Insominio y diabetes

¿Quién no ha tenido alguna vez una mala noche, dando vueltas en la cama siendo incapaz de dormirse, o quién no se ha despertado con mucha frecuencia a lo largo de la noche, o ha “abierto el ojo” muy pronto y no ha vuelto a dormir, o tenido la sensación de no haber descansado apenas o sentido que el sueño no ha sido reparador?

Pero, ¿qué es el sueño?

El sueño es un estado de reposo uniforme de todo el organismo, durante el cual los niveles de actividad fisiológica se reducen (presión arterial, ritmo cardiaco, frecuencia respiratoria) a la vez que hay una menor respuesta a los estímulos. También denominamos sueño tanto al hecho de dormir como al deseo de hacerlo.

El sueño tiene dos fases principales que se repiten cíclicamente a lo largo de la noche:

  • Fase No REM: constituye cerca del 75% del tiempo total del sueño, su función principal es la de restaurar y recuperar nuestro cuerpo, con descenso de la actividad cerebral y existencia de actividad motora (movimientos de las extremidades) y a su vez tiene 4 procesos:
    • Etapa 1: es en la que se produce la transición de la vigilia al sueño, el cual es superficial, los ojos se mueven lentamente, disminuye el tono muscular y la actividad fisiológica y durante esta etapa es fácil despertarse.
    • Etapa 2: no hay movimientos oculares, se mantiene la disminución de la actividad fisiológica
    • Etapas 3 y 4: conforman el sueño profundo, no hay movimientos oculares, y no se sueña.
  • Fase REM: suele aparecer a los 60-90 minutos del inicio del sueño. Su función principal es la de procesar la información recibida durante el día, sobre todo en lo que afecta a la atención, memoria, humor, adaptación emocional. En esta fase, el cerebro presenta elevada actividad fisiológica, como si estuviera en vigilia. Se caracteriza por presentarse movimientos oculares rápidos, con irregularidad en la frecuencia cardiaca y respiratoria. Se producen sueños intensos y/o extraños. Salvo pequeños y ocasionales movimientos musculares o sacudidas, el cuerpo está paralizado.

¿Cuánto necesitamos dormir?

Las necesidades de dormir son variables, en función de la edad y de cada persona. Conforme avanza la edad estas necesidades disminuyen, desde las 16-18 horas de los bebés, hasta las 8-9 de los jóvenes o 6 de las personas más mayores, en las cuales además el sueño suele ser más superficial, despertándose con estímulos de menor intensidad que gente más joven.

En general se considera que dormir menos de 4-5 horas cada 24 horas puede afectar a las funciones vitales y de supervivencia; a partir de ese mínimo se consigue mayor bienestar y calidad de vida, pudiendo establecerse como tiempo “óptimo” el de 7-9 horas de descanso, aunque puede ser muy variable en función de la persona y sus circunstancias en cada momento.

Sin entrar en consideraciones de medición de tiempo, las horas que necesitamos dormir son aquellas que nos permiten mantenernos bien durante el día, sin sentir sueño hasta la siguiente noche. Aunque sentirse cansado alguna vez es normal, lo que no es normal es que la somnolencia interfiera con la vida diaria y la altere.

Dentro de los trastornos de sueño, y de las múltiples clasificaciones, se encuentran:

  • Hiposomnias o hipersomnias: dormir poco, o lo contrario, sentir la necesidad de dormir mucho durante el día; fundamentalmente el principal trastorno lo constituye el insomnio, y lo abordamos en este número de la revista, pero también se incluirían aquí el síndrome de apnea-hipopnea del sueño (pausas respiratorias durante el sueño, con repercusiones orgánicas y mentales si no se trata), medicación, alteraciones del ritmo día/noche, narcolepsia y otros.
  • Parasomnias: son alteraciones episódicas del sueño, y se encuadran aquí los terrores nocturnos, el sonambulismo, pesadillas, bruxismo (“rechinar” los dientes), síndrome de piernas inquietas, movimientos episódicos de las extremidades, enuresis, somniloquios (hablar en sueños), etc.

¿Qué es el insomnio?

Es la dificultad para conseguir conciliar el sueño, o mantenerlo durante la noche, bien por despertares muy frecuentes intermitentes, o bien por despertarse a las pocas horas y no volver a conciliarlo.

Puede tratarse de insomnio episódico, puntual o de 1-3 días, o a corto plazo (menos de tres semanas de duración) o crónico, cuando supera las tres semanas. Es más frecuente en personas mayores, en mujeres y en personas con depresión.

¿Por qué se puede alterar el sueño?

Los motivos que nos llevan a tener problemas de sueño son muy variados, pero destacan por su frecuencia o importancia los siguientes:

  • Hábitos erróneos de estilo de vida o de sueño.
  • Incomodidad por sensación de frío o de calor, ruidos o luz.
  • Ingesta de alcohol, drogas, tabaco, cafeína.
  • Cena copiosa.
  • Estrés, enfados, irritabilidad, inquitud, preocupaciones, discusiones.
  • Enfermedad propia, fisica o psicológica, como hipertiroidismo, depresión, etc.
  • Enfermedad ajena (hijo, pareja, etc.).
  • Dolor crónico o agudo.
  • Fármacos o medicamentos.
  • Alteraciones en el ritmo sueño-vigilia, como el trabajo a turnos, el cambio de varias horas en husos horarios (“jet-lag”).

¿Qué síntomas puedo notar si no duermo bien?

Además de los síntomas típicos que lo definen (dificultad para dormirse, para volver a dormir cuando se interrumpe el sueño, o despertarse muy temprano), es frecuente notar lentitud de pensamiento, de reflejos y torpeza física, dificultad para mantener la atención o la concentración, alteración del estado de humor, estando más irritable o de malhumor, confusión, pesadez de párpados, mucho sueño a lo largo del día.

Todo ello puede conducir a tener más riesgo de depresión, alteraciones alimenticias, cefaleas, accidentes de tráfico, laborales, deportivos y disminución del rendimiento escolar y laboral.

¿Cómo afecta el insomnio a mi diabetes?

Respecto a cómo puede influir el insomnio en el control de la diabetes, en ocasiones tener un mal descanso puede provocar que nuestros niveles de glucosa en sangre se descontrolen.

Algunas complicaciones derivadas de la diabetes pueden producir insomnio. La neuropatía periférica con sensación de entumecimiento, dolor, hormigueo harán que sea más difícil conciliar el sueño. Las hiperglucemias o hipoglucemias nocturnas antes de acostarnos o durante la noche, pueden quitarnos también tiempo de descanso al tener que corregir cifras o tomar algo para estabilizar los niveles de glucosa en sangre.

Las personas con sobrepeso tienen más probabilidad de tener apnea del sueño, por lo que esas pausas respiratorias acompañadas de fuertes ronquidos hace que durante el día estemos más cansados a pesar de tener la sensación de haber dormido.

También el hecho de no dormir bien puede conllevar más ansiedad o inquietud generando un círculo vicioso, inducirnos sin ser conscientes a no ser cuidadosos con la alimentación, e incluso visitar más frecuentemente la nevera por las noches, produciendo hiperglucemias que a su vez nos preocuparán y requerirán atención extra.  O en ocasiones, el levantarse a menudo de la cama, deambular por el pasillo o moverse más con la intención de cansarse pueden ser desencadenantes de hipoglucemias que hay que controlar si se da esta situación.

¿Qué puedo hacer?

Si el insomnio es puntual y esporádico no se precisa habitualmente ninguna medida especial, sobre todo si hay una causa reversible.

Si por el contrario, se convierte en un problema, debe consultarse con el médico, quien realizará una historia clínica general y específica, recabando datos concretos orientados al problema, solicitará si es preciso pruebas complementarias (analítica, estudio de polisomnografía nocturna o poligrafía respiratoria, electroencefalograma, etc.) o bien derivará a una Unidad específica en trastornos del sueño.

En cualquier caso, debe tenerse en cuenta una serie de medidas de corrección de hábitos e higiene del sueño que ayudarán a mejorar el insomnio en la mayoría de las situaciones:

  1. Mantener unos horarios regulares tanto a la hora de acostarse como a la de levantarse por la mañana.
  2. Realizar algo de actividad física durante el día, evitando hacerlo de forma intensa y en las últimas tres horas antes de acostarse, pues podría actuar como estimulante.
  3. Evitar las siestas durante el día, pudiendo si se precisa realizar un pequeño descanso de máximo 20-30 minutos tras la comida.
  4. No ingerir estimulantes (cafeína) al menos desde 4 horas antes de acostarse. En personas más sensibles, puede ser necesario dejar pasar más tiempo todavía. Se encuentra en bebidas de cola, café, té, chocolates.
  5. No utilizar la cama para ver la tele, comer, leer, conectarse al ordenador, estudiar, trabajar, hablar por teléfono.
  6. Prescindir del alcohol, el tabaquismo, ciertos medicamentos no necesarios, y consultar con el médico si alguno de los que ingerimos pudiera ocasionar alteraciones del sueño por si es preciso sustituirlo por otro o tomar alguna otra medida.
  7. Mantener la habitación entre 18 y 24ºC, como temperatura ideal para dormir; mejor a oscuras y sin ruidos (a veces el ruido del reloj de la habitación o mesilla, con su tic-tac actúa como desvelador).
  8. No mirar el despertador ni contar cuánto falta para levantarse.
  9. No cenar demasiado poco antes de acostarse, pero tampoco ser demasiado frugal para evitar despertarse muy temprano por hambre. Ayuda tomar un vaso de leche tibia.
  10. Si en los primeros 20-30 minutos no ha conseguido conciliar el sueño, la mejor opción es levantarse, ir a otra habitación, poner música muy suave, y leer un libro tranquilo.
  11. Haga algo relajante antes de acostarse: leer, escuchar música, baño caliente, tomar un vaso de leche templada.
  12. Establezca una rutina a la hora de irse a la cama: cepillarse los dientes, darse un baño, relájese con alguna actividad, lectura o música tranquila, evitando pensar en asuntos que le preocupen.
  13. Si tiene un tema que le distrae durante el sueño, levántese y escriba ideas, soluciones posibles, pasos a seguir, alternativas, etc. y vuelva a acostarse con menos estrés mental.
  14. Aprender y aplicar técnicas de relajación muscular y/o mental, para mejorar la conciliación del sueño.
  15. Consulte con su médico para que le ayude si hay algún problema de salud que le impide dormir, como el dolor, depresión o trastornos de ansiedad, la ingesta de determinados medicamentos, síndrome de apnea del sueño, etc.
  16. Si es necesario su médico le puede indicar algún fármaco que le ayude a dormir mejor, de forma puntual, durante un tiempo concreto, descansando algún día a la semana (en función de lo que le indique su médico), y si el tratamiento se prolonga, suspenderlo de forma progresiva. Los fármacos más utilizados son los hipnóticos, ansiolíticos y antidepresivo, siempre bajo prescripción médica.

Autora: Dra. Rosa Servián
Médico de Familia

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