El embarazo es un momento vital en el que las mujeres se enfrentan a muchas emociones, a menudo nuevas, que deben gestionar y también requiere una adaptación estructural de la rutina para realizar las pruebas y cambios necesarios para llevar un proceso saludable de embarazo. En una mujer con diabetes esto suele multiplicarse por las particularidades de la enfermedad y las condiciones más rígidas a las que las mujeres con diabetes se ven expuestas a nivel de control nutricional, pruebas médicas, control de medicación, etc. Todos estos cambios producen de forma automática una respuesta de estrés, no necesariamente negativa, pero si fundamental para acomodar estos cambios.
Lo primero, es fundamental entender en que consiste esa respuesta de estrés, ya que a menudo la interpretamos como dañina o peligrosa y esto genera emociones como ansiedad y estados de preocupación. En una mujer embarazada la preocupación se multiplica ya que todos hemos escuchado las típicas frases de «no te estreses que es malo para el bebé», «tienes que estar tranquila o afectará al bebé», etc. Luego hablaré de la culpa, ahora me voy a centrar en esa respuesta de estrés.
El estrés es una reacción fisiológica que produce el cuerpo cuando el equilibrio físico se ve desajustado y el cuerpo necesita más recursos para hacer frente a esas demandas aumentadas. Entendiendo esto, el estrés forma parte de nuestro funcionamiento saludable y fundamental en el día a día. Por ejemplo, cuando te despiertas por la mañana el proceso encargado de darte la energía que necesitas es la respuesta de estrés, cuando tienes que correr para coger el bus que se te escapa el responsable de que llegues a cogerlo es la respuesta de estrés…etc. Por eso, siempre que tengas un aumento en las demandas fisiológicas, tu cuerpo reaccionará con estrés. Por lo tanto, podríamos decir que el propio embarazo, siendo un fenómeno fisiológico que produce una gran demanda energética en la mujer, requiere en sí mismo de una respuesta de estrés importante. Básicamente sin estrés no hay embarazo.
Otra cosa es la ansiedad. La ansiedad, el miedo, sí que son emociones que también generan estrés, porque el cuerpo está necesitando de más recursos, pero estas sí pueden ser gestionadas y podríamos decir que sí son «innecesarias» en el proceso del embarazo, por lo que es importante gestionarlas de forma adecuada para tu propia salud mental y física, no solo la del bebé. Digo que son «innecesarias» entre comillas, porque todas las emociones tienen un sentido, y tienen un mensaje valioso para nosotras, por lo que para que estás emociones no se hagan cada vez más grandes es importante que te pares a escucharlas e intentar hacerlas frente poniendo soluciones a las cosas que te dan miedo. Una reacción habitual al miedo, a la ansiedad es la frase de «esto no debería importarme» o «son tonterías», pero si están desencadenando estás emociones en ti, para ti, no son una tontería, y por eso es necesario que las prestes atención. De lo contrario pasará justo lo que estás intentando evitar, tendrás más ansiedad, más miedo, cada vez de forma más intensa, y encima te sentirás muy frustrada y culpable porque «deberías estar tranquila por el bebé». Si te está costando averiguar el mensaje de estas emociones, aun prestándolas tu atención, o te está costando gestionarlas para reducir su intensidad o frecuencia, no lo dudes, busca apoyo, busca acompañamiento, en familiares, amigos, profesionales de la asociación de diabetes, psicólogos…lo que sea que funcione para ti, pero no te conformes con ese sufrimiento, porque no tienes por qué sufrir de esa manera innecesaria. Ya bastante tienes con todo lo demás.
La culpa es la emoción por goleada que acompaña a la maternidad, a veces incluso antes de quedarnos embarazadas. En todo el proceso, antes, durante y después, está siempre presente, y es una emoción a la que, habitualmente, no estábamos tan acostumbradas de tener de acompañante permanente de nuestras vidas. La culpa es una de las principales generadoras de ansiedad, sobre todo si está generando una lucha interna contigo misma en la que te críticas, te haces de menos, te exigen de forma desmedida… ¡Cuidado! La autocompasión es la respuesta a la culpa, y por suerte hay muchas cosas que podemos hacer en este respecto. Aquí te dejo algunas sugerencias:
1. Escucha a la culpa y valora si es realista o exagerada desde la exigencia. Si ves que es algo que sí puedas cambiar, genera un plan estableciendo objetivos pequeños que sean fáciles de alcanzar en el corto plazo, y que te lleven a tu meta.
2. Al final del día, o durante el día, apunta todas las cosas que sí has conseguido hacer bien, como querías y cuando te asalten sentimientos de culpa recuérdate lo que has conseguido.
3. Reconócete limitada en recursos, y quiérete en esa limitación, escoge algún mantra que te recuerde la aceptación de ti misma como por ejemplo «No llego a todo pero todo lo que hago lo hago desde el amor», «Haré lo que pueda, y me cuidaré en el proceso», «Están cambiando muchas cosas, paso a paso», «Este es mi ritmo, y está bien»…el que sirva para ti.
4. Prácticar la meditación de autocompasión es una gran herramienta.
Todo lo descrito anteriormente se generaliza le a todas las mujeres. En el caso de mujeres con diabetes estas emociones suelen multiplicarse debido a que la presión aumenta en todos los sentidos. Mayor control médico, más pruebas, más importancia de que la diabetes esté controlada, más importancia de gestionar bien el estrés y las emociones para no desequilibrar a la diabetes..etc. Por eso es tan importante que sepas que no estás sola, que hay muchos recursos para apoyarte en este proceso, que es de vida, de ilusión, de proyecto de futuro, de evolución, de cambio, y sin duda de muchos contrastes.
Sofía Rademaker
Psicóloga Sanitaria
Directora del Centro Psicológico SMC
(Publicado en la Revista Entre Todos. Si quieres recibir o descargar la revista, hazte socio)