Desde el pasado mes de octubre hemos visitado los siguientes centros:
- Instituto Josefina Aldecoa (Alcorcón). Socia 1º ESO, 11 años.
- CEIP Miguel Hernández (San Fernando de Henares).bSocio educación infantil, 5 años.
- Colegio Jovellanos (La Latina). Socio educación infantil, 5 años.
- Colegio Mayrit (Pozuelo). Socia educación primaria, 8 años.
- Instituto Antonio Machado (Alcalá de Henares). Socio 2º ESO, 12 años.
En las visitas a estos centros nos hemos encontrado dos patrones, por un lado, 3 pequeños con diagnostico reciente y 2 adolescentes con algunos años ya de evolución. En los primeros casos, los colegios se sienten abrumados por la responsabilidad que implica una patología de estas características. Al ser los alumnos pequeños y con más necesidades de supervisión, se ven obligados en cierta manera a solicitar ayuda. Aun contando con enfermeras en dos de estos centros, son ellas precisamente las que reclaman nuestra presencia porque, como suele ocurrir, el profesorado tiende a delegar todo el seguimiento del alumno en estas profesionales.
Nuestra labor aquí es hacerles ver que, aun contando con ese apoyo profesional, es básico que todo el personal del centro y, en particular el que interactúa con estos alumnos sepan qué significa tener diabetes tipo 1, con qué situaciones se pueden encontrar en el colegio, cómo pueden saber detectarlas, prevenirlas y actuar en caso de que se den. No podemos dejarlo todo en manos de la enfermera porque, además, en la mayoría de los casos, estas profesionales están contratadas para dar cobertura a todos los alumnos del centro, no sólo a los que tienen diabetes. Ello implica la posibilidad de que ante un escenario que requiera una actuación inmediata, como son las hipoglucemias, no estén disponibles en ese preciso momento, por lo que tendremos que saber cómo actuar para remontar la situación hasta que podamos contar con su presencia, y saber qué hacer en casos de hipoglucemias normales y/o severas.
En los colegios de estos 3 alumnos pequeños las charlas fueron dirigidas al profesorado en general y acudieron tanto de infantil como de primaria. La respuesta fue amplia en cuanto a presencia y reacción dándose cuenta de la importancia de estas situaciones.
En el caso de los adolescentes, el problema se agrava, pues al tener otra edad y contar con enfermera en los centros, los profesores no se quieren hacer responsables de la supervisión de estos alumnos, con lo que, solo conseguimos ir a dar la sesión a sus compañeros, tutores y enfermeras. Al menos, les informamos a sus compañeros de clase sobre cuál es la condición de vida de sus amigos y cómo pueden ayudarles en momentos complicados.
Nos queda mucha labor por delante puesto que a medida que los chavales tienen cierta edad, el nivel de compromiso por parte del colegio es cada vez menor y más si cuentan con profesional sanitario. No por ello nos rendimos, sino que insistimos en las necesidades obvias que tienen nuestros alumnos con diabetes, las cuales deben ser atendidas en tiempo y forma dentro de su entorno escolar, en el que pasan muchas horas al día, por todo el personal que conforma la comunidad educativa.
Agradecemos a todos los centros visitados su interés e implicación en la tarea de formarse e informarse acerca de esta patología. ¡Seguimos!
Autoras: Rocío Horta Otamendi
Zonia Casiano Rodríguez
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)