Imagínate que sales a la calle y hace mucho frío o llueve o nieva. Esas son inclemencias meteorológicas frente a las que, tan solo puedes protegerte. No puedes hacer nada más. En tu mano no está el hacerlas desaparecer ni que se dulcifiquen.
Hay reveses, contrariedades o dificultades en la vida que son como las inclemencias meteorológicas: inevitables y universales. No conozco a nadie cuya vida haya sido un fluir feliz sin baches en el camino.
En este contexto, podemos hablar de tolerancia a la frustración como la capacidad que tienen las personas para hacer frente, sin sentirse excesivamente abrumadas, a situaciones que le son adversas, inesperadas o desafiantes.
Según el símil anterior, vendría a ser cuán curtida tiene la piel una persona cuando se ve obligado a abordar alguna contrariedad que se le ha plantado en el discurrir de su vida.
Así, mientras que alguien ejercitado, ante una decepción, puede afrontar esa coyuntura de forma serena, para otro puede suponer un revés insuperable. ¡La misma situación!
Esta cualificación implica la necesidad de desarrollar habilidades tales como paciencia, serenidad, mentalidad flexible, habilidad para encontrar formas constructivas de superar obstáculos, etc.
Es en eso donde reside la importancia de ir curtiéndose a lo largo de la vida que no es otra cosa que ir aprendiendo y desarrollando estrategias que puedan ayudar en los momentos de contrariedad que vayan apareciendo.
¿Por qué es especialmente relevante en la adolescencia?
Durante la adolescencia, la persona se está construyendo, está capacitando al futuro adulto para salir airoso ante los rigores de la vida. Así, todavía se encuentra fortaleciendo las habilidades personales que le ayudarán a manejar contrariedades, situaciones difíciles y a gestionar sus emociones.
En esta etapa, ser capaz de manejar adecuadamente las frustraciones, entre otras cosas, le va a permitir:
- Aprender a regular sus emociones y a responder de forma coherente a la situación que se presenta. Por ejemplo, un o una adolescente que aguante la frustración, no estallará de furia si no se le deja utilizar el smartphone todo lo que desea.
- Enfrentar los desafíos que inevitablemente surgen en su camino, así como aprender de los errores sin quedarse bloqueados por la adversidad. Un ejemplo puede ser el enfrentarse a la recuperación de una asignatura que creía aprobada.
- En el despliegue de nuevas habilidades… Cualquier habilidad que se desee desarrollar necesita esfuerzo para su perfeccionamiento.
- Así mismo, tolerar la frustración (tener la piel suficientemente curtida) es un factor protectorfrente a la aparición de trastornos mentales tales como la ansiedad o la depresión.
¿Y si tiene diabetes?
Tener una patología crónica como la diabetes, tan exigente y compleja obliga a desarrollar estrategias que le permitan hacer frente a las demandas diarias, mantener el compromiso con el tratamiento y enfrentar de forma adecuada los retos prácticos y emocionales que puedan ir surgiendo.
Así, la diabetes es una fuente “extra” de inclemencias y ya que es imposible cambiar dicha condición se deberá hacer un esfuerzo “extra” por fortalecerse. Desarrollar una adecuada tolerancia a la frustración le servirá al adolescente con diabetes en múltiples contextos:
- Ya es sabido lo arduo que resulta controlar los altibajos de la glucosa, en especial en la adolescencia donde concurren numerosos factores fisiológicos que lo dificultan. Ser capaz de aguantarlo le protegerá de la sensación de falta de control y de la emoción negativa asociada.
- Le ayudará a comprometerse con el autocuidado a pesar de los desafíos y obstáculos con los que tenga que enfrentarse.
- Le será de gran valor para adquirir ciertos hábitos necesarios para la adecuada gestión de la diabetes.
- Y, por supuesto, le permitirá procesar las emociones que surjan de una manera más saludable, así como solicitar ayuda cuando la necesite.
Lo que no sirve de ayuda
Con cierta frecuencia, los padres tendemos a proteger en exceso a los hijos y a ahorrarles frustraciones en la medida en que podemos. Siguiendo con el símil explicado en este texto, lo que hace un padre o madre con su hijo con diabetes es “abrigarle” en exceso o evitar que se exponga a la intemperie.
De alguna manera eso reconforta a corto plazo, pero le evita enfrentar situaciones incómodas de las que aprender. Así, cuando deban afrontar las inclemencias de la diabetes en soledad, no estará preparado/a para ello.
¿Cómo puedo ayudarle?
Respecto a lo arriba mencionado, se trata de ir revisando si te estás excediendo en la protección. El punto de partida podría ser el siguiente: Si lo puede hacer él/ella, que lo haga (es su responsabilidad). Si no es así, habrá que irle dirigiendo hacia su consecución. No olvidemos que, quien tiene diabetes es él o ella.
El otro mensaje que jamás debes olvidar es que, a hacer, se aprende haciendo. Practicar es la mejor estrategia para adquirir cualquier habilidad. En este sentido, el papel a cumplir por los progenitores es el de acompañar y animar a que lo enfrente. Con seguridad, si no disponen de recursos para afrontar situaciones difíciles con cierta solvencia, su nivel de sufrimiento será mucho más elevado.
ALGUNAS IDEAS ÚTILES
- Muéstrate como modelo de referencia positivo a través de tus propios comportamientos. No olvidemos que un adolescente necesita observar cómo los adultos que le son importantes enfrentan desafíos y adversidades. Por ejemplo, si, ante una cifra fuera de rango, reaccionas con serenidad en lugar de hacerlo de forma exagerada, le estarás mostrando que también él puede reaccionar así.
- Alimenta el que adquiera destrezas para resolver problemas y buscar sus propias soluciones. De ese modo se le estará ayudando a enfrentar desafíos en lugar de sucumbir ante ellos por estar abrumados o bloqueados.
- Reconoce los esfuerzos que hace, al menos tanto como los logros. Aplaudir su actitud positiva independientemente del resultado final.
- Anímale a perseverar porque así irá adquiriendo la destreza necesaria para superar la situación.
A modo de conclusión: más allá de resolverles sus problemas, de evitar que se queden expuestos/as a las inclemencias de la vida, la actitud a mantener es la de acompañarlos en ese proceso, dotarles de herramientas que le ayuden a gestionar el “chaparrón” y que, si en el futuro aparece una situación similar, pueda recordar que fue capaz de sobrellevarla correctamente en otras ocasiones con sus propios medios. Sin trampa ni cartón.
Te deseo lo mejor.
Autor: Iñaki Lorente
Psicólogo Especialista en Diabetes