Para las personas con diabetes, mantener los niveles de glucemia estables después del desayuno puede llegar a ser todo un reto. La teoría parece sencilla: se debe calcular bien la cantidad de hidratos de carbono, ajustar correctamente las dosis de insulina y esperar a que el sensor de glucosa o glucómetro marque valores dentro del rango recomendado.
Pero sabemos que la teoría no siempre coincide con la práctica en la diabetes, y es habitual que los valores de glucemia aumenten por encima de lo esperado al cabo de 1-2 horas después de desayunar. La razón es que los alimentos que se suelen consumir en el desayuno se digieren y llegan a la sangre antes de que la insulina actúe completamente. Esto se puede solucionar avanzando unos minutos la inyección de insulina rápida, pero a veces es necesario modificar el desayuno para conseguir un desayuno más saludable y con menor impacto sobre los niveles de glucosa en sangre.
Por tanto, para evitar una hiperglucemia después del desayuno se pueden poner en marcha algunas de las siguientes acciones:
- Incluir harinas de calidad: es habitual tomar pan o cereales como parte del desayuno. Cuando estos alimentos son refinados, como el pan blanco o los cereales azucarados, pasan a la sangre con una gran velocidad, por lo que aumentan la glucemia muy rápidamente. En cambio, al utilizar la versión integral o de grano entero del cereal la digestión es más lenta, por lo que el aumento de la glucemia posterior también es menor. También se pueden utilizar panes elaborados con otros cereales diferentes al habitual trigo, como la avena, el centeno o el trigo sarraceno. Según algunos estudios, al congelar o tostar el pan también se consigue una ligera disminución de los niveles de glucemia posteriores.
- Añadir alimentos ricos en grasas o proteínas, ya que estos alimentos necesitan más tiempo de digestión y enlentecen el paso de la glucosa a la sangre. En cualquier caso, los alimentos añadidos al desayuno deben ser saludables. Por ejemplo, aceite de oliva virgen, frutos secos crudos o tostados (enteros a partir de los 3 años), aguacate, salmón o atún, quesos curados o huevo.
- Investiga qué alimento es el “culpable”. Cambia el alimento que sospechas puede ser el causante de la hiperglucemia postprandrial por otro y valora el efecto. Por ejemplo, en un desayuno compuesto por leche y bocadillo, prueba a cambiar la leche por yogur o el pan por avena, por supuesto, manteniendo siempre la misma cantidad de hidratos de carbono. Comprueba si la glucemia mejora con alguno de estos cambios.
- Reducir el contenido de hidratos de carbono del desayuno. En ocasiones, a pesar de poner en práctica todos esos consejos, la glucemia sigue aumentando después del desayuno. En estos casos, se puede optar por realizar una ligera reducción de la cantidad de hidratos de carbono del desayuno, siempre adaptando la dosis de insulina rápida de forma oportuna. Los hidratos de carbono que se quitan del desayuno se podrían pasar a otro momento del día donde el control glucémico sea más fácil, por ejemplo, a la merienda.
El lema “el desayuno es la comida más importante del día” está siendo superado en los últimos años. Hoy en día sabemos que es más importante la calidad de los alimentos ingeridos que no la cantidad o la distribución de esos alimentos a lo largo del día, también cuando se tiene diabetes. A menudo estamos estancados, bien sea por costumbre, publicidad o cultura, en desayunos a base exclusivamente de cereales o pan y lácteos. Es por ello, que es posible cambiar ese desayuno tradicional, innovando con nuevos productos o preparaciones como las siguientes:
- Yogur con frutos rojos y avena.
- Pan de trigo sarraceno con salmón y queso curado.
- Macedonia de frutas con yogur y frutos secos.
- Pan de centeno con chocolate negro.
- Tortita de maíz con jamón, queso, rodajas de tomate y lechuga.
En algunas culturas los desayunos se parecen mucho más a otras comidas como la del mediodía o la cena: tortillas de huevo con chapati (un pan sin levadura y alimento básico en países como India o Nepal) y fruta, fideos con verduras, incluso, ¿sería posible desayunar garbanzos con tomate aliñado?
La respuesta es sí, siempre que se elijan opciones saludables y que se mantenga el placer por la comida.
Autor: Serafín Murillo
Nutricionista. Educador en diabetes