Relación entre ejercicio e hiperglucemia

ejercicio e hiperglucemia

La práctica de ejercicio físico es sinónimo de tener una buena calidad de vida. Tanto para las personas con diabetes como para las que no sufren esta patología, tener un hábito de actividad física asegura mantener un buen equilibrio de los diferentes factores que permiten que el organismo goce de buena salud. Pero en el caso de las personas con diabetes, hacer ejercicio puede añadir nuevos parámetros a tener en cuenta para el buen control de la enfermedad.

Las personas con diabetes y practicantes de ejercicio deben estar familiarizados con los efectos que este puede tener sobre la glucemia, pero con frecuencia cuesta encontrar la pauta de actuación para minimizar estos efectos. Además, el ejercicio suele relacionarse como algo que produce un efecto hipoglucemiante y por eso tenemos muy claro que hacer cualquier forma de actividad sin nuestra glucosa de “rescate”, puede ser peligroso. Pero… ¿siempre desciende la glucemia cuando se entrena? ¿Por qué hay veces que en lugar de bajar, sube? ¿Podemos saber que tipo de ejercicios o en que situaciones la glucemia ascenderá? Y si es así, ¿Qué se puede hacer para que esto no pase? Y si pasa, ¿como se debería actuar?

Intensidad

La clave para un buen control de la diabetes en el ejercicio es entender bien la intensidad a la que está sometido nuestro organismo durante la práctica del mismo. Existen diferentes métodos para conocer la intensidad de los entrenamientos o actividades realizadas, pero todos ellos indican lo mismo: la cantidad de esfuerzo que estamos realizando sobre el máximo que seríamos capaces de realizar de aquel determinado trabajo. Así, en la carrera, un entrenamiento de intensidad moderada sería aquel en el que la persona que lo hace está trabajando sobre el 60%-70% de lo máximo que es capaz correr. En el mismo contexto, si esa persona está realizando un entrenamiento en el que corre por encima del 90% de su máximo, ese entrenamiento es de alta intensidad. Valorar la intensidad de los entrenamientos será muy útil, como veremos más adelante, para saber el efecto de los mismos sobre la glucemia. Esto, además, evitará la confusión que se pueda tener sobre si un tipo de ejercicio es hipoglucemiante o hiperglucemiante, ya que no depende del tipo de ejercicio sino de la intensidad del mismo. El correr, por ejemplo, puede ser tanto una cosa como la otra en función de la intensidad de la sesión realizada, y esto mismo pasa con las sesiones de fuerza (pesas, máquinas, etc.), o con las de ciclismo indoor, o con las de natación, o… con cualquier tipo de ejercicio.

Para valorar la intensidad existen diferentes herramientas como pueden ser los pulsímetros (en caso de querer valorar la intensidad en función de la frecuencia cardíaca) o formas de valoración de la cantidad de carga movilizada (en caso de querer valorar la intensidad en función de la cantidad de fuerza realizada en un tipo de ejercicio). Para conocer cual es la intensidad máxima a la que se realizar un tipo de ejercicio se deben realizar tests de esfuerzo o utilizar fórmulas de estimación indirecta y en base al resultado y con los métodos de control de la intensidad, se podrá establecer el nivel de esfuerzo de la sesión de ejercicio que se a realizar.

Intensidad e hiperglucemia

A partir lo comentado anteriormente, conociendo la intensidad del ejercicio realizado, se podrán conocer los efectos del entrenamiento. Además, esto será de gran utilidad para observar que el ejercicio no siempre tiene un carácter hipoglucemiante, sino que en algunos casos será responsable del efecto contrario.

Sí, el ejercicio de alta intensidad suele ser hiperglucemiante y esto tiene una explicación fisiológica: un ejercicio de alta intensidad hace que los músculos demanden mucha glucosa, de manera que el ritmo al que la glucosa sanguínea pasa a abastecer al sistema muscular es muy elevado. Como la demanda es tan elevada, el organismo reacciona y el hígado rápidamente empieza a volcar glucosa al torrente sanguíneo para cubrir esa gran demanda por parte de los músculos. Y como ocurre en muchos procesos del organismo, la cantidad de glucosa volcada suele ser más elevada de la que realmente el sistema muscular necesita en primera instancia. En este momento, la cantidad de glucosa en sangre será elevada.

La realización de ejercicio de alta intensidad acostumbra a ir relacionada a cortos periodos de tiempo, ya que mantener esos niveles de esfuerzo durante mucho tiempo no es posible. De esta manera, es habitual terminar una sesión de este estilo en hiperglucemia. Ahora bien, si al terminar una sesión de ejercicio de alta intensidad se observa una glucemia elevada, no es recomendable tomar medidas correctoras  en un inicio. Hay que tener en cuenta que el sistema muscular sigue requiriendo glucosa después de haber trabajado a alta intensidad y aquel exceso que se encuentra en la sangre después de la sesión, irá a cubrir esas necesidades. Si pasado un tiempo la glucosa en sangre continúa elevada, entonces se aplicará una corrección. Pero en este caso será una corrección reducida (aproximadamente el 50% de lo acostumbrado), si se realiza a la hora o dos horas posteriores al entrenamiento. Pasado este tiempo, la corrección podrá ser la normal, pues el efecto del ejercicio no se prolonga tanto como puede ocurrir en ejercicios de moderada intensidad, que suelen ser de mucha mayor duración.

Así pues, si se sabe que la actividad que se va a realizar va a ser de alta intensidad, no es aconsejable tomar las medidas de ingesta de hidratos de carbono antes de empezar (cosa que si se haría si el ejercicio a realizar fuera de moderada intensidad, en función de la glucemia pre-actividad). En este caso no se hará nada y se iniciará la actividad, a no ser que la glucemia previa sea baja o alta. De ser así, no es indicado iniciar un ejercicio de alta intensidad. Antes se deberá normalizar esa glucemia alterada.

Otros factores

Acabamos de ver cómo la alta intensidad del ejercicio puede afectar el control de la diabetes en forma de hiperglucemia. Pero la intensidad puede no ser el único motivo por el que la glucemia se dispare. Existen otros factores que pueden ayudar a que ocurra esa misma reacción como puede ser el estrés provocado por los nervios precedentes a una competición o la segregación de adrenalina en situaciones extremas como pueden producirse en los deportes de riesgo. Estos factores son más difíciles de tenerlos controlados, pues no siguen un patrón de fácil valoración y cambian en cada situación. En estos casos, sería necesario un estudio más específico de cada caso para poder establecer protocolos de actuación en función de las diferentes situaciones.

Albert Olivella

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte

Preparador físico, especialista en función muscular y ejercicio con diabetes

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