Lo ideal y lo posible en el manejo de la diabetes

Lo ideal y lo posible en el manejo de la diabetes

Como persona que tiene diabetes desde hace más de 40 años, y por mi experiencia como profesional de la psicología en el campo de la diabetes, me gustaría plantearos dos ideas que dan título a este artículo: la idea de lo ideal y de lo posible.

Cuando te dan un diagnóstico de diabetes te hablan, entre otras cosas, de unos valores ideales entre los que habría que estar para mantenerte “en un buen control”. Estos valores, que tanto marcan la vida de las personas con diabetes, pueden ser una referencia hacia la que tender, o pueden convertirse en un ideal impositivo, un mandato inaccesible que nos aplaste, una creencia omnipotente que nos llene de frustración y nos desanime en los esfuerzos. Independientemente de nuestros hábitos previos, al margen de quiénes seamos y cómo nos sintamos, la diabetes nos aborda como un cuerpo extraño, algo alojado en nuestro cuerpo al que tenemos que dedicar mucho tiempo, esfuerzos y atención. Que el debut pueda ser el “comienzo de un baile” y no una “cadena perpetua”, pasa por darnos el tiempo necesario para aprehender a lidiar con los pasos que se nos atraviesan y disfrutar de aquellos que nos son fáciles, abandonar la traicionera idea de la perfección para bajar al mundo real.

Hay un refrán de nuestra sabiduría popular que dice “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. ¿Qué podrían ser, en nuestro caso, esas buenas intenciones? Tenemos que ser conscientes de que, a veces, unas intenciones irrealizables, unos deseos desconectados de nuestro sentir, disociados del conocimiento acumulado por nuestra experiencia previa, nos pueden llevar a lograr justo lo contrario de lo que perseguíamos.

El temor a complicaciones futuras también puede llevar a una cierta obsesión por estar en valores óptimos. El propio miedo puede jugarnos en contra a la hora de lograr estar en rango el mayor tiempo posible.

Si te obsesionas con las cifras, si no puedes dejar de pensar en el rango de 70-110, como un ideal al que, sí o sí, hay que llegar, se podría entrar en un círculo viciado donde, cuánto más pretendemos estar en “control”, más se reduce la posibilidad real de manejar la diabetes. Aquí es donde me gusta resaltar la diferencia entre vivir con diabetes o vivir para la diabetes.

¿Por qué hablo de manejo y no de control?

La palabra “manejar” sugiere una mejor relación con la diabetes que la palabra “controlar”. A la hora de tener que “controlar” la diabetes no se van a admitir “descontroles” ni momentos complicados (a pesar de que estos existan). Por ejemplo, tener que recurrir al uso del glucagón ante una hipoglucemia seria, o tener que corregirse cuando tenemos una hiperglucemia, pueden experimentarse como un gran fracaso al habernos alejado del “control”. Abonar la idea de que tenemos que controlarlo todo (paradójicamente para estar tranquilos), puede hacernos tener muy poca simpatía hacia aquello que no logramos controlar. Nos devuelve una imagen devaluada de nosotros mismos como “fallidos”. Por ello, cuánto antes aceptemos que no todo está en nuestras manos, mejor nos irá.

“Manejar” nuestra diabetes, en cambio, hablaría de una relación más amable tanto con la diabetes como con nosotros mismos, aceptando y dando un lugar a esos momentos donde los valores “ideales” no se alcanzan. Desde esta perspectiva, el uso del glucagón, lejos de ser el signo de fracaso, o de un mal control, sería un recurso al que estar muy agradecidos porque nos está salvando de una situación realmente seria. Tomarlo como un fracaso daría cuenta de lo sometidos que estamos a esos valores ideales del “buen control”, y del miedo que tenemos a no controlarlo todo, aunque sea inconscientemente.

Hablemos de lo posible…

Hablar de lo posible para cada persona no significa renunciar al ideal, es más bien al contrario, solo hace referencia a un punto de partida desde el que comenzar el camino. Contemplar las fases de un itinerario no es ser complaciente con la ausencia de logros, es ser coherentes con la dificultad de un proceso y la importancia de no perder por el camino el impulso para seguir adelante. Los procesos vivos tienen momentos de avance y momentos de retroceso, pero eso no significa que el proceso se interrumpa cuando no se avanza, sino que la tolerancia a cierto grado de “fracaso” es tan importante para el éxito como lo es la ilusión y el ánimo que generan los momentos de logro.

Acercarse a la diabetes propia desde la idea de lo posible implica incorporar tanto lo que podemos como lo que no. Funcionar desde el “control ideal” implica que cada vez que nos apartemos de dicho ideal vamos a sentir frustración, ansiedad y malestar.  Manejarse desde lo posible es salirse de la omnipotencia de creer que podemos con todo y que todo lo podemos lograr solo con desearlo.

Este es un mensaje muy de nuestro tiempo, un tiempo de campañas publicitarias basadas en ofrecer fantasías de realización inmediata de deseos, con frases del tipo: “si quieres puedes”, “con voluntad se puede todo”, “todo es posible”, etc…lo que no nos están contando, es que no es algo mágico. Todo proceso, lleva su tiempo, tiene sus dificultades, y sus límites.

Para poder trabajar desde lo posible es preciso tener en cuenta las características de cada persona.

¿Quién no ha sentido el desgaste provocado por las repetidas expectativas frustradas? ¿Cuántas veces hemos soportado el peso de no haber podido cumplir con algo que nos habíamos propuesto?

Sería reduccionista considerar que sólo con querer algo lo vamos a conseguir, como si fuéramos puro pensamiento y voluntad y pudiéramos tener todo controlado. Si fuera así, no existiría nadie con diabetes que tuviera las temidas  complicaciones consecuencia de periodos largos sin “control”   y seríamos todos y todas pacientes ejemplares con diabetes impolutas.

Dejar de lado que cada uno tenemos nuestra historia personal y que cada uno nos vamos a “atascar” en un aspecto distinto, es ignorar la complejidad de la subjetividad humana. Las salidas de ruta son inherentes a la diabetes. Dicho esto jugaría a nuestro favor entender y tolerar los obstáculos que cada uno nos encontramos para hacer lo que sabemos que tenemos que hacer, sabiendo que cuidarse no es una obligación sino una elección personal totalmente legítima.

¿A qué me refiero cuando menciono las características de personalidad de cada uno?

Cada persona va a tomar su diabetes de una manera singular, dependiendo de su historia personal, y de cómo ha ido aprendiendo a manejarse con su realidad. La modalidad de crianza va a tener también su peso y su importancia.

Así, por ejemplo, en las modalidades de crianza en las que se tolera con cierta dificultad los sucesos que van ocurriendo, “dramatizando un poquito”, podemos pensar que la diabetes no va a tener la misma acogida que en los modelos familiares en los que los acontecimientos se llevan con una cierta “naturalidad” o “deportividad”.

 En definitiva, con la diabetes (y no sólo con la diabetes), hay diferencia entre sentir que se nos hunde el mundo, y por tanto, remontar va a ser más costoso, y poder tomarlo como “esto es lo que hay, a ver cómo hago con ello”.

Otra dimensión que me gustaría considerar es la relativa a la comunicación médico/paciente. Como toda relación profesional, ambas partes buscan entenderse con un objetivo común centrado en la buena evolución de quien ocupa, en este caso, el lugar de paciente. Pero no podemos olvidar que, toda comunicación humana, es un encuentro de subjetividades complejas donde lo que comunicamos y entendemos está atravesado por aspectos no verbales implícitos y estructuras previas de las que no siempre somos conscientes y que también determinan lo que podemos escuchar.  A veces, un mismo mensaje explícito, puede entenderse de manera muy diferente por dos personas distintas. Y a su vez, dos personas diciendo lo mismo, pueden producir efectos muy diferentes en función de cómo, cuándo o a quién dirigen su mensaje.

En el cuidado de nuestra diabetes, sentirse escuchado y acompañado en las dificultades es fundamental. Pero sentirse reconocido en nuestros logros, puede ser más importante aún. Lo ilustraré con un ejemplo: Juan suele estar en rango el 25% del tiempo y el profesional que le atiende le dice que tiene que estar en rango el 90%. Vuelve a consulta y ha pasado del 25% al 40%. Si quien le trata le señala lo poco que ha avanzado, y lo que le falta hasta llegar al 90%, sin interesarse por cómo ha sido su proceso, por los pasos que ha ido aprehendiendo en su baile personal, lo más probable es que se sienta frustrado, y se le quiten las ganas de seguir intentándolo e incluso de volver a consulta por miedo a volver a “fracasar”. Lo posible para él ha sido llegar al 40%. Si se empeña, de entrada, en llegar al 90%, lo más probable es que no lo logre. Si Juan siente que se da valor a lo que ha mejorado (aunque no llegue al ideal), podrá plantear las dificultades con las que se ha encontrado. Se sentirá acompañado y escuchado, y tolerará no “cumplir” con dicho ideal. Podrá seguir adelante con sus avances y retrocesos desde lo posible para él en cada momento.

Los profesionales, por tanto, también necesitarán transitar del “control” al “manejo” en la diabetes, a pesar de que deseen lograr cuanto antes que el paciente se encuentre en las mejores condiciones.

Cuando la cifra importa más que la persona, algo fundamental se está dejando de lado, y eso es justo lo que da cuenta de que no existen dos diabetes iguales. Valdrá la pena, por tanto, que ambos, paciente y profesional, se “remanguen” y remen en la misma dirección.

Con humanidad, humildad y dejando de lado las posiciones omnipotentes, se podrá hacer más liviano un camino que, de por sí, no es sencillo ¿Bailamos?

Autora: Mª Eugenia Muñoz
Psicóloga A.D.M
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)

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