Contrariamente a lo que podría pensarse, la sexualidad es un concepto integral que abarca dimensiones físicas, emocionales, psicológicas y sociales de la identidad humana. No se limita únicamente a las prácticas sexuales; incluye la identidad, la orientación del deseo sexual, la expresión de la intimidad, las relaciones emocionales, como nos vinculamos con otros y las percepciones individuales sobre nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, la sexualidad constituye una parte esencial de la experiencia humana y desempeña un papel clave en la calidad de vida y el bienestar psicoemocional.
Al ampliar este concepto y alejarnos de ciertas prácticas, se vuelve más sencillo entender que todas las personas tenemos una sexualidad desde que nacemos hasta que morimos, y que la expresión de esa sexualidad por medio de ciertas prácticas (por ejemplo, el coito) es solamente un aspecto de la vivencia de la sexualidad, pero no el único. Es crucial aclarar esto, ya que, en situaciones complejas de salud física, es común cuestionarse si la capacidad de vivir nuestra sexualidad se pierde irremediablemente debido a ciertas limitaciones físicas.
Aunque es cierto que durante y después de experimentar una o más enfermedades, la vida ya no será la misma a la que estamos acostumbradas, no significa que nuestra existencia llegue a su fin; por el contrario, se abren nuevas vivencias y formas de sentir, pensar y actuar. Parece entonces que podemos seguir viviendo de la mejor forma posible y que cada mujer puede decidir cómo hacerlo, entonces ¿por qué se hace tan difícil? Vivimos en una sociedad que nos vende la idea de que la vida debe seguir un camino particular para ser exitosa y, sobre todo, feliz, y en ese camino la enfermedad y/o la diferencia no entran en juego.
Las mujeres nos enfrentamos a una situación aún más crítica. La carga psicoemocional que se tiene por el simple hecho de ser mujer y los roles que nos asignan (madre, esposa, protectora, cuidadora, etc.) y que determinan muchas áreas de nuestras vidas, más la gestión constante de la enfermedad, conlleva niveles elevados de estrés, ansiedad y sentimientos de tristeza y malestar.
Específicamente, con la diabetes el cuerpo y la mente pasarán por una serie de cambios que altera nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos. Por ejemplo, las fluctuaciones hormonales, relacionados con la regulación de la glucosa y otros procesos metabólicos, pueden tener un efecto significativo en el deseo sexual y en la percepción de la propia imagen, afectando la confianza y la autoestima de las mujeres. Esta interacción compleja entre los factores hormonales y psicológicos puede aumentar la probabilidad de experimentar un distanciamiento físico y emocional consigo misma por el disgusto e incomodidad que conlleva lidiar con una nueva realidad, por el vuelco emocional, de experiencias y sobre todo de expectativas.
Asimismo, podríamos experimentar problemas de sequedad vaginal, derivados del desequilibrio en los niveles de glucosa, haciendo que las prácticas que impliquen genitalidad resulten incómodas y hasta dolorosas. La diabetes influye también en la circulación sanguínea, afectando la capacidad de excitación, sensibilidad y placer sexual. Todos estos cambios hacen que se den unas condiciones hostiles para poder desarrollar una erótica satisfactoria y si no lo trabajamos a tiempo, se vuelve una constante en nuestras vidas y nos vamos apartando de toda oportunidad para poder conectar de forma placentera con nosotras mismas. Sin embargo, contar con una experta en el área de la sexología y hacer uso de cosméticos y recursos eróticos podría ayudar a encontrar algunas alternativas que permita conectar con sensaciones físicas y psicológicas más agradables.
Por lo tanto, la gestión emocional en este punto es fundamental. Aprender a identificar y comprender lo que sentimos y darle un sentido coherente con nuestras vivencias y experiencias nos aportará un mayor conocimiento y aceptación de nuestro proceso emocional y de nosotras mismas. En otras palabras, conocernos y aceptarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos, y considerar la diabetes como una parte más de nosotras y de nuestra realidad, contribuirá a establecer un vínculo más sano y satisfactorio con la versión que representamos en el presente.
De igual manera, compartir con otras personas y desarrollar una red de apoyo permitirá que podamos ir construyendo diversos vínculos que nos den sostén y diversos espacios de seguridad. Los vínculos seguros y la comunicación abierta se vuelven crucial para conectar nuevamente con la sexualidad y poder abordar los desafíos no solo de la enfermedad sino de la vida en general.
En este contexto, comprendemos que más allá de los desafíos físicos inherentes, la diabetes tiene un impacto profundo en aspectos psicológicos y emocionales de las mujeres. Además, no se nos puede olvidar que esta condición afecta a millones de personas en todo el mundo, llevándolas a redefinir o construir sus vidas bajo parámetros específicos, y la sexualidad también se ve afectada. Abordar estos aspectos sexuales se torna crucial, no solo para mejorar la calidad de vida en las mujeres, sino también para contribuir al bienestar general y al manejo efectivo de la enfermedad en todas las personas que tienen diabetes.
Autora: Joselyn Castaño Ricchiuti
Psicóloga y sexóloga
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)