Hace unos años publiqué en la revista de la asociación un artículo que trataba de aclarar una serie de mitos sobre la diabetes. Rumores que diariamente vuelan alrededor de nuestras neuronas y que la mayoría de las veces nos hacen dudar. Leyendas basadas en verdades que lo fueron pero que hoy ensombrecen nuestra realidad. Por la importancia que tiene romper dichos tópicos y por la buena acogida que tuvo el tema en la primera ocasión, en las siguientes líneas voy a repetir algunas de las desmitificaciones más importantes, y añadiré alguna más con la intención de seguir despejando el camino de esta compleja y larga ruta llena de obstáculos, de esta sinuosa senda llamada diabetes.
La diabetes es una de las más horribles enfermedades crónicas
La diabetes es una condición crónica, eso es cierto, y además representa un importante factor de riesgo para el desarrollo de complicaciones a largo plazo. Sin embargo, cuando la diabetes está controlada, tratada y autotratada correctamente, todos o casi todos esos problemas pueden evitarse. Ya lo dijo el Dr. Elliott Joslin, uno de los fundadores de la terapia actual de nuestra enfermedad: la diabetes es “la mejor de las enfermedades crónicas” porque es “limpia, raras veces desfigura, no es contagiosa, frecuentemente no provoca dolor y generalmente es susceptible al tratamiento”.
Nadie dijo nunca que mantenerse normoglucémico fuera sencillo, pero al menos en esta enfermedad el control está en nuestras manos, y cada vez hay más dispositivos a nuestro alrededor para ayudarnos en este costoso, aunque a su vez posible, control. Me vienen ahora mismo pocas enfermedades crónicas, por no decir ninguna, que dependan de forma tan directa de nuestros propios esfuerzos, así que difícil sí es, pero no horrible. Al fin y al cabo nos cuesta lo mismo ser optimistas (si fuera más barato ser pesimista, con la crisis me apuntaba ahora mismo a llorar como una “magdalena sin azúcar”, pero como no es así, prefiero seguir sonriendo).
La diabetes es una enfermedad hereditaria
El matiz que hace falsa esta leyenda es tan sutil que el mito puede pasar por realidad y no por ficción. Pero es interesante saber que la diabetes NO se hereda, lo que se hereda es una predisposición a desarrollarla.
El factor genético es importante pero no definitivo, es decir, dos gemelos idénticos, con la misma predisposición a padecer diabetes, no tienen por quédesarrollarla nunca, o puede que uno la desarrolle y el otro no. Los antecedentes familiares tampoco tienen por qué existir siempre, por no decir que muchas veces se buscan antecedentes disparatados:
– ¿Hay alguien con diabetes en la familia?
– Mmmmm… no sé… a ver… déjeme pensar… puesss… no…
Y cuando el endocrino va a marcar “no” en la susodicha casilla el paciente tiene un recuerdo lejano
– Ah… bueno… espere… tengo un tío segundo que vive en Wisconsin y que no tolera bien las galletas Digestive ¿Puede ser doctor?
Ahí está… ahí le ha dado… de ahí le viene a su hijo…
Un hijo de madre con diabetes tipo 1 tiene una probabilidad del 2% de desarrollar diabetes. Si es el padre tiene diabetes tipo 1 la probabilidad asciende al 6%. En el caso de la diabetes tipo 2 la probabilidad dependerá del origen étnico, la edad y la ausencia o presencia de sobrepeso u obesidad; aún así, el riesgo teórico es del 33% en ambos padres.
La diabetes es contagiosa
La diabetes no, pero el buen rollo que suele rodear a las personas con diabetes sí lo es. Avisado queda todo el mundo. Por cierto, no hay vacuna para este feeling especial.
La insulina crea adicción
Los demás no sé pero yo sí me he vuelto adicto. Tengo que reconocer que ya no puedo vivir sin ella. Lo bueno es que no aparece en los controles de orina y entonces me la puedo pinchar sin problemas antes de apuntarme al Tour de Francia (pero esto es un secreto ¿eh?, sólo para los que tenemos diabetes…).
Por cierto, que si hubiera algún lector poco espabilado, que borre de su mente el párrafo anterior y se quede con este: “La insulina no crea adicción, es una hormona necesaria para vivir en TODAS las personas”.
La insulina engorda
Esto es cierto, pero lo absurdo es la consecuencia de este mito: “No quiero engordar, no me pincho”. La insulina es una hormona almacenadora, trata de aprovechar al máximo los nutrientes que ingerimos. Si nos ponemos más insulina de la que necesitamos estaremos más cerca de la hipoglucemia, tendremos más hambre, comeremos más y evidentemente ganaremos peso. Si nos ponemos menos insulina adelgazaremos peligrosamente como ya lo hicimos en nuestro debut, y no parece un plan muy agradable volver al hospital. Pero si nos ponemos la dosis de insulina que nos corresponde mantendremos un peso ideal. Los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia o la bulimia, son doblemente peligrosos en la diabetes, por lo que hay que sospecharlos precozmente y seguirlos muy de cerca.
Existen terapias, vacunas, hierbas y alimentos que curan la diabetes
La diabetes ya no es incurable, existen en la actualidad trasplantes de páncreas, o incluso sólo de islotes, que pueden hacernos olvidar plumas y viales durante largos periodos de tiempo. Pero de momento, para ser candidato a esta “curación natural”, hay que padecer una serie de complicaciones, como por ejemplo, necesitar un trasplante de riñón. Además están las bombas de insulina, ya acopladas a medidores continuos de la glucemia, que están muy cerca de la “curación artificial” de la que ya he hablado en muchas ocasiones.
Fuera de la Medicina clásica desconozco qué tipo de terapias alternativas han conseguido curar la diabetes. Algunas de ellas pueden mejorarla, y creo que son muy recomendables, sobre todo en aquellos que las hayan probado y les funcione; pero de ahí a curar… No recomiendo que nadie se ponga en manos de ningún sanador que cure la diabetes.
Niveles altos de glucemia indican una diabetes grave
La glucemia puede verse alterada a lo largo del día por múltiples motivos, no sólo por la dieta, por tanto no se debe acusar a una persona con diabetes de no ser responsable con su enfermedad por una medida aislada de 400 mg/dL, y mucho menos decirle que su caso es severo.
He vivido, y sigo viviendo, todo tipo de reacciones ante alguna de mis cifras desorbitadas. Reacciones exclamativas y de escándalo, incitándome a ponerme insulina para evitar mi fallecimiento inminente; reacciones de penuria, tristeza contenida y palmadas en la espalda ante mi próxima e inevitable amputación; reacciones de enfado, frecuentes entre familiares, por ese yogurt que nunca debiste tomar y al que todos consideran como único culpable; reacciones que únicamente tratan de buscar la razón para explicar algo que muchas veces no tiene explicación, salvo la de que los niveles de glucemia oscilan, queramos nosotros o no.
La única manera que tenemos de manejar bien la glucosa sanguínea es con el uso diario del glucómetro, comprobando el nivel de azúcar en repetidas ocasiones. Es útil anotar los resultados, relacionándolos con el horario de la última ingesta de comida, con el contenido de lo que hemos ingerido y con la cantidad de insulina inyectada, pero esto no quiere decir que todas las variaciones de la glucemia dependan única y exclusivamente de un solo factor, ¡ojalá fuera así de sencillo!
En la diabetes tipo 2 la necesidad de usar insulina indica que la diabetes ha empeorado
La diabetes tipo 2 podría compararse con la presbicia, patología que afecta a los ojos y es más conocida como vista cansada. El páncreas, al igual que el cristalino, también se va cansando a lo largo de la vida, y va dejando de producir insulina en algunos individuos genéticamente predispuestos. Este déficit de insulina es gradual, no deja de producirla de un día para otro. Por eso, al principio, se utilizan fármacos administrados por vía oral que tratan de exprimir el páncreas y sacarle las últimas gotas de insulina que le quedan. Son efectivos, pero al cabo de un tiempo el páncreas se queda sin insulina y nuestro organismo requerirá insulina inyectada. No es un empeoramiento, es la evolución natural de la diabetes tipo 2. Lo que ocurre es que nadie sabe predecir cuanto tiempo pasará hasta llegar a esta situación y es muy variable entre unas personas y otras, por eso a un compañero de la Asociación le va tan bien con sus pastillas pese a que lleva 15 años de diabetes mientras que a otro le han puesto los pinchazos porque “ha empeorado y su diabetes es más grave”. Por supuesto el entrecomillado es un mito falso.
El sentirse bien y sin síntomas quiere decir que podemos relajarnos en el autocontrol porque nuestra diabetes está bien controlada
Esto es más que un mito, es la gran excusa que todos hemos utilizado alguna vez. Evidentemente todos sabemos que la hiperglucemia es asintomática, salvo que lleve gestándose varios días, o aparezca de un modo agudo. El error más grave de una persona con diabetes es aparcar el reflectómetro tras varios meses de buen control, porque entonces lo que tendremos seguro al cabo de otros tantos meses es una buena y merecida bronca del endocrino, mientras observa atónito una hemoglobina glicosilada del 9%.
Al seguir el tratamiento con insulina o antidiabéticos orales se puede comer cualquier cosa en cualquier momento
Toda ingesta de comida en una persona con diabetes debe ser regulada, sobre todo en cuanto a raciones de hidratos de carbono se refiere, y siempre debe ir acompañada de una dosis de insulina que nos permita utilizar dichos hidratos a nivel celular. El tratamiento que nos deja más libertad, en cuanto a horarios se refiere, es la bomba de insulina, y curiosamente, también es el tratamiento que se asocia a mayor ganancia de peso… tinoninoniiinoninoninooo…¿por qué será… por qué será…?
Autor: Dr. Roi Piñeiro
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)