¿Existen complicaciones asociadas a la diabetes que afecten a una vida sexual satisfactoria?

La diabetes puede producir a lo largo de su evolución, y en cualquiera de los dos tipos existentes, algún tipo de disfunción o dificultad sexual, tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, podemos afirmar que, hoy en día, una persona que sufre dicha enfermedad, puede disfrutar de una vida sexual satisfactoria y placentera.

Al contrario de lo que se venía creyendo hasta ahora y , según estudios realizados en diferentes universidades, se apunta a que probablemente, las disfunciones o dificultades en la conducta amatoria de las personas diabéticas son causadas por la predisposición psicológica, derivada de la propia presión de enfermedad, más que por la enfermedad misma.

Ha sido constatado científicamente, que la clave como indicador de salud sexual en la persona diabética pasa por el control de la enfermedad, que es lo mismo que decir, que el control y estabilización de las glucemias, junto con un estilo de vida saludable, (que contemple ejercicio controlado y planificado), junto con una dieta adecuada y una higiene diaria exquisita (cuidado de uñas, pies, piel, genitales, boca y flexuras en general).

Aplicar estas recomendaciones generales de salud incide de lleno en la vida erótica del sujeto y en su atractivo. Su lenguaje corporal permitirá emitir signos y señales de seducción, poniendo en juego no solamente la aptitud para el disfrute, sino la predisposición necesaria para el encuentro amoroso.

Por ejemplo, unos labios, unas encías bien perfundidos y vascularizados van a captar la atención hacia una boca (zona erógena de primer orden) y van a enviar mensajes inconscientes al entorno que indican la disposición erótica a través de una estética deseable o saludable.

Las asociaciones médicas, entre las que se encuentra la OMS, consideran que experimentar una salud sexual óptima pasa por la posibilidad de disfrutar de una actividad sexual libre de temores, culpas, mitos y falacias. Sin embargo, no siempre o casi nunca, nos encontramos en una situación de ideal de salud, sin que no obstante, esta situación sea óbice o traba, para el encuentro sexual armónico y cómplice cuando cada pareja de amantes desarrolla una intimidad de acuerdo a sus deseos y necesidades.

Sabemos que, a pesar del conocimiento acumulado sobre la importancia de prevenir tanto la diabetes misma como sus posibles problemáticas asociadas, se estima que aproximadamente solo la mitad de los afectados por diabetes se cuida correctamente.

Cuando no se sigue un estilo de vida saludable y no existe adherencia suficiente al tratamiento farmacológico, además de las posibles complicaciones agudas, la evolución crónica de esta enfermedad afecta necesariamente al sistema vascular, por lo que, de dichas complicaciones crónicas de la enfermedad se derivarán diferentes grados de dificultad y/o disfunción sexual que se expresan con alteraciones manifiestas en la fisiología de la respuesta sexual.

La respuesta sexual humana comprende el conjunto de manifestaciones físicas, psicológicas y emocionales que se producen durante las fases de excitación, orgasmo y resolución, que se producen como consecuencia de la estimulación y disposición erótica de hombres y mujeres.
Esta respuesta sexual en el hombre y la mujer con diabetes, que no estén bien controlados, se verá afectada en alguna de sus diferentes fases.

Así, si se producen de forma continuada niveles elevados de glucosa en sangre, se verá alterada la disposición erótica o fase de deseo erótico, porque los niveles altos de glucosa en sangre (hiperglucemias) producen cansancio y por tanto desinterés y apatía, con disminución o ausencia de deseo erótico por astenia o cansancio.

En otras ocasiones, los bajos niveles de glucosa en sangre (hipoglucemias) producen síntomas que exigen la acción inmediata a través de la ingesta de azúcar o hidratos de carbono. Cuando esta circunstancia se produce durante el encuentro amatorio, afectará a la respuesta sexual en su fase de excitación y orgasmo, abocando a encuentros amatorios frustrantes e insatisfactorios que pueden derivar en el deterioro de la pareja y alteraciones en la comunicación.

Hay parejas que como consecuencia de continuadas experiencias sexuales frustrantes entran en un círculo vicioso de desencuentros continuados.

Es ilustrativo el caso de una pareja compuesta por una mujer joven, con dos hijos, que vivía en un permanente estado de estrés, crónicamente malhumorada e irritada; y su pareja, un hombre de 38 años, quien aunque paciente y colaborador, se sentía disminuido en su autoestima al sentir y percibir la continua insatisfacción de su mujer. Ambos creían que su insatisfacción sexual era debida a un mal control eyaculatorio de él y a su falta de pericia.

Como consecuencia de continuadas experiencias sexuales frustrantes, hay parejas que entran en un círculo vicioso de desencuentros. Ambos acudieron a nuestra consulta en el Instituto de Medicina Sexual, tras decidir buscar una solución a sus problemas y pedir ayuda para mejorar su vida en general y su vida sexual en particular. Al realizar la historia clínica tuvimos muy en consideración que ella era diabética, y al realizar la exploración de su respuesta sexual se evidenció claramente que el factor perturbador en su relación era síntoma de hipoglucemia, que se manifestaban cuando ella alcanzaba un alto nivel de excitación, provocando inconscientemente la rápida respuesta eyaculatoria de él, que finalizaba el encuentro de pareja. Momento que ella aprovechaba para tomar la ingesta de azúcar necesaria para recuperar un adecuado nivel de glucemia.

El tratamiento de esta pareja pasaba necesariamente por reconstruir una intimidad libre de ansiedad, presente en ambos miembros de la pareja. Es decir, se creó un marco adecuado para su encuentro amatorio consistente, entre otras estrategias, en introducir un refrigerio que hiciera posible el desarrollo de un ambiente erótico hedonista y placentero, lleno de sensualidad, y libre de exigencias y ansiedades (hipoglucémicas, incluidas).

En general, las dificultades y disfunciones sexuales afectan a la fase de excitación y provocan dificultades tanto en la excitación y lubricación en la mujer, como disfunción eréctil en el hombre, circunstancias que terminan afectando negativamente la esfera del deseo y de la respuesta orgásmica.

La disfunción eréctil no es infrecuente en el hombre con diabetes, pero su aparición va a depender mucho del estilo de vida y del control de la diabetes. Un hombre con diabetes bien controlado y que preserve un estilo de vida saludable, realizando ejercicio planificado y siguiendo normas de nutrición y de higiene adecuadas, va a mantener durante más años un sistema vascular en buen funcionamiento y por tanto una respuesta sexual adecuada para el disfrute.

En el caso de la mujer, las dificultades y disfunciones sexuales son más frecuentes en personas con DM tipo II, y es muy probable que se solapen con dificultades asociadas al climaterio, y por tanto en ellas se entremezclan dificultades dependientes del sistema endocrino y la integridad vascular. Dificultades que se manifiestan en falta de lubricación y pérdida de elasticidad de mucosas, coitos dolorosos o dispareunia y disminución de la intensidad orgásmica, entre otros. Sin olvidar además, la frecuentísima ansiedad de anticipación frente a una situación que resulta frustrante y que se manifiesta con mecanismos defensivos que conducen a la disminución del deseo erótico por evitación o temor frente al dolor o las infecciones.

Se ha estigmatizado mucho la sexualidad de las personas con diabetes; lo cual es en sí mismo un factor de distrés muy importante que provoca no pocas dificultades, que a veces abocan a disfunciones bien establecidas. Toda persona con diabetes puede disfrutar de una sexualidad y una amatoria libre y placentera si invierte un mínimo de su tiempo, en diseñar, crear y desarrollar una vida sexual hecha a medida, que contemple los propios deseos y necesidades, liberándose de débitos y exigencias que impidan el desarrollo de un estilo de vida saludable.

Fuente: Revista Entre Todos nº 91
Autora: Dra. Rosa Abenoza
Médico psicoterapeuta y sexóloga
Instituto de Medicina Sexual

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