En el mundo de la diabetes, y muy especialmente en los últimos años, estamos experimentando un gran aumento de innovación en distintos campos, como son los fármacos, los instrumentos de análisis, aparatos y diversas herramientas para ayudar tanto a los profesionales como a las personas y familias con diabetes en su día a día. Numerosos trabajos muestran los beneficios clínicos con el uso de las nuevas tecnologías (sensores de monitorización continua, infusores de insulina, sistema de asa cerrada, algoritmos de decisión, etc.). A estos beneficios en resultados clínicos también se asocian, habitualmente, mejoras en la calidad de vida de la persona y la familia con diabetes, reflejado en menos distrés por la diabetes, menos ansiedad, menos temor a las hipoglucemias o mayor satisfacción con el tratamiento y calidad de vida general.
Sin embargo, en la práctica clínica diaria se pueden observar casos que no entran en todo lo comentado. Existe un perfil de persona con diabetes que no acepta el uso de lo que hemos llamado “nuevas tecnologías”, o que incluso tras un periodo de uso decide abandonarlas y volver a su sistema de manejo, digamos, más “tradicional” o “clásico”. En la mayoría de los casos se puede traducir en que son personas con diabetes con temor a la tecnología, y vamos a intentar profundizar un poco más en esto.
Cualquier “nueva tecnología” para el manejo de la diabetes en la persona (e incluso en la familia) va a provocar una experiencia a 2 niveles:
- Nivel físico: en el cuerpo, por tamaño, dificultad de uso, comodidad
- Nivel mental: expectativas, creencias, emociones.
Cualquiera de los 2 niveles puede influir en la creación de barreras por parte del usuario. Si nos centramos en el primer nivel, el físico, una parte de las personas con diabetes puede rechazar o tener temor a nuevos sistemas o aparatos por:
- Creer que son muy incómodos por su tamaño o lugar de colocación
- Me van a impedir llevar a cabo actividades cotidianas con normalidad
- No cuadra con mi forma de vestir
- Van a ser muy complejos de manejar
- Alarmas continuas, sonidos, llamadas de atención
A nivel mental o psicológico las principales barreras estarían en:
- No voy a ser capaz de aprender a manejar adecuadamente el sistema, lo que me puede generar más riesgo de hiper o hipoglucemia
- No quiero depender de una “máquina”
- Me hace sentir “minusválido”
- Me señala como alguien muy diferente al resto, me destaca de los demás
- ¿Y si se equivoca la máquina?
- Ya sí que todo el tiempo voy a ser consciente de mi diabetes porque hay algo en mi cuerpo que me lo recuerda
- Va a requerir mucho trabajo, sin descanso
- Hay personas donde el exceso y continuado nivel de datos generan ansiedad
- Me siento vigilado/a, por la máquina, el equipo médico, mi familia…
También puede pasar que la persona haga uso de esa nueva herramienta y que la abandone al poco tiempo. Normalmente si ocurre esto suele deberse a:
- No cumplió expectativas. Es frecuente que las personas con diabetes tengan una imagen excesivamente optimista cuando van a comenzar con un nuevo sistema, sobre todo imaginando un día a día donde no van a tener que estar tan pendientes de su diabetes.
- Supuso mucho esfuerzo y no obtuvo mejores resultados (ni clínicos ni psicológicos).
Conviene matizar que la incorporación de una nueva herramienta tecnológica en la vida de una persona con diabetes, puede suponer un cambio drástico en su día a día, un antes y un después, el tener que cambiar un estilo de vida, a veces mantenido durante largos años, y los temores a ese cambio están más que justificados.
En el caso de los adolescentes o jóvenes con diabetes, sus reticencias están más que claras e identificadas. A esas edades uno de los procesos a destacar es el de pertenecer a un grupo de iguales, que se forma por intereses comunes, gustos similares, mismas formas de vestir y comportarse, etc. Un joven con diabetes quiere pasar desapercibido, y las nuevas tecnologías en diabetes “señalan” más claramente, marcan una diferencia evidente más entre jóvenes con y sin diabetes. Les puede hacer sentir más diferentes, a lo que se suma la mayor sensación de control o vigilancia por parte de sus padres, familia o equipo médico.
Una vez reflexionado sobre todos estos puntos, y sin olvidar los beneficios (clínicos y psicológicos) que las nuevas posibilidades tecnológicas han demostrado en los últimos años en el manejo de la diabetes, no se debe perder de vista ese porcentaje que teme, no quiere o no acepta el uso de estas herramientas.
Algunas recomendaciones de qué se podría hacer en estos casos, serían:
- Reconocer que el miedo es normal
- Hay que analizar pros y contras desde los puntos de vista racional y emocional
- Investigar sobre los nuevos productos o herramientas
- Tener paciencia, no hay que aprenderlo todo del tirón, es mejor ir poco a poco, paso a paso
- Buscar apoyo, principalmente en la educación terapéutica, te ayudará a:
o Conocer mejor la nueva tecnología
o Valorar y equilibrar tus expectativas - Si es posible, contactar con otras personas con diabetes que ya sean usuarios experimentados con tu futuro sistema
- No imponer la presión de que es un paso sin vuelta atrás. Siempre existe la posibilidad de volver al anterior sistema.
- Hay tecnologías con altas potencialidades, con capacidad para avisar o muchos aspectos (alarmas a distintos niveles, de distintos tipos, al subir, al bajar, cuando baja muy rápido, etc…). Posiblemente en la mayoría de personas es mejor empezar con pocos avisos, los mínimos imprescindibles, no poniendo toda la potencia al servicio de la persona, porque podría desbordarla, ser abrumadora.
- Que algo no ha funcionado en otro momento, no significa que no pueda ser beneficioso en un futuro. Las circunstancias vitales de cada persona cambian con el tiempo, por lo que algo que en su día puedo no ser útil, sí puede serlo en otro momento, y viceversa. Hay que ir adaptando las herramientas en función de nuestras necesidades en cada momento. No hay nada que sea lo ideal para siempre, y pueden aparecer oportunidades de sistemas nuevos que se ajusten mejor a nuestro día a día.
- Tener presente las ventajas, pero también las limitaciones de cada nueva tecnología, lo que ayudará a construir unas expectativas mucho más equilibradas. Todo tiene sus pros y sus contras.
A modo de resumen, la tecnología ha supuesto un antes y un después en el manejo de la mayoría de personas con diabetes, con beneficios a nivel clínico y psicológico en la mayoría de casos. Sin embargo, hay un porcentaje que rechaza, por distintos motivos, el uso de la misma. Conocer y trabajar esos motivos con el equipo médico puede ser fundamental para alcanzar el equilibrio necesario, eliminando ideas erróneas y minimizando respuestas emocionales inadecuadas. La intervención del especialista en psicología experto en diabetes podría ser oportuna.
Autor: Javier Hurtado
Psicólogo Clínico
Experto Universitario en Educación Diabetológica por la Universidad de Sevilla