Introducción. ¿Qué es la fragilidad?
El envejecimiento poblacional es un fenómeno mundial en auge en las últimas décadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el año 2050 la población mundial mayor de 60 años se duplique. En España, no está ocurriendo un fenómeno diferente, y es que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2022 la población mayor de 65 años superó por primera vez el 20% de la población española, con una proyección de aumento en los próximos años.
Este cambio demográfico ha transformado el panorama sanitario en las últimas décadas con desafíos importantes en el ámbito social, económico y sanitario, destacando la necesidad de promover un envejecimiento saludable que permita a las personas mantener su autonomía y calidad de vida, más allá de prolongar la expectativa de vida.
Sin embargo, no todas las personas envejecen de la misma manera, y es en esa búsqueda de un envejecimiento pleno cuando surge el concepto de fragilidad, uno de los principales retos hoy en día en la atención del adulto mayor.
La fragilidad es un síndrome geriátrico, definido como un estado previo a la discapacidad, caracterizado por una reducción de la reserva de los sistemas fisiológicos relacionado con el envejecimiento. Esta reducción, confiere una disminución de la capacidad del organismo a responder frente a diferentes estresores aumentando el riesgo de presentar eventos adversos de salud, como pueden ser caídas, hospitalizaciones, complicaciones médicas y mayor dependencia para las actividades básicas de la vida diaria.
Existen factores predisponentes de la fragilidad, siendo su etiología multifactorial. Entre los principalmente descritos, destacan el envejecimiento fisiológico, las comorbilidades donde juega un papel importante la diabetes, el estilo de vida sedentario y la malnutrición. Es por tanto crucial detectar la fragilidad en los adultos mayores desde un enfoque integral y multidisciplinar, pues su detección y manejo temprano puede prevenir la discapacidad y mejorar la calidad de vida.
Fragilidad en el paciente mayor con diabetes
Hoy en día, la Diabetes Mellitus es una de las enfermedades crónicas más prevalentes. Aparece habitualmente a edades avanzadas con una prevalencia en España entre 18-24% en personas mayores de 65 años, siendo esta prevalencia incluso mayor en ancianos frágiles. Es importante destacar que la Diabetes Mellitus en la población geriátrica es una enfermedad con unas peculiaridades diferentes al resto de la población, tanto por su diferente fisiopatología como expresión clínica que se traduce en un mayor riesgo de hipoglucemias, complicaciones médicas, demencia, depresión o caídas.
Como he mencionado previamente, la Diabetes es una condición médica que juega un papel importante por su relación bidireccional con el síndrome de fragilidad en el anciano. El aumento de la resistencia a la insulina que se produce en los pacientes mayores con diabetes predice fragilidad y progresión de diabetes, asociación que está mediada principalmente por el estado proinflamatorio crónico (inflamación crónica de bajo grado) y aumento del estrés oxidativo que presentan los mayores con diabetes. Como consecuencia de ello, uno de los principales efectos que se produce, aunque no el único, es la degradación del número y tamaño de las fibras musculares, lo que condiciona pérdida de masa y fuerza muscular que se conoce como sarcopenia. Esta pérdida de masa muscular es uno de los factores claves por el que la diabetes contribuye a la fragilidad y las consecuencias asociadas a ella como son el deterioro funcional, pérdida de autonomía y disminución de calidad de vida.
Pero esta relación es bidireccional y la fragilidad per se puede complicar notablemente el control y tratamiento de las personas mayores con diabetes, ya que una persona frágil es una persona vulnerable desde el punto de vista físico, social y cognitivo influyendo directamente en la capacidad para gestionar una enfermedad crónica como es la diabetes.
Estrategias en el paciente mayor con diabetes
Este vínculo resalta la importancia de abordar ambas condiciones de manera integral con un enfoque individualizado y multidisciplinar para detectarlas precozmente y adaptar el tratamiento a cada situación. El tratamiento y prevención en ambas condiciones tiene una base común que es el ejercicio físico multicomponente y una nutrición mediterránea rica en proteínas. Con respecto al ejercicio físico, lo llamamos multicomponente pues es importante realizar tanto ejercicio aérobico, el más común caminar, como ejercicio de fuerza, resistencia y flexibilidad para así contrarrestar esa pérdida de masa muscular que había comentado previamente.
Siendo la diabetes y la fragilidad en personas mayores uno de los principales retos de salud pública, es esencial concienciar a la población general de hacer una correcta prevención primaria de ambas condiciones evitando que aparezcan con medidas de fomento de actividad física y nutrición, pero también es esencial una adecuada prevención secundaria siendo conscientes de ellas detectándolas precozmente para poder realizar una intervención.
Por todo esto, el manejo de la diabetes en el adulto mayor debe centrarse no solo en controlar la glucosa, sino en preservar la funcionalidad, prevenir la discapacidad y mantener la calidad de vida.
No todos los pacientes mayores con diabetes tienen las mismas necesidades: un enfoque personalizado y multidisciplinar es esencial para detectar precozmente signos de fragilidad y adaptar el tratamiento a cada situación.
Autora: Dra. Beatriz Herrero Pinilla.
Médico especialista en Geriatría Hospital Universitario Rey Juan Carlos (Madrid)
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)