Las personas nos regimos por un reloj interno que regula a nivel biológico Las horas que pasamos despiertos o en vigilia y las horas de sueño. Es lo que conocemos como ritmo circadiano. Este reloj biológico se encuentra en el hipotálamo y sus células no poseen la inmediatez de adaptarse al ritmo de una nueva zona horaria.
Cuando se produce un desequilibrio entre este reloj interno por un cambio de horario en poco tiempo, aparece el Jet Lag y esto sucede en los viajes en avión en los que atravesamos varios husos horarios en menos tiempo de lo que tarda nuestro cerebro en adaptarse. Siempre va a intentar mandar nuestro reloj biológico, produciendo una serie de síntomas que irán en aumento y con mayor intensidad cuantas más zonas horarias vayamos cruzando.
Los síntomas principales son fatiga, sueño durante el día, insomnio por la noche, dolor de cabeza, problemas intestinales, dificultad para concentrarse, irritabilidad, cambios de humor…
El Jet Lag no puede prevenirse pero se pueden reducir sus efectos con una serie de recomendaciones:
- Es importante estar descansado el día que se vaya a realizar el viaje, puesto que si nos encontramos cansados, pueden empeorar los síntomas
- Debemos estar hidratados
- Hay que evitar el alcohol y bebidas que contengan cafeína
- Cuando lleguemos al lugar de destino, hay que procurar estar durante el día al aire libre y ver la luz del sol para reprogramar nuestro reloj biológico.
- Intentar dormir en el lugar de destino cuando sea de noche
- Evitar las siestas
Los síntomas irán desapareciendo según vayamos acostumbrándonos a nuestra nueva zona horaria, es decir, el tiempo de adaptación que necesite nuestro cerebro, aunque parece ser que la recuperación es más rápida cuando se viaja hacia el oeste.
Cambios horarios y control de la diabetes
Es imprescindible conocer los niveles de glucosa en el viaje y hasta que regulemos nuestra pauta habitual y por supuesto tener a mano hidratos de absorción rápida por si tenemos alguna hipoglucemia.
Si tienes programado un viaje en avión este verano, nuestra primera recomendación es que ajustes la pauta de insulina con tu médico. Si la duración de tu viaje es corta de dos o tres días, deja el reloj con la hora del país de origen. En los viajes que duran más de 4 horas habrá que ajustar las dosis habituales de insulina dependiendo si son hacia el este o hacia el oeste.
Si viajamos hacia el este el día va a tener menos horas, lo contrario que hacia el oeste que el día será más largo.
Con una dosis diaria de insulina basal en los viajes hacia el este será necesario reducirla según aconseje tu médico. Si te administras dos veces insulina basal al día, por lo general deberás reducir la cantidad antes de iniciar el viaje, volviendo a la pauta habitual en el lugar de destino.
En los días anteriores a realizar nuestro viaje, sería conveniente ir a dormir más temprano de lo que solemos acostumbrar.
En los viajes hacia el oeste y como nuestro día será más largo de 24 horas es bastante probable que tengamos que compensar las hiperglucemias con varias dosis de insulina de acción rápida, sobre todo antes de las comidas, hasta que pongamos nuestro reloj en hora del lugar de destino y retomemos nuestras dosis habituales.
En los días anteriores si nuestro destino es hacia el oeste sería recomendable acostarnos más tarde.
Debemos realizar una buena organización del viaje, conociendo los husos horarios que vayamos a atravesar y por supuesto planificando siempre con nuestro médico la necesidad de ajustar la medicación habitual.
Y tal y como solemos decir ¡que la diabetes no te pare! y mucho menos en tus merecidas vacaciones.