Psicología, sexualidad y diabetes

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Podríamos definir la sexualidad como una energía con la que se nace y se muere, una energía que se manifiesta de distintas formas y que es necesario descargar, no siempre por la vía sexual.

Forma parte de nuestra personalidad y es muy importante en el equilibrio emocional y personal. No es algo concreto, un apartado de la vida, sino que abarca toda la persona. En la sexualidad están implicados todos los sentidos y es algo individual, autónomo; es decir, el placer depende de cada un@ de nosotr@s y no nos lo da nadie ya que es la capacidad que tenemos las personas para gozar.

Los problemas circulatorios y neuropáticos como consecuencia de la diabetes no controlada y de larga duración pueden provocar dificultades en la respuesta sexual tanto del hombre como de la mujer. No voy a centrarme en estos problemas ya que se ha escrito y hablado mucho sobre ello y existen bastantes artículos que tratan sobre el tema (por cierto, existen muchos más estudios y se sabe más sobre los trastornos sexuales en el hombre diabético que en la mujer diabética, ¿por qué será?).

Me parece más interesante, desde un punto de vista psicológico, replantearnos qué entendemos por una relación sexual satisfactoria y cómo vivimos nuestra sexualidad, pues el concepto distorsionado que podemos tener puede estar interfiriendo más que las propias dificultades físicas. Vamos, pues, a cuestionar algunos aspectos implicados en la misma.

Culturalmente nos han enseñado que una relación sexual, para que sea “plena” debe acabar con un orgasmo sintiéndonos frustrad@s si no llegamos a alcanzarlo ya que se convierte casi en algo obligatorio. Cuando existen dificultades físicas para ello podemos llegar a sentir mucha ansiedad y miedo ante la perspectiva de mantener un encuentro sexual.

Si nos dejamos llevar por el proceso de excitación, manteniendo abiertos los sentidos, escuchando nuestro cuerpo y el de la pareja, dejando fluir las emociones… posiblemente vivamos el placer de todo el cuerpo, que puede llegar a ser tanto o más satisfactorio que un orgasmo.

Otra creencia errónea es el pensar que una relación sexual satisfactoria está basada exclusivamente en el acto de la penetración. También incluye el placer no genital; es decir, el placer que podemos obtener de cada parte de nuestro cuerpo y el poder compartirlo y disfrutarlo con la pareja y/o con nosotr@s mism@s. Explorar cada pedacito de piel desde todos los sentidos nos abre todo un abanico de sensaciones que nos pueden ayudar a gozar más de la experiencia sexual.

Las fantasías eróticas son un tema que casi siempre ha tenido connotaciones negativas relacionándolas con la inmadurez, el engaño, el pecado… En una fantasía erótica aparecen pensamientos, imágenes que producen sensaciones físicas que pueden ser placenteras. No hay fantasías buenas o malas, en la fantasía está TODO permitido ya que es eso, una fantasía que no tenemos por qué llevar a la práctica. Pueden ser individuales o las podemos compartir con la pareja, siempre desde el respeto. Desde la fantasía también podemos “ensayar” aquello que nos da tanto miedo y que tanto deseamos, independientemente de que lleguemos a realizarlo o no. En resumen, las fantasías son un elemento muy valioso que nos pueden ayudar a vivir la relación erótica de forma más libre y satisfactoria.

Casi siempre se piensa que la autoestimulación o masturbación es una práctica que realizan las personas que están sin pareja sexual. Nada más lejos de la realidad. La autoestimulación es la primera y más natural de las formas de experimentar placer sexual. Proporciona un mayor conocimiento del cuerpo y una mayor disponibilidad para compartirlo o disfrutarlo a solas. Nadie conoce ni puede conocer mejor que un@ mism@ su propio cuerpo: cómo, dónde y cuándo nos gusta ser estimulad@s, por eso ayuda a unas mejores relaciones sexuales. Hay que concebirla como una actividad en sí misma, no un sustituto a la relación de pareja, sino como un complemento. Un derecho a estar a gusto en un clima adecuado, proporcionándose placer y relax…

Por último, es necesario iniciar la relación sexual dejando a un lado las preocupaciones, la vergüenza, los temores al rechazo, al fracaso; el estrés, las luchas de poder…. Y abrir las puertas a la imaginación, la aceptación, la sensualidad, la libertad, la seducción, la espontaneidad…

Si todo esto va acompañado de una buena música, una apetitosa comida, un olor embriagador, unas caricias preliminares, una lectura erótica, un streptease en la intimidad…. el disfrute sexual está garantizado.

Autora: Mª José Merenciano Tinoco. Asesoría Psicológica de la Asociación Diabetes Madrid

Fuente: Revista Entre Todos nº 72

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Autor entrada: Redes