolescente puede sentir que le falta independencia y que no se respeta su espacio personal. Sin duda eso va en detrimento de la buena convivencia.
He procurado enumerar algunas de las cuestiones sobre las que reflexionar. Es recomendable hacerlo si sospechas que la inadecuada utilización de la tecnología puede estar perjudicándoos.
¿Qué se puede hacer?
Ahora toca listar algunas sugerencias que tienen como misión prevenir o corregir esa deriva negativa.
- Educación y formación adecuada. En este sentido creo que es fundamental que, cuando, desde el Servicio de Endocrinología Pediátrica se facilite tecnología, se ponga especial mimo en formar en el uso del dispositivo, en la manera adecuada de interpretar los datos y en cómo actuar en determinadas circunstancias. Insisto, no se trata de enseñar, sino de confirmar que el usuario aprenda bien esos conceptos. También se debe programar una formación continuada de reciclaje y cuando haya novedades en los dispositivos utilizados.
- Establecer límites al uso de las tecnologías determinando en qué momentos concretos del día se va a revisar la información salvo, claro está, que se produzca un aviso de alerta. No sé si es tu caso, pero muchos padres y madres, comprueban la gráfica con la misma rutina como quien mira el reloj. Eso distrae de la actividad concreta que puedan estar realizando en ese momento (trabajo, ver la tv, gimnasio, hacer la comida, leer…).
- Establecer activamente desconexiones programadas diarias. Por ejemplo, en la hora de la siesta, en momentos de ocio, durante las comidas, etc. con el fin de desintoxicarse. También puede ser una buena idea establecer una tarde semanal sin tecnología. Determinar una frecuencia de comprobación razonable. Por ejemplo no mirar la glucemia más allá de una vez por hora.
Por supuesto quedan excluidos de estas sugerencias los momentos en los que salte alguna de las alarmas programadas. Pero eso también se puede decidir. Puede ser una idea genial configurar las alertas para que avisen solo en situaciones de desvíos significativos, con el fin de que las interrupciones sean justificadas.
Como ves, son cuestiones muy particulares que deben ser tomadas según cada circunstancia familiar. Sin embargo, opino que no está de más reflexionar seriamente sobre ello. Se trata de aprovechar todas las ventajas que ofrece la tecnología evitando caer en su Lado Oscuro.
¿Qué te parece si relees el artículo en compañía de tu hijo/a? ¡Que la fuerza te acompañe!
Autor: Iñaki Lorente
Psicólogo Especialista en Diabetes
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)